Mi documental "A Fanatic By Choice"

viernes, 31 de diciembre de 2010

The social network

Título: The social network
Dirección: David Fincher
Guión: Aaron Sorkin y Ben Mezrich (libro)
Género: Biografía, Drama, Historia
Duración: 120 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Jesse Eisenberg, Rooney Mara, Andrew Garfield, Justin Timberlake, etc.


Oportunismo virtuoso

El fenómeno Facebook se ha apoderado de las masas en cualquier rincón del universo, y toda esa vorágine le da un rédito a un señorito que la pensó bien y sacó provecho. Tal es el caso de Mark Zuckerberg, el creador de la red social más utilizada en estos días (y el billonario más joven del mundo). ¿Qué hizo, básicamente, este tal Zuckerberg? Tal parece que "robó" una idea (no se sabe a ciencia cierta) de unos colegas en Harvard, y con esto fue tomando distintas cosas de las redes sociales ya en uso (My Space, Fotolog, Youtube, etc), para llevarlas todas a un sólo lugar así los cómodos usuarios no tendrían que hacer el único ejercicio corporal que les quedaba frente a la pc: mover el mouse con el brazo y la mano.

Por otra parte tenemos a David Fincher, un inteligente director que supo deleitarnos con opus como Se7en (1995), Fight Club (1999), Zodiac (2007) y el reciente The curious case of Benjamin Button (2008). ¿Qué hizo, básicamente, este tal Fincher? Tomó la idea de un libro que resumía la interesante historia de cómo se gestó la ya mencionada red social, algo que -sin faltarle el respeto al director- lo pudo haber hecho cualquiera.

¿Qué hay en común entre Fincher y Zuckerberg? Que ambos sacaron provecho de una idea que la pudo tener cualquiera. ¿Qué tienen en común Fincher y Zuckerberg? Que sólo a ellos les podía salir tan bien.
En resumen, ¿Qué hay en común entre Fincher y Zuckerberg? The social network (2010), una película gélida, rigurosa y virtuosa por donde se la mire, que ilustra radiográficamente no sólo la historia de cómo se formó el Facebook, sino cómo éste llegó como objeto definitivo de la necesidad de comunicación de una sociedad hambrienta de cruzar fronteras, límites y retroalimentar una globalización despiadadamente productiva.

Todo eso logrado con matices infinitos, que van desde una dirección magistral, una banda sonora excelente, fotografía bellísima y, principalmente, un reparto que lleva la trama más allá del cine y hace que la pantalla sea una ventana que, mediante la fuerza de un guión cargado de elocuencia, la teletransporte al mundo del documental. Porque The social network, de haber sido un documental, hubiera sido un bodrio con mayúsculas. Pero no, Fincher le dio su toque de director que sabe lo que quiere y logró una película hecha y derecha.

The social network es un film hecho con rigor. El sentido categórico de la expresión de sus actores nos remonta al más sofisticado de los dramaturgos del teatro realista de principios del Siglo XX. Y en esto Jesse Eisenberg (sí, el muchacho que competía con Michael Cera por quién le pone más cara de nada a un personaje) se lleva todos los laureles. La frialdad con la que éste interpreta a Mark Zuckerberg es tal que divaga sola por el sendero más sencillo a la emotividad. Eisenberg hace del billonario más joven del mundo un hombre común, así como Fincher hace de la historia de Facebook una dulce anécdota universitaria, casi como una travesura que se fue de las manos y pasa de comedia juvenil a thriller judicial. Pasaje turbio del que el director de The Game (1997) y Panic Room (2002) sabe cómo caer bien parado.

A la calidad del reparto agrégenle la frescura y credibilidad en los papeles secundarios de Andrew Garfield y Justin Timberlake, éste último interpretando al avispado creador de Napster. Ambos, junto con el resto de los actores -la mayoría muy correctos en sus interpretaciones- cierran un círculo casi perfecto que recrea la historia tal y como pareciera que fue (aunque el propio Zuckerberg haya salido a poner en tela de juicio esto último).

Si bien todo esto no hace más que ensalzar la película, cabe advertir que no a todos les podrá llegar una historia con tantas contrariedades y jaques a principios, así como tampoco el ritmo tan austero del que goza. The social network es un film violento con el espectador: remata la premisa en la retina y el cerebro con la misma facilidad con que el Facebook se metió en el imaginario social de esta generación. Difícil escapar de las garras de un mecanismo comunicacional tan tramposa y efectivamente pensado, así como también es difícil no quedar agradecido con Fincher por esta pieza de oportunismo virtuoso llevado al celuloide.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Críticas de "Lula...", "Paco...", "Rompecabezas" y "Saw 7"

Esta semana traemos, a modo de regreso, cuatro títulos interesantes que, salvando el último, son todos de los pagos sudamericanos. Desde la candidata de Brasil al Oscar, pasando por una pinturita franco-argentina que gustó en Berlinale, un bodrio maquillado sobre la droga que "extermina" a la clase baja (pero contado para el gusto de la masa, olvídense de un documental bien preparado y con respeto al tema), y finalmente, el final (valga la redundancia) de una saga que ya le estaba empezando a pisar los talones a la franquicia de Jason, sólo que con el doble de hemoglobina.
Haciendo clic en las imágenes de los pósters de cada película pueden acceder a los artículos con las correspondientes reseñas. Buen fin de semana para todos.




Saw 7

Título: Saw 3D
Dirección: Kevin Greutert
Guión: Patrick Melton y Marcus Dunstan
Género: Crimen, Horror, Misterio
Duración: 90 minutos
Orígen: Canadá, Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Tobin Bell, Costas Mandylor, Betsy Russell, Cary Elwes, etc.


El círculo se cerró


Finalmente llega a su fin una historia que venía cansando a más de uno, pero que los que nos hicimos adeptos logramos quedar cautivados con una trama que se abrió en ramificaciones y secuelas que no hacían más que seguir manchando de hemoglobina una pantalla que ahora encima se prestó al formato 3D.

Saw 7, o Saw 3D, se sigue inscribiendo en el género de thriller o policial ya alejado de aquel 'horror' que fue ver esa genialidad de la primera parte. Y de ésta se vale mucho esta última secuela, pero no vamos a contar nada.

Lo cierto es que muchos se quejaron de la vuelta de tuerca final, que era muy predecible, pero la verdad que resulta curioso como la mayoría de los que dicen eso son los sinvida que se la pasan ideando finales para sus ídolos en pseudo-foros. Una vez dicho esto, queda aceptar que si bien se podía imaginar que las cosas sucederían así, resultó gratificante que ese "círculo" al que hacían referencia en Saw 6 se haya cerrado tan perfectamente, sin dejar ningún cabo suelto.

Ahora, no vamos a tocar la cuestión ética que muchos huecos aluden, ya que sabemos de lo que estamos hablando y sabemos a qué estamos entrando cuando compramos la entrada para un film de horror y sangre agranel como lo es la saga de Jigsaw y sus trampitas macabras. Por cierto, este último se ha vuelto un personaje clásico, que nada tiene que envidiarle a Hannibal, Freddy, Jason, Scream, etc.

En cuanto a la cuestión ética que mencionamos, cabe remarcar que el final de la historia es una bofetada a ese estilo de mostrar los "juegos": el juego final, el definitivo, resulta el más macabro, doloroso y tortuoso de todos en la saga entera... y no corre ni correrá una sola gota de sangre por ello. Un cierre a la altura, que significa la decisión estética y moral de una franquicia que se metió en la retina de todos desde aquel doctor que se cortó la pierna para ser libre. Saw siempre se prestará a esa confusa e incómoda reflexión sobre los valores que defiende el villano moralista: apreciar la vida, aún si eso implica la muerte.

El final de la saga de Saw resulta satisfactorio, si cabe esa expresión entre tanto sufrimiento de los personajes (siempre, tenganlo en cuenta aquellos adictos al realismo como si este fuera el único cine legitimado, dentro de la FICCIÓN). Los guionistas lograron cubrir las expectativas, y ahora dejan en el recuerdo (y las cuentas bancarias) un legado de cine tipo clase B que logró atraer aficionados y dar esos buenos momentos que el terror como género supo dar en sus buenas épocas.


Rompecabezas

Título: Rompecabezas
Dirección: Natalia Smirnoff
Guión: Natalia Smirnoff
Género: Drama
Duración: 87 minutos
Orígen: Argentina, Francia
Año: 2010
Reparto: María Onetto, Arturo Goetz, Gabriel Goity


Armando la vida

Una costumbre tan atractiva como lo es armar rompecabezas no dejó a nadie indiferente alguna vez en la vida. Tal es el caso de María del Carmen (genial, María Onetto), quien desarrolla un extraño hobbie con este juego y logra hacer un dúo con Roberto (también muy bien, Arturo Goetz), lo cual -contra todos los pronósticos- cambiará su vida, más allá de su marido (otro que lo hace bien, Gabriel Goity), sus hijos y su rol como ama de casa.

Vale la pena reconstruir una especie de storyline para esta peli porque no todos lograron dar con ella, y realmente hay que ver este mapa de costumbres porteñas, tan de barrio, que se entrecruzan con los poco habituales rincones de una ciudad que se descubre así misma sólo porque, como dijo Le Corbusier en su venida, "le dan la espalda" a su espejo mayor, el Río de la Plata.

