Mi documental "A Fanatic By Choice"

miércoles, 30 de diciembre de 2009

A Christmas Carol

Navidad, Navidad, una más de Zemeckis y Disney...

Esta es una bella adaptación del cuento de Charles Dickens, que siempre tiene presente dicho factor. De hecho, el libro como apertura es un gran acierto, ya que los que no tienen idea de la procedencia del guión pueden incluso apuntar a Robert Zemeckis, adaptador y director de esta peli navideña tan empalagosamente impregnada de Disney, como un escritor simplón.

Es que la historia, por muy bien adaptada a la pantalla que esté, es tan simple, tan predecible, y tan poco atractiva, que probablemente ni los niños la gocen a causa de esas frases tan coloquiales salidas de la boca del todo terreno Jim Carrey, que nuevamente se lleva la película por delante con sus multifaceticas interpretaciones que tanta vida le dan al viejo estereotipo del señor Scrooge.

Quizás no haya forma de revertir la situación y haya que aceptar a este filme, de tan solo una hora y media de duración, como uno más de Navidad que se puede disfrutar en la tele en estas épocas. Sin pretensiones mayores que la tiren más abajo todavía.
Y es que el imperio 3D, tan en jaque por cuestiones socio-económicas obvias, no ayuda a mantener en pie a la trama, que roza el bodrio y distrae más por su propuesta visual tan excelente que por lo demás. Eso es lo peor que le puede suceder a Zemeckis, tan conocido por sus anteriores booms tridimensionales náufragos (The Polar Express, 2004; Beowulf, 2007), que mueren en la orilla cuando el espectador se saca los anteojos.

Rescato la escena en que Scrooge cae del cielo, o los paneos largos de la ciudad nevada, tan realistas y tan embelezadores. La línea argumental es básica a morir, pero cumple con el cometido moralista, aún cuando más allá de eso tengamos que esperar a que el viejo cascarrabias haga su catársis y respectiva transformación. Por suerte hay pocos villancicos, tan prescindibles como esta película.


Calificación (del 1 al 10): 4

martes, 22 de diciembre de 2009

Faubourg 36


Amando, protestando y, sobre todo, haciendo arte...

Honesto y bello filme francés, que con odas al cine clásico y guiños a la comedia musical despierta amor y arraigo para con las costumbres de un pueblo tan familiero como el que Christophe Barratier representa acertadamente en su Faubourg 36.

Una historia bastante llevadera, con algún que otro traspié argumental que no pasa a mayores, y bien narrada, acompañada por un reparto excelente en su actuación, destacando a la preciosa Nora Arnezeder, que se lleva la película por delante con su belleza y su pintoresca mirada rockera y elegante a la vez. Quedé deslumbrado con la hermosura de esta actriz, pero más aún con la manera en la que las escenas despiertan cuando ella entra en acción, ya sea personificando el bello canto de Douce o protagonizando la historia de amor lacrimógeno (y melodramático) con Clovis Cornillac haciendo de Milou.

El hecho de que sea un reparto coral le da una tónica más querible a un filme que para muchos podrá pecar de común o sentimentaloide, pero la verdad que si se tiene en cuenta su procedencia, es un hermoso homenaje al resurgir de los pueblos perisféricos de la romántica y ciega Paris que comenzaba a sentir el temblor nazi a mediados de los '30. La historia representa la dignidad de los artistas, y el poder de la protesta ante las autoridades capitalistas y/o burguesas que arrasan día a día con la cultura, en este caso de un país que se ama cada día más, a veces hasta en exceso (aunque esta película no es el caso más grosero, y esa es una peculiaridad que le juega a favor al director).

La fotografía es tan bella como las imágenes que muestra en cada secuencia. Y todo ese color que le ponen a la psicología de cada una de las escenas, que va variando en su estado anímico -pasando del amor a la lastimosa pena y el desarraigo con una rapidez sesgadora pero comprensible- son sin duda el plato fuerte de este largometraje original y artístico de 120 minutos de metrajes bien llevados y aceptables.

Sin dudas, es para verlo en familia, y preferentemente con una buena calidad de sonido, para poder apreciar cada matiz en la exquisita composición de Reinhardt Wagner. Podrá ser simplona, clásica y hasta melosa, pero que tiene arte, tiene arte. Y eso se agradece entre tanta sátira histórica y homenaje berreta disfrazado de originalidad.


Calificación (del 1 al 10): 8
Editado el 08/03/2010

GANADORA DE 1 PREMIO PALITOH:
- Mejor Canción de Película ("Loin de paname")

sábado, 19 de diciembre de 2009

The Hurt Locker

El infierno de los beligerantes.

La multi premiada, y reciente nominada a los Golden Globe, The Hurt Locker, es una cruda y bastante creíble historia sobre el día a día de un escuadrón del ejército estadounidense, situado en Irak, encargado de desmantelar las amenazas explosivas puestas por el enemigo.

Este rudo filme dirigido por Kathryne Bigelow, si bien está realizado con mano muy profesional y una capacidad de verosimilitud llevada al límite, es portador de un mensaje bastante fuerte respecto a la obsesión norteamericana por entrar en guerra. Abre el telón con una frase de Chris Hedges: "la guerra es la droga de los hombres".
El problema es cómo se utiliza ese mensaje. ¿La historia trata de poner en pantalla la pesadilla vivída por los soldados de la Armada americana, o intenta enviar un mensaje subyacente sobre lo que debiera sentir todo estadounidense que se haga llamar patriota? No sé, no me cerró.

La belicosis está llevada al extremo gracias a una imponente puesta en escena, una fotografía sensacional y un par de caracterizaciones avasalladoras por parte de Jeremy Renner (encarnando al Sgt William James) y Anthony Mckie (interpretando a Sanborn). También vale remarcar quizás la mejor escena de la película, con la aparición de Ralph Fiennes, quien junto a otro grupo de guerrilleros se bancan un tiroteo en el desierto que dura como 15 minutos, donde todo el realismo, el impacto y la crudeza son llevados al máximo por la señora Bigelow, tal vez hasta su momento cumbre, con el desenlace de dicha secuencia. En general el reparto está bien, aunque lamentablemente todos son un montón de personajes estereotipados -el blanco que se las sabe todas, el negro rudo pero que en el fondo siente admiración por el puesto que ocupa el blanco, el pendejo asustado que aún así tiene una puntería que da miedo, el coronel típico de oficina que por hacerse el macho termina como termina, e, infaltable, la historia de la familia en la espera eterna como trasfondo.

Ahora, ¿sirve de algo todo eso? ¿Es The Hurt Locker tan buena como dicen que es? Para mí, no. Es una más de guerra que otra como, por ejemplo, Saving Private Ryan, no tiene nada que envidiar. Pero a esto agregémosle una dosis de mensaje beligerante con contexto infernal, digno de aplauso por parte del guionista, pero reprobable en cuanto a la ideología. Son filmes como estos los que avalan un Premio Nobel de la Paz para Obama, los que admiten como algo natural del ser humano algo tan desquiciado como la poca compasión por un hermano de otro país, que la muerte es sólo un componente más para el mensaje. No importa si son demócratas o republicanos: es de patriota ir a la guerra, es típico del humano matar por su país. La reflexión final por parte del personaje de Renner es una muestra viva de esta hipótesis. No queda nada por aclarar.

Quizás se lleve todos los premios por una cuestión política, aunque no vamos a negar que la película está muy bien hecha. Aún así, no es digna de llamarse la obra maestra que muchos dijeron que es. Por lo menos lo dice este humilde comentarista, que no cree que sea algo propio de su modus operandi humano lo que en The Hurt Locker dicen que sí es.


Calificación (del 1 al 10): 7

jueves, 17 de diciembre de 2009

VERSUS: Camarógrafos del terror

Nueva edición de "Versus", en la que enfrentaré a dos películas similares en ciertos aspectos dignos de comparación mutua.

Hoy: Paranormal Activity vs [•REC]2

Estas dos cintas se asemejan en la técnica llevada a la consagración por la memorable e inspiradora The Blair Witch Project (1999). El propósito: filmar todo lo acontecido para que parezca real y así dé más miedo. ¿Lo habrán logrado? ¿Quién lo hace mejor? Empecemos.


Paranormal Activity

Este filme dirigido por Oren Peli cuenta la historia de una parejita feliz y adinerada que decide comenzar a grabar los hechos paranormales que atormentan a la señora de casa. Si bien las actuaciones están lo suficientemente bien como para lograr el verosímil adecuado como punto de partida, el motivo por el cual se deja la cámara prendida no siempre está del todo bien. ¿Para qué filmar un momento de shock durante el desayuno? ¿Cómo hacen para acomodar tan bien la cámara (y cómo piensan dónde la colocan) en un lugar que los capte a amboso sollozando ante el terror por la presencia del demonio de tres deditos? (La escena de las huellas es muy buena).