Rompecabezas, ópera prima de Natalia Smirnoff que fue recibida cálidamente en Berlinale, es un relato costumbrista, con paisajes de ciudad intimistas y una construcción de los personajes que hacen a uno recordar que todavía existe el cine de las cuatro paredes, ese cine concebido de la experiencia del teatro que Woody Allen reivindica con su fría pero genial reciente filmografía.

La cámara en mano de Smirnoff con los planos cortos, y esa fotografía tan cuidada, hacen que uno se sienta parte de una historia que se abre camino paulatinamente mientras marca un ritmo parsimonioso y bello, que se contrasta con la familia tan ruidosa que se presenta en la gloriosa introducción con la fiesta de cumpleaños. Así también lo vive la protagonista, que un día se encuentra armando su vida (todo un símbolo obvio pero acertado por parte de la realizadora) y dándose cuenta que el amor está hecho en piezas y la enseñanza familiar se costruye también desde afuera y no sólo con lo que se mama en el hogar.

Los mails, los celulares, estos medios se intentan colar en una historia casi figurativa y anacrónica, que de no ser por estos indicios estaría estancada en circunstancias de tiempo y espacio bastante ambiguas, y por ende confusas. Pero no, Smirnoff introduce estos detalles también en situaciones de crisis matrimonial, haciendo referencia a la globalización y las costumbres con unos contrastes admirablemente concebidos.

El ritmo puede que sea aletargado, lo cual alejará a algunos, pero no por eso hay que ignorar una cinta que se vale por una mirada muy "de acá". Ahora, otra cuestión es lo llamativo que resulta el tratamiento tan femenino del film. Rompecabezas es eso, un film femenino. De hecho, el 70% del equipo de trabajo está conformado por mujeres, lo cual reafirma esto que apuntamos.

Si bien tendrá sus ratos de decaimiento en la trama, y puede que una vez más nuestro cine muestre señales de que no se dejará de aferrar nunca al costumbrismo, Rompecabezas es una película que no hay que dejar de ver por su tratamiento estético, su mirada y su reflexión final, cuando la vida se muestra como un círculo que siempre busca cerrarse, nos guste o no.


Paco, la punta del iceberg

Título: Paco, la punta del iceberg
Dirección: Diego Rafecas
Guión: Diego Rafecas
Género: Drama
Duración: 128 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2010
Reparto: Tomás Fonzi, Norma Aleandro, Esther Goris, Romina Ricci, Luis Luque, Sofia Gala, etc.


Exterminio de un mensaje

Esta película la ví en el marco del "24 hs de cine" de la Biblioteca Popular de Posadas. Debo decir que quedé impresionado por el impacto que logró en la gente una película tan manipuladora y tan maniqueísta como ésta.

Cuenta la historia de un grupo de rehabilitación de drog... de paco. Para los lectores de otros países, el paco es la droga con la que se mata en Argentina a la clase baja, producto de un sistema que banca el narcotráfico y que vende incluso lo que se rasca de las ollas de las cocinas de cocaína. Así es este país. OK, hasta acá todo bien (o no), pero algunos alegan que esta peli no es de las que se puedan criticar porque tiene un intento de concientización como el que hay en su mensaje (si me permiten, tan soso). Pero lo cierto es que muchos críticos especializados apuntan -con fundamentos- que como es una ficción (mal hecha encima) y no un documental (lo que hubiese sido ideal teniendo en cuenta que el director fue víctima de las drogas en su juventud y tenía miles de testimonios en los que apoyarse), hay una decisión estética, por lo tanto, dispuesta a devoluciones.

Pasando a la trama en sí de Paco..., cabe aclarar que hay una cosa que no se le puede retrucar, y es la banda sonora, compuesta por Babasónicos, Pity Alvarez y otras bandas del rock argentino que se prestaron a musicalizar este intento de melodrama social.
Ahora, lo que se cuenta, para atrás. Primero que nada, la selección de actores tan pop (sin contar, por supuesto, a LA actriz que es Norma Aleando) fue uno de los errores principales que se cometieron para encarar semejante compuesto de historias cruzadas que realmente poco tienen que ver con lo que se suele leer en los diarios y demás medios de "comunicación" argentinos (lo cual también tiene su grado de baja credibilidad, pero así de vendados vivimos en este hermoso país) acerca del tema.

Los realizadores la pensaron bien cuando decidieron contarlo de una manera tan hollywoodense, con explosiones, avasallamiento de flashbacks -insoportables-, y un ritmo melodramático realmente admirable. Pero las cosas no se hacen así: eso es engañar al público. Y con esto remarcamos en la totalmente inverosímil historia del hijo de la senadora, con narcotráfico intercontinental incluído (¿llevamos el paco a África? ¿símbolo de igualdad de condiciones socio-económicas? ¿intento banal de burlar al sistema de seguridad y prevención del narcotráfico?), o la conversación telefónica entre dos senadores contando que se puede combatir el narcotráfico pero "bajando a uno estás haciendo que aparezcan otros" y una sucesión de estúpidas reflexiones pensadas para estúpidos (más bien, subestimando al espectador, lo cual es más insultante) que serían como sacar la mano por la pantalla y pegar con moco la idea en la frente del que se sentó en la sala a ver el film.

Es larga, muy larga, lo cual es otro ítem en contra. Y el desenlace, generando problemas internos para hacer una implosión en un guión que no necesitaba un detonador para implosionar por sí sólo la grasa que le corre por las venas, otro más.

Paco, la punta del iceberg (2009), logró conmover al público con el que compartí la proyección (¡tuvieron que hacer un receso para que muchos se repongan! ¡habían mujeres que no paraban de llorar! ¿¿??), pero si lo hace es porque es manipulador, maniqueísta, copioso del mainstream, maleducado y maleducador. Un golpe bajo, sin dar más vueltas, con un reparto que patina de lo lindo por culpa de un guión hecho para menores de 8 años y una dirección que rebosa intenciones industriales e intentos de atraco a la taquilla (que según tengo entendido, no lo logró hasta la llegada al dvd).

Si quieren verlo, que sea a conciencia, y como ejemplo de manipulación. No habría que permitir que el público ATP al que el sistema cinematográfico acostumbró a bombardear con basura y lata norteamericana consuma también el producto de aquellos que por estos pagos sólo hacen "cine" con esos fines. A ese público hay que proteger con realizaciones con un mensaje, y no con dobles intenciones. Totalmente reprobable, aunque enganche como lo hace.


jueves, 16 de diciembre de 2010

Lula, o filho do Brasil

Título: Lula, o filho do Brasil
Dirección: Fábio Barreto y Marcelo Santiago
Guión: Fernando Bonassi, Denise Paraná y Daniel Tendler
Género: Drama
Duración: 130 minutos
Orígen: Brasil
Año: 2010
Reparto: Rui Ricardo Diaz, Glória Pires, Juliana Baroni, Cléo Pires, Marcos Cesana, etc.


El hijo pródigo

Lo más sensato que servidor ha visto en mucho tiempo en materia de biopics. No hay ni propaganda, ni oficialismo, ni idealismos. Es más, hasta hay ambigüedad, y eso está bien. Al comenzar la cinta tenemos el desfile de algunas marcas que la patrocinan; éste es el ejemplo de esa ambigüedad que hablamos, ya que la mayoría de esas marcas apoyó el golpe de estado brasileño contra el que luchó el protagonista en la vida real. En todo el metraje no hay exhaltaciones dice qué patrióticas, así como tampoco hay momentos hollywoodenses en los que los que dirigen propuestas de este tipo de géneros suelen caer reventándose las narices contra el suelo.

Allí está Lula, el ex-presidente de Brasil. Ese Brasil que lo ve con un 80% de imágen positiva. Ese Brasil que lo reeligió. Según Fábio Barreto y Marcelo Santiago, Lula es el hijo de Brasil. Un hombre que sorteó dificultades -como todos- pero que siempre se mantuvo fiel a sus pensamientos (comunistas, o no comunistas, industriales, o no industriales).
No obstante, la figura protagonista de la historia no es Lula en sí, sino su madre, interpretada cálidamente por Glória Pires. Ahí se justifica tamaño título para el film: la vida del ex mandatario brasilero no tendría el efecto que tuvo, sin la convicción de servir a la patria como siempre lo hizo con su madre, imagen de resitencia, fortaleza, trabajo y honra. Pires se roba la pantalla por encima del novato Rui Ricardo Diaz.

La película pasa bien, a pesar de su duración de 130 minutos (lo cual suena algo excesivo). El guión alude a algunos lugares comunes, pero eso no quita que la historia esté bien contada. Pasa sin mayores logros que el del lucimiento de los actores, y la escena del discurso en el estadio, por lejos la mejor.

Lula: o filho do Brasil es un biopic de esos que se encuentran en la televisión un sábado a la tarde, y te enganchan hasta el final. No sólo porque la historia del hombre que esperó tres candidaturas para llegar al sillón presidencial sea cautivante, sino porque los directores la hacen amena. Recomendable, pero sin pretensiones.

Seguimos con más...

Después de un período en que lamentablemente debí estar inactivo, regreso con nuevos bríos. No crean que no ví películas; al contrario, ví bastantes (aunque me quedan pendientes algunas de las que están en boca de todos, pero ya llegará su momento). Por ahora, queda decir "Aquí estamos otra vez", o como dirían los presentadores de televisión después de la pausa comercial: "Seguimos con maasss deee.... El blog de Pablo Martínez!!". En fin, hay mucho sobre qué escribir y comentar, empezando por dos cintas de terror que colmaron la bendita taquilla, y dos thrillers que más vale que los vean porque sino se perdieron de mucho. Entre otras cosas...

Se viene, también, la temporada de premios. Ya se saben los nominados de los Globos de Oro, y más o menos la crítica estadounidense está monopoliz... perdón, está dando a entender quién es de su agrado y quién no.

Bueno, aquí comenzamos entonces, el camino a... lo que sea que venga de ahora en más. Espero cumplir con sus expectativas, y, si no las tienen, generarlas.

Saludos cordiales.

PM

sábado, 30 de octubre de 2010

Going the distance

Título: Going the distance
Dirección: Nanette Burstein
Guión: Geoff LaTulippe
Género: Comedia, Romance
Duración: 102 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Drew Barrymore, Justin Long, Charlie Day, Jason Sudeikis, Christina Applegate, Ron Livingston, etc.


Ápices del amor contemporáneo

Más allá de lo trillado que puede resultar el concepto inicial del que parte Going the distance (2010), tenemos una fresca comedia romántica protagonizada de manera sobria por dos de los más versátiles actores de la comedia norteamericana: Drew Barrymore y Justin Long. Ellos llevan adelante sin ningún problema un guión con muchos vaivenes y algo de rebuscada voltereta para alargar el metraje, pero que termina destacándose por una rutilante acidez cuando se disfraza de crítica a las costumbres de las parejas posmodernas.

El típico contraste entre dos ciudades totalmente opuestas -amado por el norteamericano pochoclero, sobre todo si su pareja consume Britney Spears o Lady Gaga- es el marco ideal que encontraron los realizadores para contar una historia de amor a distancia que se involucra más con la confianza y el valor de las amistades que con ese guiño que hace hacia la vida de roles y sueños que se explotó mejor en otros títulos recientes (el ejemplo más cercano, Up in the air, la última obra maestra de Jason Reitman). Cuando juega a la moralina fácil, no le sale. Pero cuando coquetea con los distintos matices que van conformando la cotidianeidad estadounidense en una sociedad que no le da cabida a los treintañeros que vienen trastabillando con los trabajos o los logros personales, se llena de una riqueza que no todos sabrán ver, obnubilados por los gags en las líneas del guión.

Por lo visto, el humor de las producciones de Apatow influenció bastante a Nanette Burstein y su equipo, ya que se puede notar cierta gama de latiguillos o salidas rápidas a ciertos lugares comúnes gracias a ese estilo tan característico de bombardear la pantalla con palabras ácidas y muchas veces grotescas. Cuando la comedia cobra protagonismo, Going the distance se luce; cuando el romance y la duda existencial la ahogan, decae. Y en ese (des)equilibrio incesante se balancea constantemente la película hasta llegar a un final bastante agarrado de los pelos pero que sabe como cerrar el círculo por el chiste leitmotiv por excelencia de la cinta.

Esta es una película que no da para ir a ver al cine, o quizás sí, pero en una tarde de lluvia, si hay dinero para el taxi y una buena compañía gastronómica durante la proyección. Imposible verla si no es acompañado por alguien de otro sexo. Realmente, la recomiendo para alquilar, y sin muchas pretensiones.

viernes, 22 de octubre de 2010

The last exorcism

Título: The last exorcism
Dirección: Daniel Stamm
Guión: Huck Botko y Andrew Gurland
Género: Horror, Thriller
Duración: 87 minutos
Orígen: Estados Unidos, Francia
Año: 2010
Reparto: Patrick Fabian, Ashley Bell, Iris Bahr, Louis Herthum, etc.


Si crees en demonios, crees en exorcistas...

La manera más justa de describir a esta cinta es como "acotada". Sí, se trata de un subgénero explotado, con recursos explotados (sobre todo en la última década), y construcciones narrativas explotadas y ya harto usadas que limitan bastante a la propuesta en sí. No obstante, el clima que genera The last exorcism (2010) puede llegar a ser su mejor escudo defensor ante los amantes del bombardeo de sobresaltos propios del terror que saldrán a desdeñarla por sus carencias y errores técnicos sin recalar en esa creíble parsimonia que posee en el desarrollo de la trama.

La forma de presentar el relato es contundente y sorpresiva. Los realizadores no fueron a la fácil asegurando la asimilación de la historia en los primeros minutos, sino que prefirieron una introducción pausada y bien llevada, que al llegar al foco de la cuestión hace a uno pensar "ah, así que para esto estamos acá", indiferentemente de lo que se pueda leer en alguna sinopsis o reseña del film. Esto es un ítem a favor, ya que, insisto, lo que mejor puede hacer referencia a The last exorcism es el concepto de lo acotado, siendo que en tan sólo 87 minutos de metraje se anima a meterse en surcos (no hago referencia a lo bucólico del guión) que en otros proyectos bien podrían haber sido un pretexto para extender la trama, y en este caso se utilizan para dar sentido y explicar los porqués de lo que sucede.

Ahora, nos metemos de lleno en el recurso: el famoso falso documental, recientemente explotado por Paranormal Activity (2007), vilmente plagiado por Paranormal Entity (2009) -una de las peores películas en la historia del cine de terror-, inaugurado por Cannibal Holocaust (1979) y popularizado por la épica The Blair Witch Project (1999), entre otros más originales como Cloverfield (2008) que no vienen al caso. Si bien The last exorcism hace uso de este modo de narrar como su mayor carta de presentación (vale más el motivo por el cual se decide filmar que lo que se filme), la película esquiva el recurso propiamente dicho para dar lugar a una vuelta de tuerca interesante en el guión que justifica casi a la perfección el porqué de esa forma de presentar la historia. Es como si en la pre-producción se hayan hecho todos los recaudos pertinentes para que la trama no tenga huecos ni fallas, aunque sí tiene algunas falencias técnicas que pasaremos a mencionar.

Eli Roth está en la producción, y ahí es donde podemos notar cierta tendencia hacia el gore al que la película hace referencia en la excelente secuencia en que la protagonista se roba la cámara (literalmente, y figurativamente le corresponde el momento en que se arquea con el cuerpo hasta quedar casi en 90 grados: un distintivo que le corresponderá por siempre) y mata al gato con la misma. Sin embargo, hay otros errores bastante notables que son hasta infantiles, por ende, imperdonables, como tener cortes en las conversaciones manteniendo la fluidez de lo que se diga, o que hayan dos tomas diferentes de la misma acción (supuestamente hay sólo un camarógrafo "documentando" el proceso de exorcismo).

Aún así, The last exorcism vendría a cumplir, acotadamente, lo que promete en un principio, e incluso ofrece más. Es que no estamos ante una más de exorcismos; no, para eso está la insuperable The exorcist (1973). Estamos ante una mirada crítica a las creencias religiosas, una interesante reconstrucción del imaginario social que se da en las zonas rurales de Norteamérica, un intento de falsearlo, una premisa reciclable que nada tiene que ver con la temática que se vende, y un desenlace digno de la admiración de aquellos que son amantes del estilo y el subgénero. Justo cuando pensábamos que debíamos creer en demonios para creernos los cuentos casi mitológicos de la parte 'oscura' de la Biblia, nos enteramos que también tenemos que creer en exorcistas. Para eso está esta peli, para analizar si creer en lo que hay que creer. Y, mientras tanto, te da algún que otro sustito...

sábado, 16 de octubre de 2010

Predators

Título: Predators
Dirección: Nimród Antal
Guión: Alex Litvak, Michael Finch, Jim Thomas y John Thomas
Género: Acción, Aventura, Ciencia Ficción, Thriller
Duración: 107 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Adrien Brody, Topher Grace, Alice Braga, Walton Goggins, Oleg Taktarov, Danny Trejo, Louis Ozawa Changchien y Laurence Fishburne


Las berretadas del género

Caída libre, a toda velocidad. Introducción oportuna. Es Adrien Brody en la antesala a la que será una de sus peores actuaciones haciendo una versión libre -y escuálida- de Arnold Schwarzenegger, cayendo en picada, lidiando con un paracaídas, aunque con buenos efectos visuales y banda sonora como sustento, hasta llegar al clímax con el brusco descenso a una zona selvática. Da un golpe seco contra el césped, corte a negro: "Predators".

Así inicia este film de corte conservador que intenta continuar con la incesante idea de querer hacer la saga infinita de los bichos que se pueden esfumar en el aire, desaparecer, pero al volver seguir denostando ser actores de segunda disfrazados con un mal traje. El autor material de este crimen contra la paciencia es el húngaro Nimród Antal, quien a menos de un año de dirigir Armored (2009) lanza esto, que salió luego de recibir la propuesta de su buen camarada Robert Rodriguez -productor de esta obra- para dos cosas: una, tener aunque sea un mínimo papel en su esperada nueva cinta Machete, que en el protagónico cuenta con Danny Trejo (y que a su vez aquí también tiene un papel), y dos, dirigir la peli que nos incumbe en este artículo.

Predators, hablando mal y pronto, es aburrida. Los primeros diez minutos sirven como una aclimatación aceptable para lo que después debiera ser, cuando menos, una sangrienta cacería interplanetaria como tanto nos lo promete el póster. Pero no, la cosa continúa, y pasando el minuto 40 encontramos a nuestros desventurados y desorientados personajes en la misma situación en la que se encontraban al momento de "caer" a ese extraño sitio. Por cierto, todos son asesinos peligrosísimos que fueron llevados a un planeta que los Depredadores utilizan para divertirse cazándolos. Esta premisa nunca se explota en la hora y cuarenta de metraje tan soso y lineal.