Aún así, la película cumple con su cometido, dando pie a escenas de mucho suspenso como las que suceden de noche, donde con mucho ingenio el director aplica un recurso hasta ahora poco utilizado como el de la cámara nocturna con contador, que seguramente hará escuela de aquí a la posteridad tan poco prometedora de este género. El tema que se toca siempre escapa a la capacidad del espectador -a menos que sea un médium o algo parecido-, por lo que nunca está demás hacer secuencias como la de la tabla ouija o el video del exorsismo (homenaje a ya saben cuál filme).

Se dice que Paranormal Activity es una de las películas más rentable de todos los tiempos, ya que partió con un presupuesto de $15.000 y en sus primeras semanas recaudó millones (y contando). Eso se le debe al buen trabajo publicitario que se hizo, con trailers de lo más prometedores y un gancho tan atrayente como el apellido "Spielberg" en la cartelera, y más si el tipo que porta semejante nombre dice que ésta es una de las mejores películas de terror de la historia.

En fin, no será la mejor de la historia, pero es un blockbuster que asusta varias veces y cumple con su cometido sin engañar al espectador, a menos que este se crea muy inteligente y no advierta un gran trabajo propagandistico que lo burle más que el demonio a Micah y Katie.

Calificación (del 1 al 10): 7


[•REC]2

¡Volvieron los zombies católicos! Y de qué manera. La dupla que conforman Jaume Balagueró y Paco Plaza realiza de una manera más que advertida esta continuación de la desilusionante [•REC]. Ahora parten de una premisa mucho más efectiva para asustar, como ellos mismos dicen, como la puta madre.

¿Por qué [•REC]2 sí funcionó? Porque explotaron más el factor claustrofobia, desarrollando más la acción en ambientes pequeños que dejan sin respiración al espectador durante el visionado. El edificio que en la precuela fue un simple escenario de griterío xenofóbico y malas actuaciones ahora es un protagonista más, que mantiene atrapado no sólo al grupo de GEO's y los tres adolescentes entrometidos (las tres mejores actuaciones de la película), sino a los infectados de la primera, que además de intentar saciar su nueva hambre no dejarán que salga nadie ileso. Bravo por la dupla de directores.

El ritmo frenético de la película es, sin duda, tres veces superior al de la anterior, conformando un clima infernal durante sus 85 minutos de metraje. Pocas veces a este servidor le ha pasado desear que termine la película para acabar con esa pesadilla, así que un nuevo hurra para Balagueró y Plaza. Ahora, en lo que a interpretaciones se refiere, seguimos en la misma, teniendo como peores momentos las poco convincentes discusiones entre los policías y el "doctor" alemán que los acompaña, siempre pidiendo -como para no dejar de lado la intencionalidad del estilo por el que opta el filme- que no se deje de filmar para juntar información. Larra -un argentino que se hace con una tonada de español patética- es el más pobre de todos en su aporte, aún cuando uno se pregunta por qué será que ésta saga (ya está prevista la tercera parte) se viene a pique cuando Manuela Velasco entra en escena. Nuevamente esta insufrible actriz logra arruinar la película, sobre todo en esa parte en la que aparece con una nueva cámara cual arma letal, a lo Terminator, que todos esperaban para seguir adelante.

Pareciera ser que la reportera Vidal es el fetiche de los dos realizadores, aún más que la vuelta de tuerca demoníaca que tomó la película. Es preferible quedarse con los primeros 70 minutos del filme, cuando todo indicaba que estábamos ante un progreso importante en materia terror. La cinta asusta que da calambre y tiene un contexto que así lo permite. Se aplaude la onda video-game que agarra con las camaritas en los cascos de los policías, así como el recurso narrativo a lo Crónica de una muerte anunciada, entrelazando las dos historias que llevan al ingreso en el edificio. Por lejos, muy superior a la anterior, marcando una clara evolución en todos los aspectos técnicos y argumentales. Lástima el final y las interpretaciones generales, pero nunca está mal cambiar de vez en cuando los "¡Fuck!" por los "¡Coño!".