Ni hablemos de la construcción de los personajes, súper obvia, estereotipada y burda, siendo -¡ooobviamenteee!- los dos estadounidenses los más rudos que más se la bancan al lado de los extranjeritos que se acaban de dar cuenta que fuera de su país el peligro es verdadero y la rudeza sólo se conoce, o bien siendo amigo de Stallone, o habiendo estado en la Armada del Tío Sam. Si a la idea absurda del peligro amalgamado en un grupo pluriétnico en territorio "extraterrestre" le sumamos el papel de Topher Grace como el médico desarmado que viene con sorpresita, cantamos cartón lleno. Vamos gente, la peli tendrá su intento de homenaje a las viejas usanzas del cine de este género, pero todo esto ya se vio, es prescindible.

La saga de los Depredadores antes se caracterizaba por asustar un poco y entretener, mientras intentaba definirse como un proyecto que se autolimita por sus propias convenciones y está a tiro con los avances tecnológicos. No obstante, en esta ocasión más que homenaje se podría decir que Predators es un pastiche o revoltijo de ideas sacadas de otros films que más o menos conducen a esta. Tenemos situación geográfica a la Avatar (2009), mezclada con una pizca de la sensación de abuso generalizado o intento de terror psicológico de Saw II (2005) o Saw V (2008), más un poco de gore de mal gusto a lo Wrong Turn (cualquiera de las tres) muy propio de las preferencias del señor Rodriguez, y así podemos seguir. Ah, y por supuesto, algo de los depredadores, sino no estaríamos hablando de esta película.

Lo que sí gusta, y mucho -no como la absurda e innecesaria aparición de Laurence "Morfeo" Fishburne o la terriblemente patética escena de la lucha del samurai en el descampado- es la secuencia final, con la frase que cierra la cinta. Lo mismo que allí se expresa se aplica al estilo, a la mala costumbre que adoptaron los realizadores de esta industria que se ha vuelto el "terror". Sólo cambien la palabra "planeta" por "género tan berreta". Los que la vieron sabrán a qué me refiero, y los que no la vieron aún, sigan así que no se pierden de nada, sino al contrario, se están ahorrando una buena hora-cuarenta de vida para usar haciendo otra cosa o viendo algo mejor.


lunes, 11 de octubre de 2010

El hombre de al lado

Título: El hombre de al lado
Dirección: Mariano Cohn y Gastón Duprat
Guión: Andrés Duprat
Género: Drama
Duración: 110 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2010
Reparto: Rafael Spregelburd, Daniel Aráoz, Eugenia Alonso, Inés Budassi, Lorenza Acuña, etc.

Los miedos de la burguesía

Esta película no debiera dejar indiferente a nadie. Desde lo artístico de la propuesta hasta el plano dramático de la cuestión, todo es político en El hombre de al lado, este ¿thriller? careta que intenta poner en contraste las dos caras del poder en la Argentina dentro de un microcosmos anodino como lo es la relación vecinal entre dos platenses de diferentes clases sociales.

El hueco que hace Victor para tener "unos rayitos de sol" pone histérico al prestigioso diseñador de arte, Leonardo, que vive en la única casa que Le Corbusier construyó en América y que es considerada una obra maestra de la arquitectura. Este conflicto desencadena una interesante trama que a simple vista se puede exponer como hasta irrisoria, porque no se puede evitar reír en la diferencia palpable que hacen Mariano Cohn y Gastón Duprat en el sólo hecho de la forma de hablar de los dos polos opuestos, pero que en una mirada mucho más minuciosa se traduce en una ácida mirada a los temores de la clase social más privilegiada de este país.

Leonardo llora en el semáforo, o se consuela encerrándose en su Citroën último modelo mientras lo pone en lavado automático. Leonardo intenta "limpiarse", porque su vecino invasor le abrió los ojos, esos ojos que ni con los ventanales que construyó Le Corbusier pueden ver la vereda de enfrente. Por su parte, Victor sólo quiere un rayito de sol que Leonardo no usa, y encima vende autos usados y hace una bizarra práctica de esculturas con armas de fuego mientras por las noches invita a muchachas a beber, eructar y tener sexo con él. Estos dos contrastes se dan en un excelente y justo metraje calculado milimétricamente gracias a un gran trabajo de guión hecho por Andrés Duprat, avalado también por un bellísimo trabajo fotográfico que se llevó un premio en la edición de Sundance de este año.

El aspecto técnico no sólo queda a merced de los ojos, sino del entendimiento. En El hombre de al lado, la historia transcurre en las edificaciones psicológicas representadas en las deconstrucciones arquitectónicas que protagonizan los dos personajes principales. Los estilos de vida se marcan con pincel, y lo que queda demás se pega con moco. Así de artística es esta película, que posee los mejores plano-secuencia del año, sobre todo en uno de los finales más intimidatorios y espeluznantes de la cartelera argentina que se recuerde, sin necesidad de entrar en el género al que le corresponden esos atributos. Con el shock ideológico se asusta más que con el mero sopetón, y eso es palpable en este film.

Esta película habla con lo que se ve, y escucha sólo los golpes de las construcciones. El hombre de al lado se edifica en nuestras narices, y ni así nos evita la mirada aguda y crítica al sistema aislado de ciertos sectores del país. La inocencia del gorila de clase media, y la rigidez y paquetería del businessman de clase alta. Todo resumido en una mini-obra teatral que muestra que el arte no es sectorial ni partidario, sino político, muy político.

viernes, 8 de octubre de 2010

El Rati Horror Show

Título: El Rati Horror Show
Director: Enrique Piñeyro y Pablo Tesoriere
Guión: Enrique Piñeyro
Género: Documental
Duración: 90 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2010
Reparto: Enrique Piñeyro, Germán Cantore, Agustín Negrussi, Andrés Bagg.


Construir el mundo con el cine

Enrique Piñeyro quizás sea, hoy por hoy, y a título exagerado, el mejor documentalista del mundo en cuanto a repercusión social. Con Wisky Romeo Zulu (2004) logró cambiar la ley de aeronáutica argentina tras el accidente del Vuelo LAPA 3142, y con Fuerza Aérea Sociedad Anónima (2006) también logró repercutir en el imaginario social con casi el mismo éxito que su predecesora y maestra ópera prima. Ahora, con El Rati Horror Show (2010) apunta a lo mismo, desmantelando una cuestión particular para terminar apuntando directamente al corazón de la "justicia" en la Argentina.

El documental cuenta mediante mecanismos basados en el último grito de la tecnología la historia de Fernando Ariel Carrera, condenado a treinta años de cárcel por la denominada "Masacre de Pompeya", un confuso accidente de tránsito que acabó con la vida de tres ciudadanos luego de una sangrienta persecución policial.
Se dice el último grito de la tecnología de manera irónica, aunque cabe remarcar la habilidad del director y actor para manipular de forma excelente las técnicas del stop motion -entre otras- en las recreaciones miniaturizadas (muy cómicas también, por cierto), o la animación en las dramatizaciones en esa tabla azul hacia donde se dirige junto a su compañero Germán Cantore en las secuencias que ayudan a ir recreando los hechos después de los asaltos de iluminación gracias a la brillante investigación periodística de Pablo Galfré.

Paulatinamente, Piñeyro construye y deconstruye el caso judicial que terminó acabando con la libertad de una persona inocente, víctima de los chanchullos de policías corruptos, que ante un error grave cometido tras perderle el rastro a ladrones en una persecución por el barrio de Pompeya decidieron "fabricar" al culpable mediante manipulación de las evidencias. Piñeyro (que hace de Sherlock Holmes y nos deja ser su J.H. Watson) pone en ridículo a la policía, o mejor dicho, deja a la vista lo ridículo del grupo policial que encabezó la operación, puntualmente de la controvertida Comisaría 34, que evidencian su ignorancia y falta de transparencia en las mismas declaraciones documentadas de las que se vale el realizador para poner en tela de juicio y debate la cuestión.

La información es tratada con sumo cuidado y sentido crítico y analítico, a tal punto que se llega a probar el sonido de los impactos de la bala sobre la carne en una secuencia particularmente espectacular detallada en X-Mo, con el director calzando el arma de fuego, para dejar de lado la naturalización de una balacera contra un ser humano (inocente o no). Y precisamente armas son las que utiliza Piñeyro (no sólo la mencionada) para valerse de su actividad tan creíble y contrastable, haciendo uso útil no sólo de la tecnología (mucha publicidad a Apple nomás, pero qué se le va a hacer) sino hasta de los paupérrimos noticieros argentinos, demostrando también el rol que juegan estos a la hora de construir la realidad y el ya mencionado imaginario social en el que tanto se inmiscuye Piñeyro con fines críticos y si se quiere hasta revolucionarios (el trabajo tiene un aire de grandeza a lo Operación Masacre, de Rodolfo Walsh).
"Si leo en el diario Clarín que Fernando Carrera es un asesino, entonces creo que Fernando Carrera es un asesino, no me importa lo que él tenga para decir," explica el propio Fernando Carrera -la víctima del hecho, el "perejil"- durante la entrevista dentro de la cárcel con el director del film. Esta frase bien puede resumir lo expuesto en el párrafo anterior.