Calificación (del 1 al 10): 8

Tenemos dos buenos largometrajes de terror, recomendables, que saben explotar sus tópicos gracias a este recurso de cámara tan utilizado en otros proyectos. El suspenso está en ambos, pero el terror sólo en el segundo, así que tenemos un ganador en esta nueva edición del VERSUS.

martes, 15 de diciembre de 2009

Låt den rätte komma in


Practicando el vampirismo utópico

Resulta gratificante ver cómo un proyecto se sale de los convencionalismos argumentativos del cuadrado cine al que se está acostumbrado por estos días. Y más gratificante aún resulta ver cómo se sale de los típicos parámetros de un tópico tan trillado como el vampirismo en las cintas pseudo terroríficas más tiradas al melodrama fantástico que al terror psicológico. Låt den rätte komma in, o como se la conoce en inglés -Let the right one in (algo así como "Déjalo entrar" en español)- se yergue entre las mejores películas del año, pasando por encima a sus hermanas compuestas por vampiros oligofrénicos tales como New Moon, Cirque du freak o Blood: the las vampire.

Se caracteriza por una frialdad minimalista en las locaciones (los suburbios de Estocolmo) y un ritmo pausado para contar la aún más fría historia de dos niños unidos por la sangre, literalmente. Uno de ellos es Oskar (interpretado de manera magistral por el joven Kåre Hedebrant), un púber de doce años que vive atormentado por tres abusones de su colegio. Este muchachito ansía con todo su ser poder vengarse brutalmente de los imbéciles que tiene por compañeros, hasta que finalmente conoce a Eli (genial, soberbia, Lina Leandersson), una extraña niña que se muda al complejo de apartamentos donde él vive. El hecho de que la nueva vecina justo llegue cuando se cometen horribles asesinatos en el pueblo, hará que el rubiecito ambiguo en apariencia sexual pero de mirada indescriptible -lo que lo hace temible y temeroso a la vez- comience a explorar dentro de una relación que a simple vista puede ser normal pero en el fondo se ve unida por esas ansias de violencia desmedida, que en él se dan por una necesidad psicológica y en ella por una necedidad biológica.

El ambiente que rodea los hechos, tan cutre en expresión pero tan vivo en demostración icónica (la escena de la piscina es gloriosa), hace que todo se suceda de una manera parca y solemne, generando allí el factor terror, y no en los estilos propios del subgenero. La dirección de Tomas Alfredson, con paneos de cámara que hacen que uno se quiera mover en distintas direcciones para poder descubrir antes lo que está por suceder, es digna de aplausos, al igual que la fotografía y el montaje. Todas las actuaciones son muy buenas, y el grado de realismo con el que se dosifica al filme es lo que la hace tan buena, aún utilizando como detonante una trama tan simple como la que tiene.

Y es precisamente ese el mayor logro de Alfredson: sacarle partida a todos los matices cinematográficos que tanto esperamos cuando empezamos a ver una película, para pulir un tema que a esta altura de la historia del séptimo arte se debe tomar con pinzas y con mano de cirujano. No cualquiera hubiese hecho de Låt den rätte komma in lo que es. Y eso es admirable.

Cuando hay buen gusto (el desenlace es majestuoso), empeño, buen aporte técnico -salvando las condiciones monetarias con que se lleve a cabo-, y un toque de originalidad (la forma con la que se trata la insatisfacción sentimental, la homosexualidad, e incluso la pedofilia, es muy meritorio por parte del guionista John Ajvide Lindqvist) puesta a prueba contra un obstáculo inmediato como el que supone un producto argumentativo utilizado hasta el hartazgo, el resultado no tiene techo. Quizás si este largometraje no se hubiese tomado tan en serio a sí mismo (hay hasta un aire de respeto para con el vampirismo o la criminalidad) y no hubiese sido tan inflado por la crítica especializada, hubiese sido una obra maestra hecha y derecha. Pero sin duda es una rareza en el campo, por lo tanto, digna de aplaudir de pie.

Calificación (del 1 al 10): 9

domingo, 13 de diciembre de 2009

The Curious Case of Benjamin Button

La belleza es cuestión de tiempo...

Una cuenta pendiente que me quedó -junto a la flamante ganadora- de los últimos Premios de la Academia. Esta película dirigida por David Fincher es una ternura de principio fin, pero con un parate en el medio que dura unos 20 o 30 minutos. La extraña historia de un hombre que nace viejo y muere niño de por sí ya es rebuscada, pero logra ser conmovedora gracias a un desarrollo técnico impecable y deslumbrante, sobre todo en el apartado estético. El maquillaje juega un papel importantísimo en la construcción del personaje encarnado por Brad Pitt, que mientras se mantiene petizo y avejentado está descomunal, para luego volverse como siempre fue una vez el Sr. Button llega a los cuarenta años.

Sin duda lo que más impacta de este relato histórico sobre las idas y vueltas en la vida de este singular individuo es que su 'metamorfosis' se ve afectada principalmente por dentro. Resulta paradógico ver como un 'viejito' debuta sexualmente o prueba su primer trago de whisky, así como tambien resulta conmovedor verlo caminar por primera vez o durmiendo con su madre, menor que él en apariencia. Esto se ve ayudado por la magistral actuación de Taraji P. Henson, quien hace de Queenie, la madre adoptiva de Benjamin, la que lo ve como el niño que es por dentro: ese ser tan inocente y desprotegido ante la mirada del resto de los humanos 'comunes'.

Como historia es excelente. Como película se puede decir que es bastante larga, teniendo como principal defecto ese embelezamiento que se hace hacia la mitad del metraje, donde todo queda estancado en el romance entre el personaje de Pitt y Cate Blanchett, que lo arrolla con la interpretación (pero ella no va quedando linda con los años, ni nadie le dice cuán perfecta es a los cuarenta). Esta relación se empieza a vivenciar desde la 'niñez' de ambos, pero se pronuncia cuando los dos "coinciden" en la edad mental: en el momento en que Button tiene 49 y Daisy (Blanchett) 43.
Este embrollo se resume simplemente dando cuenta que el pequeño bajón que sufre la película se debe a que los realizadores están más preocupados en exaltar la belleza y el atractivo de Pitt que por continuar con una historia de vida que nunca llega a acoplarse con los hechos históricos (desde la Primera Guerra Mundial hasta el huracán Katrina) que coinciden con el relato. Y ese es el peor matiz de este adorable filme: no conectarse del todo con su contexto. Daba igual que la historia se desarrolle en el 1800, en nuestros días o en la Luna, si todo se licúa en las consecuencias de la rareza genética de Button, ya sea en sus únicas dos relaciones amorosas o en su conflictiva relación paternal (tanto adoptiva como biológica).

Aún así, es muy atractivo (vaya si se adecúa esa palabra a esta película) ver cómo se van sucediendo los hechos en la trama, haciendo a uno pasear por momentos tiernos, hilarantes, románticos y hasta tristes. Esa multiplidad de sensaciones desplegadas en el abanico del director de Se7en -que hace uso y abuso del aspecto de su fetiche, el señor Aquiles- es lo más destacado de la historia, además de la perfección que se alcanza con el maquillaje y los efectos visuales que permiten dar cuenta del paso del tiempo.
El reloj invertido es el mejor ícono de todos. La mini-historia (protagonizada por un irreconocible Elias Koteas) que introduce al relato es exquisita para adentrarse en las siguientes dos horas y media.

Más allá de lo rebuscado que puede ser el desenlace central -ese que sucede en la enfermería, desde donde se cuenta todo- no se pueden perder esta historia de amor, extrañeza, dilemas del tiempo y odas a la belleza humana como cualidad que está por encima de las condiciones físicas, con todo lo paradójico y contradictorio que puede sonar esto último.


Calificación (del 1 al 10): 8

sábado, 12 de diciembre de 2009

The Soloist

Sobre cómo conmover sin conmover.

Interesante lo que se puede hacer con una hermosa historia real llevada a la ficción con un cuerpo de actores renombrados que la mantenga viva. Interesante lo que pueda suceder en el producto de esa conjunción de factores. Pero poco interesante lo que eso pueda despertar en el espectador.

The Soloist, dirigida por Joe Wright, es un drama que falla como drama. Una historia de vida que cumple como historia de vida. Un filme justo en su metraje pero injusto con la trama que intenta llevar al corazón del público. Una más de Wright...

Quizás no sea porque la película es del todo buena, así como tampoco del todo mala, es que cuesta tanto familiarizarse con ella. Al verla resulta cómodo vivir el proceso de amistad entablado por el reportero del LA Times, Steve Lopez, y el indigente pero prodigio musical, Nathaniel Anthony Ayers (A-Y-E-R-S... ¿?), pero una vez que salimos de la sala nos resulta todo tan indiferente que la historia acaba disipándose en un triste olvido. Y digo triste porque es una pena que el director de Atonement no haya podido extraerle todo el jugo a este bello relato real, que pudo haber sido contado de una manera mucho más simple y sin recaer en el estereotipo del periodista atribulado por los vaivenes de la vida (único elemento fallido en la estupenda actuación de Robert Downey Jr., aunque quizás esto tenga más que ver con el guión de Susannah Grant) o los delirios propios del típico esquizofrénico encarnado por un poco convincente Jaime Foxx.