Y volviendo a lo dicho al principio, la repercusión que logra Piñeyro con El Rati Horror Show (el término "rati" -"tira" al revés- en el lunfardo contemporáneo se le atribuye a "la cana", la policía ) llega al punto en el que el realizador logra concretar una entrevista con un procurador de la causa, con el fin de exponer su visión de los hechos desde el punto de vista de su investigación. Si todos lograramos eso con un film, una simple película (obviamente, nótese el grado de significación que le doy a ese "simple"), podríamos dar por seguro que iríamos a un mundo mejor. Documental, 'mockumental', lo que sea, pero se alude a la justicia nuevamente, y esta vez -si bien la causa sigue abierta y Carrera sigue preso- también se logra llegar a una instancia de reelaboración de los conceptos que inciden en la realidad. Si eso no es triunfar, no se me ocurre qué otra cosa puede ser...

Ese cine que propone y utiliza Piñeyro en El Rati Horror Show es, más que un arte, una herramienta de construcción social.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Get him to The Greek

Título: Get him to The Greek
Director: Nicholas Stoller
Guión: Nicholas Stoller y Jason Segel
Género: Comedia
Duración: 109 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Jonah Hill, Russell Brand, Rose Byrne, Sean 'P. Diddy' Combs, etc.


Terapia, irreverencia y redención

Lo mejor que tiene esta película, protagonizada por quien para este servidor puede que sea el futuro de la comedia americana, es esa indisciplinada forma de contar las cosas, sin importar los estereotipos, lo banal de la propuesta, y sobre todo, olvidándose de ese modismo estructurado, adoptado por las nuevas actividades del género (ni siquiera llamémoslas películas), y mal llamada "corrección política". De esto último no hay absolutamente nada en Get him to The Greek (nefastamente traducido en otros países de habla hispana, que creen que puede aludir a su propia cultura cuando el concepto es puramente hollywoodense... ni Inglaterra puede sentir propia esta cinta).

El cómo se la tome puede que sea un ítem clave para ingerir este cóctel típico de Apatow y Asociados: sexo, drogas, irreverencia, estilo rockanrolla, y avasallamiento incesante de gags verbales muy groseros (y grotescos) que también se venden en formato visual.

Jonah Hill es el amo y señor de esta película. Si el gordito simpaticón (que ya no es más "gordito") logró el súmum de su carrera en la prematura obra maestra Superbad (2007), en este film expresa la madurez que ha alcanzado, aún cuando muchos dicen que copia las formas de su participación en la versión raíz de esta peli que hoy tratamos, Forgetting Sarah Marshall (2008), del mismo director.
A ver, de dónde puede sacar un buen comediante -cuya única arma a veces es su aspecto, y en otros casos más pulidos (que escasean en estos tiempos) sus modismos y estilos- algo de originalidad cuando el concepto o formato de la producción en la que participa se presenta casi como alusión paratextual explícita de un título anterior o ajeno. No jodamo', ¡Hill es un groso! Sus facetas como actor cómico y dramático están plasmadas en la justa duración de este film. Un prodigio que, o tiene un representante medio ciego, o prefiere quedarse en la trivialidad de los hijos de la Hollywood estéril de esta última década.

El guión de Get him to The Greek bien puede ser vapuleado por los pretensiosos como vacío, inconexo, y falto de encanto, pero la química entre sus dos protagonistas (Russell Brand, muy difícil de querer, y el ya mencionado Hill) es la base primaria para su aceptación. No importa cómo acabará todo. De hecho, eso es lo que nos da a entender el pésimo tercio final de metraje. Lo que importa es qué pasa en ese viaje licérgico del medio, que remite a films más valientes y geniales como por ejemplo Fear and Loathing in Las Vegas (1998) de Terry Gilliam.

Se destacan: las técnicas de montaje que utiliza Stoller para plasmar las vericuetas situaciones festivas por las que atraviesan los personajes; la inclusión en el reparto de Sean 'P. Diddy' Combs y Lars Ulrich, especialmente; las letras de los soundtracks interpretados por ese excéntrico Aldous Snow; y particularmente el homenaje a The shining (1980) de Stanley Kubrick durante una escapatoria de un hotel, no tanto por la frase en sí misma dicha por Brand ("¡estos pasillos están construidos a lo Kubrick!"), que explicita la idea de que el genio de las imágenes era un auténtico arquitecto, sino por ese ínfimo, casi inexistente travelling con la steady cam, muy propio de aquellas gloriosas secuencias con el triciclo.

Get him to The Greek podrá ser absurda, banal, escueta, y escandalosa, pero de que te reís, te reís... sino, cualquier cosa, toquen el felpudo de la pared, toquen el felpudo...


sábado, 25 de septiembre de 2010

Valhalla Rising

Título: Valhalla Rising
Director: Nicolas Winding Refn
Guión: Roy Jacobsen y Nicolas Winding Refn
Género: Acción, Aventura
Duración: 93 minutos
Orígen: Dinamarca, Reino Unido
Año: 2009
Reparto: Mads Mikkelsen, Maarten Stevenson, Gary Lewis, Jamie Sives, Ewan Stewart, Alexander Morton, Callum Mitchell, Douglas Russell, etc.


Los silencios de la conquista

No confundan, amigos, a este film con uno de esos épicos de guerra muy hechos a la vieja usanza, como suele verse en la cartelera hollywoodense. Si bien es de dudosa procedencia idiomática (habrá que comprobar ese inglés con el que se comunican los vikingos), esta película de Nicolas Winding Refn es un azote a la tranquilidad del espectador, un claro artístico en donde reposa una parsimoniosa brutalidad, iluminada por el buen gusto a la hora de elegir la banda sonora y el hasta ahora mejor trabajo fotográfico que se ha visto en el año.

Valhalla Rising (2009) es la historia del apodado One-Eye (muy bien en su papel Mads Mikkelsen), un guerrero con fuerza sobrehumana que escapa de la esclavitud rumbo a no-se-sabe-bien-dónde, pero que en su camino se cruzará con varias situaciones que irán a redefinir lo que es. Hasta aquí, el típico esquema de la conquista del ser en un film histórico, pero no. Esta trama, ambientada en el Siglo X, está llena de matices que nada tienen que ver con este tipo de historias que ejemplificamos desde el principio. Valhalla Rising es un grito silencioso, representado pulcramente en su protagonista violento y pacífico a la vez. One-Eye es la encarnación de esa humanidad que, perturbada por los vientos de cambio que soplaron en la época post-Cristo, debió verse envuelta en ríos de sangre en esa búsqueda de la "verdad".

Y, si bien hoy en día diez siglos se ven como muchísimo tiempo, el proceso de las Cruzadas se vio reflejado por los historiadores de una manera pasajera, como si de un trámite se tratara. Eso lo transmite perfectamente el director de la trilogía Pusher. Mientras en el film sucede lo que se ve en pantalla, sabemos -por esas cosas mágicas que sólo el buen cine nos sabe dar- que en otra parte al mismo tiempo hay guerras desatándose de una manera atroz, con la finalidad de tener el poder legítimo de la divinidad. Sin embargo, nuestra mente se mantiene inerte con esa lejanía a la que están condenados los personajes.
"Somos guerreros directos de Dios," dice el líder del clan de los vikingos paganos que encuentran One-Eye y el niño que lo acompaña en su periplo. La fatalidad es el trámite, y los "guerreros" los empleados de Dios, es lo que nos intenta decir Winding Refn con su silencio tan perturbador (soporífero, dirán otros intolerantes) en el transcurso de los seis episodios que dividen esta intrigante e hipnótica historia.

La calidad técnica de la propuesta está más allá de cualquier cosa que se haya intentado últimamente en el género. Sin exagerarlo a lo Peter Jackson, y sin caer en lo burdo de realizaciones recientes de HBO, Winding Refn logra concebir una cinta que bien podría resumir las ambiciones de muchos años por parte de aquellos que han querido encarar proyectos de estas características. Cómo es posible que en tan sólo una hora y veinte minutos la película sea capaz de pasear por paisajes (literales y figurativos) filosóficos, humanísticos y naturalistas, sin apartar la violencia como concepto base y el "adónde vamos" como leit motiv, ese es su mayor mérito.

Valhalla Rising es un film al que un Zack Snyder jamás podrá siquiera aspirar, y del cual un Stanley Kubrick estaría orgulloso. La arquitectura de la imagen, acompañada de los sonidos-ambiente lo son todo, mientras desfilan varios personajes que intentan perjudicar o apoyar la empresa del héroe dentro de un ambiente de caos absoluto, desorden existencial, contrastado por la imperiosa e inmutable Naturaleza (simbolismo más que obvio pero efectivo de Dios) mostrando su poder casi soberbio por sobre la pequeñez de esos hombres que buscan la conquista, en el lugar equivocado. De más está decir que se recomienda esta experiencia.


martes, 21 de septiembre de 2010

The killer inside me

Título: The killer inside me
Director: Michael Winterbottom
Guión: John Curran y Jim Thompson (novela)
Género: Crimen, Drama, Thriller
Duración: 109 minutos
Orígen: Estados Unidos, Suecia, Reino Unido, Canadá
Año: 2010
Reparto: Casey Affleck, Kate Hudson, Jessica Alba, Ned Beatty, Elias Koteas, Tom Bower, Simon Baker y Bill Pullman.