La música es protagonista, pero no desempeña un buen rol, porque: a) No se la toma con el sentimiento con el que la vive el verdadero Nathaniel Ayers -bien sacado estéticamente por Foxx-, b) Está mal editada a la hora de entregar el producto final -en un túnel, un chelo nunca va a sonar tan melosamente rimbombante, por muy bello que se toque-, c) Se la quiere mostrar como el poder redentor de ese mundo al que se termina aludiendo hacia el final -una suerte de denuncia social que no tiene mucho que ver con la historia central que se quiere poner sobre la mesa-: el de los sin techo o, como se les dice allá, homeless.
Y no es que esta última tesis sea errada. Más bien estamos ante una bifurcación en el camino que va tomando la trama (cada vez más espeso en su andar, lo que cansa al caminante -el espectador), que confunde el concepto definitivo dentro de todos los hechos que hicieron que Lopez y Ayers establezcan una capacidad de entendimiento mutuo tan fuerte, y tan reconocida en sus tierras angelinas.

En general, el filme está bien. Pero el hecho de que falle como drama, y todo lo que decíamos al principio, lo pone en una situación incómoda (en realidad, a mí me pone en una situación incómoda para hacer esta devolución, ya que me gustó la peli -porque conocía la historia y me fue familiar todo lo que ví- y no quiero caer en una subjetividad sesgadora), por lo que se podría decir que, si combinamos todos los ítems que la componen, estamos ante un largometraje regular.

Me quedo con la excelente actuación de Downey Jr. que, aún así como está, encarna a una versión mucho más canchera del verdadero Lopez, un hombre serio que acostumbra el saco y corbata -por lo menos en las veces que se lo ve públicamente- y no esos atuendos tan modernos que le ponen los vestuaristas al multifacético actor. También destaco la espectacular secuencia de luces y sonidos que vivencian los pensamientos de Ayers durante una pieza de su tan querido Beethoven (aunque no tan querido como el Sr. Lopez). Y también me quedo con los planos hermosos que se hacen a Los Angeles, aprovechándo todo el esplendor de una ciudad imponente (las tomas aéreas son majestuosas).
El resto: un drama más del montón, que por lo menos sirve -más allá de cualquier falla- para que se dé a conocer tan bella historia de vida.


Calificación (del 1 al 10): 6

jueves, 10 de diciembre de 2009

The Final Destination


La muerte no resiste a secuelas...

(con Spoilers)
Ya pasaron casi diez años desde que los adeptos al género nos alegramos por la incorporación neta de un malo malísimo en el mundo del terror: la mismísima muerte. De la mano de James Wong -quien después dirigiría la tercera parte-, el filme que mostraba como un grupo de desgraciados sobrevivientes serían perseguidos por la parca era una sincera propuesta para alimentar el morbo cuasi gore de aquel entonces.
Ahora, no sólo hartos en secuelas -hubo una malísima segunda parte y una un poco menos peor tercera-, nos tuvimos que comer este bodrio que al menos se compadece (y esa es una palabra que no entra en el diccionario del director David R. Ellis -quien se encargó de la segunda parte) de ser corta, ya que el martirio -no a las víctimas, sino al espectador- dura menos de hora y media.

Ahora tenemos a cuatro imbéciles mal encarnados por los actores, que no se suben ni a un avión ni a una montaña rusa, sino que van a ver una carrera de autos Nascar. De ahí, lo mismo de siempre: la inexplicable premonición del más imbécil del grupo (que por supuesto, siempre es el último en morir -oops, spoiler... a quién le importa), el milagroso salvataje junto a otro grupito de gente que le cree al imbécil, (que tiene una novia que está tremendamente buena, para variar), las dudas, la cadena, la carrera contra la muerte, y nosotros viendo como de a poquito van palmando uno por uno todos los que no murieron trágicamente en la escena principal.