Cuando la sinceridad brutal pone al cine en el límite

Atención, estimado lector: esta no es una recomendación propiamente dicha, sino más bien una sugerencia.

¿Será necesaria tanta brutalidad visual, tanto sexo, tanta violencia, para ilustrar nuevamente a Lou Ford? Queda a consideración del espectador, pero lo cierto es que Michael Winterbottom logró transformar aquella adaptación de Burt Kennedy sobre la vieja novela de Jim Thompson en un film noir de lo más gráfico que se haya visto en años. Están advertidos: esta cinta no es para cualquiera.

Empiezo con estas dos aclaraciones justamente para que después no se diga que ando recomendando cosas zarpadas por ahí. Porque ése es el mejor término -vulgar- para The killer inside me (2010): está "zarpada" en violencia. Ojo, eso no la hace una mala película, no confundan. Winterbottom sabe darle un toque propio y mucho más crudo al conocido ¿western? de los '70, justificando esa violencia puesta en discusión aquí dentro de determinados momentos o ambientes, sin llegar a caer del todo en el vacío simbólico.

El film goza de una ambientación asombrosa. Todo ocurre a mediados de la década del '50, en un pequeño pueblo texano, donde el Sheriff Lou Ford (Casey Affleck) es un hombre tranquilo y bien visto en el pueblo que en realidad oculta un pasado lleno de traumas que lo convirtieron en un psicópata. Esto último es un elemento agregado por los guionistas de esta película, lo cual hace más original a la propuesta. Y, si bien el guión por momentos deja bastante que desear por lo esquemático que es, el clima de tensión propio de un buen thriller se logra gustosamente, más allá de ese pésimo final que tiene.

Ahora, ¿por qué puede despertar tanta polémica este film? Porque la forma en la que está hecho (un despliegue de vestuario, utilería y maquillaje impresionantes para este tipo de producciones) lo hace demasiado creíble, siendo esto un recurso para desarrollar ciertas escenas que muchos agradecerían no haber visto jamás. Por esto entiéndase la secuencia absolutamente brutal y repulsiva que resulta la golpiza que le da el protagonista a una mujer (no diremos quién) hasta matarla, siendo esta escena la que posee el mayor grado de violencia y realismo visto en muchos años, quizás desde el plano secuencia de la violación en Irréversible (2002). No obstante, así como eso puede ser un elemento en contra para muchos, también puede serlo a favor para otros, ya que no faltarán los fans de filmografías de realizadores como Quentin Tarantino, los Cohen, Robert Rodriguez o Rob Zombie -por citar algunos con cierta tendencia a la violencia gráfica sin ningún mensaje- que estarán encantados con el realismo sádico con el que se plantea The killer inside me, que además adpota el aura de trama interesante recién después del momento más shockeante. ¿Exagero? Primer motivo para que vean la película y saquen sus propias conclusiones.

Pasando a un análisis un poco más pretensioso, nos encontramos con una cinta que intenta hacernos jugar a los detectives, aún cuando desde el título y el póster (y la misma antigüedad de la historia) nos hacen saber de entrada quien es "el asesino". Mediante esta premisa, la película -que este año fue nominada al Oso de Oro en Berlinale- resulta absoluta y ridículamente errática, ya que, basados en las famosas reglas del género detectivesco que pasaremos a mencionar a continuación, toda la trama está desenfocada y mal planteada, provocando como resultado un film fallido. Veamos:

Regla N° 1 de Tzvetan Todorov (basado en las reglas de S.S. Van Dine): Máximo, un detective (en la peli hay muchos, y muy torpes, por cierto), un culpable, y por lo menos una víctima.
Regla N° 2: El culpable debe matar por razones personales... vean la película y consideren este ítem. ¿Psicología berreta? ¿Psiquiatria para novatos? ¿Tándem fallido? Ustedes dirán, pero desde aquí atino a anticipar que en muchas situaciones se carece de motivos o, por lo menos, excusas. "Nadie se lo merece" dice el protagonista en un momento... ¿Entonces?
Regla N° 3: El amor queda excluido... no sé si llamarlo amor, pero hay muchísimo sexo y drama de polleras, así que, Winterbottom, fallaste otra vez.
Regla N° 4: El culpable debe ser uno de los principales. Sería absurdo develar/mencionar esta cuestión.
Regla N° 5: Los sucesos deben revelarse de manera racional, nada de fantasía. Otro fallo de la historia (novela y película).
Regla N° 6: No hay lugar para descripciones o análisis psicológicos. Quizás el peor error de los autores.
Regla N° 7: El autor es al lector, lo que el culpable al detective. Si analizo este ítem aquí, caería en un pantano de subjetividad indeseable, así que dejémoslo pasar.
Regla N° 8: Se deben evitar las soluciones triviales. ¡Bang! Otro error más (he aquí el patético final ya mencionado).

Poniendo contra la pared a The killer inside me no sólo se nos da la posibilidad de elegir si fusilarla por su esquematismo y maniqueísmo tan obvios o celebrar su excéntrica carta de presentación estética (¡qué buenos créditos de apertura!), sino que también nos permite reflexionar sobre los límites del cine actual para intentar decirnos algo a lo Benetton disfrazándose de ampulosa sinceridad. En estos casos, la violencia por violencia misma no resulta muy efectiva, más allá de fines meramente estéticos, caracterizándose a sí misma por este factor más que por lo que intenta contar o significar. Por eso, me quedo en el punto intermedio entre la recomendación y la no recomendación, para abrir paso a la sugerencia. Coman poco antes de verla, y armense de paciencia, porque se sentarán frente a una película que tiene un qué absolutamente anodino pero un cómo súper interesante. Está en ustedes...


viernes, 17 de septiembre de 2010

The Expendables


Título: The Expendables
Director: Sylvester Stallone
Guión: Dave Callaham y Sylvester Stallone
Género: Acción, Aventura, Thriller
Duración: 103 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Sylvester Stallone, Jason Statham, Jet Li, Dolph Lundgren, Randy Couture, Steve Austin, Terry Crews, Mickey Rourke, Bruce Willis, Arnold Schwarzenegger, David Zayas y Giselle Itié.


¡Old School, Baby!

Sylvester Stallone vuelve a ponerse detrás de cámara después de sus dos estocadas finales a las sagas Rocky y Rambo, esta vez para hacer una gran fiesta de tiros, piñas, patadas, cuchillazos y mucha nostalgia.

The expendables (2010) se presenta divertida, entretenida y bien sencilla, aún cuando el guión es más simple que sencillo, obviamente. Pero tratándose de una propuesta en la que lo único importante es ver explosiones y la forma en que los buenos no tan buenos vencen a los malos malísimos, se permite. Es que la propuesta no era para menos. Stallone invitó a todos sus camaradas de la acción que prendió fuego el celuloide de los '70 hasta la actualidad para componer una película muy buena, sin importar ciertos matices.

Y esos matices (empecemos por lo malo así después sólo le lanzamos laureles a la peli) son nada más que algunas decisiones reprochables por parte de los realizadores en cuanto a la construcción del eje narrativo (who cares!?), como por ejemplo esa Isla-Nación mitad brasuca mitad boricua cuyos habitantes son interpretados por actores que ¡tan luego no acostumbran hablar español!. Tal es el caso de David Zayas, un puertoriqueño que de la cuna se fue al Bronx neoyorkino, y de la preciosa Giselle Itié, brasilera de origen mexicano; todos hablando un español casi ininteligible. El resto ya pasa por el nivel de aceptación y la cuota de credibilidad que el espectador le permita a la cinta, aunque vale aclarar que casi no hay secuencia que desprenda un "¡Pss, imposible! o un "¡¡Naa, pará un poco Stallone!!, lo cual es digno de remarcar y, por qué no, agradecer en estos casos.

Ahora sí, yendo a lo concreto: qué buena peli. Toda la acción bien al estilo ochentoso, ese equilibrio entre el cine de acción guerrero y el de los karatecas locos, las líneas de diálogo bien a la Rambo pero también cómicas. Un compendio del cine bueno de acción, de la mano de un reparto que además de gozar de una química increíble hace todo súper verosímil. ¡Súper, súper! Bueno, no tan súper, pero bastante súper... Y con esto nos referimos a las peleas y las escenas de combate armamentístico, que si bien son demasiado "boom" no dejan de tener una cuota alucinante de poderío visual y sonoro (tal vez la mejor edición de sonido del año, sin exagerar).

El dúo Statham-Stallone quizás se vuelva antológico, quizás no, pero sí funciona a toda marcha con esas conversaciones hilarantes que nos hacen creer que son amigos de toda la vida y que, principalmente, nos hacen olvidar que el pelado de The Transporter nació dos años después de que Stallone empezara su carrera actoral. Son dos generaciones uniéndose para el deleite de la afición de piromaníacos que disfrutó también con todas las películas protagonizadas por los que aquí el director se da el lujo de poner como mero relleno, aunque también con cada uno teniendo su minuto de gloria. Y por esto entiéndase a Terry Crews y la mejor arma que se recuerde en el cine de los últimos años; Randy Couture y sus planteos psicológicos (y el encargo especial en una de las peleítas, pero no vamos a hacer spoiler); Steve Austin haciendo del típico grandote invencible; Jet Li y su talento de siempre más un plus en su forma de ser que permite la sorpresa; y un Mickey Rourke que vuelve a demostrar que probablemente está en el mejor momento de su carrera y que definitivamente es el fénix de Hollywood.

Los hombres, ellos son los principales. Aquí no se cae en la típica de hoy en día, con tanta carne femenina en exposición con el único fin de mixarlo en el cóctel explosivo. Stallone y compañía (como también sería una buena forma de llamar al film) aprendieron de sus errores y no tropiezan con la misma piedra que todos los peso-pesado de la cartelera actual, sino al contrario: no hay estereotipos, o por lo menos no muy exagerados, y eso le da credibilidad a la trama.
The expandables expone más bien la figura del hombre de la mitología griega, ése que despliega su poder con la sensibilidad, a fuerza de sentimiento, sensatez y temor. Helo aquí al personaje de Rourke llorando por un recuerdo que lo movió de su pensamiento de siempre -como si fuera un llamado de atención al cine industrial actual-; el personaje de Jet Li soñando con tener familia; el de Couture planteando lo hablado con su psiquiatra con el resto del grupo; el de Statham conmovido por sus problemas de pareja; el de Dolph Lundgren -Gunnar (¿homenaje a Nick Gunar?)- en la dicotomía entre el "bien" y el "mal"; o el propio Stallone, cuyo personaje se ve movilizado por la actitud patriótica y honesta de Sandra (Giselle Itié) a la hora de decidir si ayudarla o no.

The expandables, cobrando energía con la cuota de calidad del cine de acción de la vieja escuela y algunos retoques producto de la experiencia de los que integran el proyecto, es un crítica al Hollywood actual, una burla a sí misma y un combo de adrenalina y testosterona que, además de entretener con creces, se plantea como franquicia (qué bien te salió, Stallone) y una mirada reflexiva a lo que se viene en el género. Ah, y lo mejor, por lejos, la escena del trío de los grandes: Stallone + Willis + Schwarzenegger; muy entretenida, como la película.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Greenberg

Título: Greenberg
Director: Noah Baumbach
Guión: Noah Baumbach y Jennifer Jason Leigh
Género: Drama, Comedia
Duración: 107 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Ben Stiller, Greta Gerwig, Rhys Ifans, Jennifer Jason Leigh, Juno Temple, etc


Sus trastornos, ustedes, extraños

Hace unas semanas hablábamos de la capacidad de Ben Stiller para brillar incluso en cintas desdeñables, y de cómo no se lo aprecia por su talento incalculable y su capacidad de mutar para componer personajes realistas y verosímiles. Ahora se da un nuevo paradigma con Greenberg (2010), donde su participación puede discutirse en cuanto al foco de la cuestión a tratar ("protagonismo" no entra dentro del diccionario de este film dirigido por Noah Baumbach) pero siempre guarda un hálito de sensatez respecto al mensaje y la capacidad de llegar al público. Digámoslo de una vez por todas: Ben Stiller lo hizo otra vez.

No es sorpresa para los lectores asiduos a este blog la devoción que tengo por los trabajos de Stiller. Muchos critican su sencillez en el ámbito narrativo, o su humor físico que no logra simpatizar con todos, pero lo cierto es que en cada incursión suya en alguna cinta -ya sea dirigida por él o no- siempre hay algo para rescatar. Pero no vamos a hacer un análisis del talento de Stiller, porque sería injusto con la película. Es que precisamente lo que más se destaca de Greenberg -nominada al Oso de Oro en Berlín- es su capacidad de apoyarse en dos monstruosas actuaciones, como lo son la de Greta Gerwig y el ya citado actor, sin caer en un microcosmos de historia centralizada, en el que todo quede reducido a un ambiente cerrado lleno de alicientes poco conmovedores respecto a la idea del autor.

La premisa del film parte de la historia de un neoyorkino que se muda temporalmente a Los Angeles luego de una recaída psicológica a causa de muchos pesares arrastrados en la vida. Allí se encuentra con su antítesis, tanto en ideología como en edad, en una ciudad que no sólo no tiene nada que ver con él aún cuando lo vio crecer, sino que le mostrará que su sueño de atemporalidad es imposible. ¿Es Greenberg cosa juzgada? Puede que sí, pero nada más bello y sincero que retratar la rehabilitación de un atormentado estadounidense sin buscarle nudos jocosos o empalagosos. Hay que reconocerlo, cuando quiere, Hollywood sabe rescatarse. Y es ahí cuando cabe aplaudir la labor de Baumbach, que nutre de virtuosismo sus planos estáticos para permanecer alerta hasta algún brote de Stiller que, sostenido en un histrionismo dramático hasta ahora no muy pulido, deslumbra con creces y deleita por un tratado de su personaje que poco tiene que ver con lo visto a lo largo de su filmografía.

Sí, Stiller se transforma físicamente, pero se parece más al Stiller de lo cotidiano que al de Zoolander, Greg Focker, Tim Dingman o Tugg Speedman. Su honestidad rebosa en cada fotograma, y su característica principal bien puede ser de él como de cualquiera de sus personajes. La introversión, los brotes psicóticos, la mirada perdida, la sonrisa ausente, el pelo despeinado, todo lo compone a Roger Greenberg en el cuerpo de Stiller.

Párrafo aparte merece Greta Gerwig, en un despliegue de talento asombroso, conectándose a la perfección con Stiller, a pesar de la clara diferencia de edad. La película, por momentos, se rinde a sus pies, como lo insinúa Baumbach en el paneo inicial, mientras retrata a L.A. y luego ella se encarga del resto. Los viajes en auto, sus estúpidas anécdotas, su entrega a la experimentación sexual melancólica y la frescura de ese cunilingus tan ridículo y desencajado, son matices que valen la pena apreciar en los momentos en que esta gran actriz hace aparición. Las incursiones de Rhys Ifans y Juno Temple también son muy interesantes, además de la de Jennifer Jason Leigh, que esta vez también se encarga del guión.
Como pueden notar, ésta es una película actuada por gente entendida del ambiente cinematográfico -exceptuando a Temple-, que experimentó detrás de las cámaras por lo menos una vez. Esto se nota en el producto final, y lo vuelve pulcro.

Del apartado técnico queda agregar poco. Como decíamos, Baumbach hace un gran trabajo con la cámara, ayudado también por la fotografía de Harris Savides. La música, en esa lucha de imposición generacional, cumple un rol aparte, pero siempre dando mecha para la apreciación. Mientras Greenberg quiere esnifar coca con Duran Duran de fondo, la nueva generación reclama a gritos hacerlo con Korn; excelente.

Quizás lo que más valga la pena de esta película sea su cuota de sinceridad, ese plus de realismo imposible de no querer sobre todo cuando despliega un desenlace tan conmovedor y atroz al mismo tiempo (nótese como se banaliza el aborto, en un intento -quizás sí, quizás no- de retratar las raras idiosincracias que adoptó el angelino posmoderno). Greenberg es Stiller, y a la vez no. Greenberg es Gerwig deslumbrante, y a la vez no. Es un tire y afloje de generaciones que intentan hacerse notar, ¿o perderse en el olvido? Ni comedia ni drama. La duda existencial en tiempos de sexo, drogas y rock n' roll... que ya se terminaron. Y en el medio queda el trago amargo y el suspiro seco del corte a negro.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Kynodontas

Título: Kynodontas
Director: Giorgos Lanthimos
Guión: Efthymis Filippou y Giorgos Lanthimos
Género: Drama, Comedia
Duración: 94 minutos
Orígen: Grecia
Año: 2009
Reparto: Christos Stergioglou, Michele Valley, Aggeliki Papoulia, Mary Tsoni, Hristos Passalis y Anna Kalaitzidou


Otra semiosis, o Qué comportamiento debería tener el perro (ser humano)

Se podría decir, desde una mirada muy personal, que el siempre prestigioso Festival de Cannes últimamente no viene dando demasiado en proyección de films. A diferencia de años anteriores, en los que la selección de los jurados era mucho más respetable que la de estos días, hoy tenemos que saber aceptar que el festival de la palma cayó en la misma que la del resto del mundo: 70% de cartelera norteamericana y el resto veremos; obviamente, de esta última porción sale lo mejor, y entre esto, en el 2009 apareció esta pieza llamada Kynodontas, un film indefinible, hipnótico y seco que intenta postular una teoría social acerca de las aristas que definen las inmediaciones de la locura, el exilio, la ignorancia, y principalmente, el instinto animal en el hombre.

El cóctel imaginario del realizador Giorgos Lanthimos no puede dejar indiferente a un espectador que se precie de reclamar contenido y calidad en producciones cinematográficas contemporáneas. Por supuesto, estarán los conservadores que saldrán a destrozarla por su obviedad en el estilo narrativo y sus formas de relato tan convencionales, aunque nadie podrá replicar nada en contra de las imágenes que se exponen en este más ensayo que producto.