Lo peor de este filme -de lo más rescatable, porque hay muchas cosas malas- es que está constantemente en un debate entre lo que se puede y no se puede mostrar. Mientras tenemos que ver las tripas de una pseudo-extra desparramadas en el suelo luego de que le caiga una rueda que voló más de 100 metros desde el lugar donde todo está estallando (que solo tenia una puerta de emergencia que el grupito de imbéciles sí supo encontrar), tenemos que quedarnos con las ganas (por así decirlo, no me rotulen de morboso... si quieren) de ver cómo queda el cuerpo del que en esta entrega toca ser atropellado brutalmente por la tan parodiada combi que sale de la nada y cuyo piloto no sabe usar los frenos o por lo menos soltar el acelerador. Así lo mismo sucede con el resto de las esenas, que son una contradicción atrás de la otra respecto a la ideología estética que quiso mantener el cuerpo técnico de esta fantochada que encima se da el lujo de que la clasifiquen como "horror", porque no asusta en nada.

La muerte se las tiene que rebuscar bastante en esta cuarta parte, ya que los personajes zafan de una manera increíble de mil acontecimientos desafortunados para luego ser atropellados sin percatarse, derribados por una cadena, o mutilados por una piedrita que se enganchó en una cortadora de césped. A la mala suerte no le ofrecieron contrato ni papel para esta versión infumable de Destino Final, que esperemos que ya sea el verdadero "final".

Una saga se puede mantener siempre y cuando se siga una línea argumental; aquí sólo mencionan a los viejos personajes después de una "investigación" en la red que los alarma mucho más de lo que ya están (¡oh!), aunque obviamente el incrédulo no se la traga y termina muriendo de una manera terriblemente estúpida e inverosímil. Ahí está, esa era la palabra: inverosímil. Eso es todo lo que sucede en esta película. Fin de la crítica.

No es peor que Jennifer's Body, ya que por lo menos la fórmula berreta de toda la saga sigue funcionando a rajatabla, asi que no se merece tan mala nota. Aunque tampoco es mejor que Case 39, ya que ahora que me doy cuenta, ésta asustaba alguito al lado de la que nos ocupa... asi que ahí les va la valoración. Los que no la vieron, sigan así que no se pierden de nada. Los que la vieron, sabrán a qué me refiero...


Calificación (del 1 al 10): 2,50

martes, 8 de diciembre de 2009

2012

Inundados por el estereotipo y la inverosimilitud.

Hay que reconocerlo: en su salsa, Roland Emmerich hace buenas producciones. El problema empieza cuando se quieren interpretar sus historias. Ahí pasa a ser un tipo hasta detestable, con una preocupante obsesión por la destruccción del ser humano (sin detenerse si quiera un segundo en una mínima construcción psicológica que fundamente esa causa), el Apocalípsis, el derrumbe estructural de la Naturaleza, y, por qué no, un desmedido e incomprensible patrioterismo estadounidense (el tipo es alemán).

2012 llega a las salas de todo el mundo como un nuevo concepto del Apocalípsis, ahora visto desde una mirada un poco más abstracta, ya que en todo momento se trata la predicción maya -sobre la ocasional destrucción del mundo- como un argumento irrefutable al que estamos sujetos y no hay escapatoria, siempre y cuando no contemos con la tecnología china que, siempre precabida, guarda unos tanques del tamaño de Guatemala en el interior de una "represa" (a la que nos podemos dirigir en la chata que nos presta el Dalai Lama) que nos resguardará de toda catástrofe.

Está demás decir que la película es un disparate de cabo a rabo, y que las actuaciones de John "nunca me llaman" Cusack (Pablo E. Arahuete dixit) y Amanda Peet no colaboran absolutamente en nada para que se revierta esa cuestión. Lo único a lo que debemos atenernos es a presenciar la demolición de los monumentos más representativos del mundo -con la Casa Blanca como el máximum de dicho conglomerado, y, ojo, el Presidente de los Estados Unidos de América (encarnado por Danny "Obama" Glover) como la entidad individual a consideración de la humanidad por excelencia- y un sinfín de escenas cursis e inverosimiles, representadas por un recital hecho y derecho (quizás hasta el más grosero del año) de actuaciones estereotipadas.

Cada fotograma se puede advertir unos segundos antes. Todo es tan predecible, que incluso la predicción que propone la trama se puede tomar hasta como una especulación al lado de lo demás. En ese sentido hay que condenar a los guionistas, que no supieron darle vida a un relato que estaba presto a impactar al público, como sucedió en su momento con El día de la Independencia, ya que lo del año 2012 en el calendario maya es algo sabido por todos, incluso por la ciencia astronómica, que anticipa una inversión de los polos para ese año (motivo por el cual todo se va al carajo en la peli de Emmerich).