Kynodontas (2009) expone de una manera muy ambivalente pero certera la dicotomía que surge cuando uno trata de replantearse la conducta humana sin caer en la mirada acusadora o, por naturaleza, estructurada del "loco-cuerdo". Dentro de una actitud o un actuar más bien canino (como lo alude el título traducido), una familia de clase media-alta vive confinada dentro de un country que opera como una burbuja aisladora, en la cual los tres hijos (una adolescente y los otros ya bastante maduritos) viven sin tener noción de lo que hay afuera más que mediante indicios fabuladores que su ¿tirano? ¿protector? padre les expone como verdades. El único hijo varón habla con la muralla que divide el "adentro" del "afuera" dirigiéndose a su "hermano", un ser imaginario que los padres acordaron como real para que sus "niños" se traguen el verso de que al caérseles el colmillo -derecho o izquierdo, no importa- pueden atravesar el límite del hogar -sólo con un auto- y salir a enfrentar los peligros del mundo (aunque este ser más bien está afuera por romper ciertas reglas); la más chica juega a la médica y demuestra una grave inclinación hacia la conducta drogadicta, lésbica y peligrosamente sádica, todo dentro de la eterna inocencia a la que se ve expuesta por la represión implícita de los padres; y la más grande explora las posibilidades de conocer el "afuera" limitada por los conocimientos que mamó en el seno familiar, mientras es la que mejor representa el sentimiento claustrofóbico e instintivo, aunque no puede evitar caer en las redes de las líneas del guión de Rocky (1976).

Con una obtusa crítica a la cultura norteamericana y una alusión a las convenciones sociales de la Grecia actual, el film de Lanthimos divaga entre la comedia dramática y la excelencia técnica, destacando los muy originales planos y encuadres que compone el director de Kinetta (2005) para dibujar esa realidad en la que están sumidos ¿o condenados? los tres protagonistas. De estos últimos, sólo cabe decir que estamos ante tres prodigiosas interpretaciones, destacando el inerte histrionismo (así de loco) de Aggeliki Papoulia, que se come la pantalla en cada escena en que aparece (aplaudiendo también el final de la película).

Ese divagar al que hacíamos referencia se desluce con la apática forma de pasear entre lo irónico, lo melancólico y lo risible que tiene la cinta. Cuando uno empieza a sentir ternura por los personajes, tranquilamente se puede sentir incómodo por la posible sensación de estupidez que emana de la pantalla, mientras la ignorancia y el infantilismo comparten territorio con la atrofia mental y la casi alusión a las deficiencias cognocitivas. Pero esto último no estaría mal, es sólo la ponencia de un director que quiere que todo el mundo vea lo que él ve, o quizás ría o llore con la posibilidad existente entre el paradigma de lo que está bien o mal, correcto o incorrecto, fácil o difícil. Y esto lo evidencia Christos Stergioglou en la escena en la que le desea al personaje de Anna Kalaitzidou una familia cuyos hijos crezcan con los peores estímulos y llenos de maldad, siendo estos los temores en los que se resguarda el indescifrable papel del padre para actuar de la forma en la que actúa.
Perder un hijo no es lo importante, sino "parir" un perro adiestrado que sea más un amigo que una mascota, un guardián respetuoso, como lo dicen en la mejor conversación rodada en el año.

Párrafo aparte merece la invitación al análisis que da lugar Kynodontas, dentro del eje pornográfico e hiper realista al que desea invitar en secuencias incluso innecesarias: ¿somos nosotros los locos al animarnos a vivir los "peligros" de la vida, o lo son ese padre y esa madre que privan de esa experimentación (comunmente llamada "experiencia") a sus hijos? ¿la sociedad y sus actores pueden ser diferenciables o diferenciales, distinguibles, independientes entre sí? ¿el contexto puede no condicionar la institución familiar? ¿los muros verdaderos no nos lo ponemos nosotros mismos al cerrar los ojos y "palpar" la realidad aceptando las maneras del hoy?

Como verán, Kynodontas no hace más que plantear preguntas, y mantener el hilo conductor del relato mientras hace gala de una calidad técnica insoslayable. Y eso, en estos días en que incluso Cannes viene flojito, obviamente se agradece.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

The ghost writer

Título: The ghost writer
Director: Roman Polanski
Guión: Robert Harris (novela y adaptación) y Roman Polanski
Género: Drama, Misterio, Thriller
Duración: 128 minutos
Orígen: Francia, Alemania, Inglaterra
Año: 2010
Reparto: Ewan McGregor, Pierce Brosnan, Olivia Williams, Kim Cattrall, Tom Wilkinson, etc


La verdad os hará libres

Atención: se revelan datos de la trama, aunque no llegan a ser spoilers

Luego de cinco años de ausencia, el genio de Roman Polanski regresa al panorama cinematográfico (en buena hora) con un thriller político lleno de rigor y calidad. Con su característica forma de presentar el argumento, sus deliciosas composiciones visuales y un estilo narrativo que remite principalmente al clásico Rosemary's Baby (1968), The ghost writer, luego de un paso exitoso y muy bien recibido en el Festival de Berlín (que le mereció el Oso de Plata a la Mejor Dirección y la nominación al Oso de Oro), se apunta entre lo mejor de este onanista 2010 del cine.

Primero que nada, apuntar que las traducciones -en un por lo menos rescatable y vindicable intento de respeto al título original- son, para variar, desacertadas. En Latinoamérica arriba a las salas con el nombre de El escritor oculto, y en España sólo El escritor. ¿Qué pasa con estas traducciones? El título The ghost writer no sólo hace referencia al arduo trabajo que realiza el personaje encarnado excelentemente por Ewan McGregor (y pensar que hace unas semanas alabábamos su papel gay en I love you Phillip Morris, qué grande este tipo), sino que abre una variedad de caminos interesantísimos respecto a la psiquis del escritor protagonista, la trama y el sentido que le quiso dotar Polanski al contexto que rodea a la acción, siempre vista desde la perspectiva del personaje principal, como ya nos tiene acostumbrados en sus thrillers el autor de Le locataire (1976) y The pianist (2002), entre otros.

La traducción literal, entonces, sería El escritor fantasma. Muchos dirán que este es un dato menor, pero realmente se lamenta la forma en la que ciertos remates se diluyen por culpa de una mala traducción, tal y como pasa en las escenas en las que al anónimo personaje de McGregor le toca presentarse como "the ghost --el fantasma--" (por lo menos en Argentina en esos momentos el subtítulo reza "el escritor"... ¿ven que tiene otra esencia?). Pero principalmente el error que le achacaremos a la distribución subtitulada (no queremos ni imaginar lo que sucede en el caso de los cómodos y despreciables doblajes) es ése. ¿Por qué?
"The ghost writer" es como se le dice en los países angloparlantes al escritor profesional cuya labor es entrevistarse con una personalidad para reconstruir, en este caso, sus memorias, para luego elaborarlas desde el anonimato; el autor que firma la obra es el personaje de renombre, y no el verdadero. En otros países el término es "el escritor oculto", de ahí la -mala- traducción: se tradujo la labor, no la intencionalidad de los realizadores. En este caso el término o el adjetivo "fantasma" es un paralelismo, desde la perspectiva de este servidor, de la esclavitud a la que Polanski y Robert Harris -autor de la obra- someten al protagonista.

Un elemento característico que los que tengan la fortuna de toparse con este film podrán notar es el de la constante agresión a "El Fantasma" (como de aquí en adelante llamaremos al protagonista). Hay fácilmente seis o siete escenas en que el personaje principal se ve en una situación de incomodidad o de aversión por parte del contexto inmediato. Desde una simple ofensa verbal como el "basura" escupido por un residente del pueblo en el que debe acompañar a su cliente, el ex-Primer Ministro Adam Lang (muy buena la actuación de Brosnan), hasta las constantes e incesantes situaciones en las que El Fantasma se siente o se encuentra perseguido, ya sea de manera palpable como las propias mentiras u ocultamientos de la verdad. Nadie lo trata bien, ni siquiera la esposa de Adam Lang, Ruth Lang (también excelente en su papel Olivia Williams) en una escena puntual que además de curiosa resulta histérica pero efectivísima (remite otra vez a Rosemary's Baby, ya notarán por qué al verla). Nadie entiende ni pretende entender a El Fantasma, ni siquiera el ministro Richard Rycart (Robert Pugh), que sólo busca el interés de su propia misión política.

En definitiva, El Fantasma se ve expuesto -y lo cual se pierde desde la asimilación inicial que es el título mal traducido- a una esclavitud que se simboliza en lo fantasmal, lo deambulante, lo casi mágico, que es representado de manera muy irónica en la resolución del misterio.

La película está teñida de muchísima calidad técnica, con una fotografía espectacular (con un papel preponderante de la iluminación), dirección magestuosa (¡que viva el cine de profundidad de campo exagerada!) y montaje excelente (el glorioso comienzo de la película, más que entendible y aplaudible, con esa secuencia en montaje paralelo mostrándonos el punto de partida, como filtrándonos información), una banda sonora magnífica y un trabajo actoral muy destacable. El guión apela a recursos narrativos muy acertados, que van intercalando formas en el estilo del relato que además de darle fluidez van refrescando la historia y nos mantiene en vilo sin importar las más de dos horas del metraje.

Dicho todo esto, queda concluir que The ghost writer no sólo es un thriller bien llevado, sino que es un camino hacia la libertad por parte de un protagonista oprimido e ignorado, privado de la identidad, exigido a condiciones laborales hasta si se quiere peligrosas, y reducido a la aceptación de jerarquías impiadosas, mentirosas y violentas. Todo, con un único atajo definitivo que para muchos puede ser obvio o predecible, pero no es más que una genialidad del realizador para liberar a su esclavo.
"La verdad os hará libres," nos dice la data del borrador paseando por las calles inglesas luego de que el ocurrente (y bendito) fuera de foco nos induzca al final del recorrido del protagonista, y a un sinfín de posibilidades que quedarán en la retina y la memoria pensante del espectador.

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