No obstante, estamos ante un despliegue de producción im-pre-sio-nan-te, que hace digno de ver a este filme tan soso e irreparable. De hecho, si no fuera por el apartado técnico, esta película -con todo lo que la compone- se iba derechito a la hoguera, y se postulaba como una de las peores del año. Sin embargo, no hubo un mal desempeño desde los efectos especiales, sino todo lo contrario: estamos ante uno de los más grandes despliegues de CGI que se apreciaron en este 2009, y se olfatea una nominación a los Oscar. Escenas muy buenas como el despegue de la avioneta o la mega erupción del volcán presenciada por el personaje de Woody Harrelson (el único medianamente rescatable del elenco de planos actores), fundamentan este párrafo.

Lamentablemente, el todo de dos horas y media que compone 2012 es un "casi-bodrio", solo salvado por el espectacular uso que se le dan a los efectos visuales. En líneas generales es un nuevo capítulo del fetiche de Emmerich por destruir a la especie humana y su hábitat. Eso sí, que Alemania pueda estar en peligro de extinción, ni se menciona...

En fin... tal y como lo dice el póster: "Estábamos advertidos".


Calificación (del 1 al 10): 4,50

domingo, 6 de diciembre de 2009

Brokeback Mountain.


Un amor en tiempos de prejuicio.

Una de las peores cosas de andar haciendo zapping en la tele un día de semana al mediodía es que si enganchás una película buena no la podés ver, ya sea porque la agarraste desde la mitad o porque siempre hay algo para hacer antes, durante o después del visionado imposible.
Eso fue lo que me pasó con Brokeback Mountain, una película a la que siempre huí por priorizar otro tipo de productos menos chocantes (aunque, como notarán, si puedo ver Saw o Hostel, puedo ver cualquier cosa). La cuestión es que no sólo la agarré por la mitad la primera vez, sino que la segunda la encontré totalmente cansado por haber regresado de un final (aclaro, estudio de madrugada, por lo que puedo pasar más de dos días sin dormir, lo que es muy agotador), y a minutos de que pasen a buscarme para ir a celebrar que lo haya aprobado con un 7.

Una vez vista, el resultado fue doble: gratitud ante el excelente filme, y bronca por no haberla visto antes. Pero, si mi encuentro con este opus de Ang Lee fue tan conflictivo, ¿Cómo hice para toparme con él?... ¡Qué pregunta! ¡¡BLOCKBUSTERS BABY!!

No ví Crash, pero dudo que haya sido mejor que este clásico romántico que dibuja con delicadeza -y bastante rudeza también, por qué no- una auténtica historia de amor en circunstancias bastante excéntricas. Y digo lo de Crash porque tengo entendido que el revuelo que se armó cuando la mencionada película venció a la que nos ocupa el día de la fecha en la entrega de los Oscars fue incluso superior a la polémica que desató ver al ahora difunto Heath Ledger y Jake Gyllenhaal fornicando desenfrenadamente en una carpa.

Al margen de toda polémica por las escenas sexuales entre los dos hombres, este espectacular largometrage me dejó una muy buena sensación respecto a un director al que tengo poca estima desde que melodramatizó a Hulk (aunque espero con ansias Taking Woodstock). El taiwanés se basa en unos paisajes preciosos y una fotografía impactante para representar el marco en el que se desarrolla esta historia que no necesariamente tenía que ser entre dos hombres para ser polémica, ya que el tema central que se aborda es el de la negación de la identidad (lo que uno es, quiere, desea y -no- acepta) y la infidelidad en medio de la impotencia ante la dicotomía sexual, más tirada al plano bisexual que al homo.

Las construcciones actorales de Ledger y Gyllenhaal son de lo mejor que he visto en mi vida, resaltando principalmente la labor del primero, que encarna a Ennis Del Mar, el verdadero protagonista de la historia, de una manera prolífica y avasallante. Rodeados por un reparto de lujo -en el que se destaca la labor de Randy Quaid como el típico cowboy homofóbico de los '60, y Anna Hathaway como la fría esposa del personaje de Gyllenhall-, los dos protagonistas nos adentran en un paisaje (ficticio, o no) plagado de pasión, amistad y temor.

El contexto histórico en el que se desenvuelve la mayoría de la trama (principios de los '60, y luego pasando por todos los '70), acompañada por una ambientación asombrosa, enmarca el filme como una protesta política con fines a la reivindicación del amor entre los seres humanos, sin importar de qué sexo sean. En ese sentido, el personaje de Ledger representa toda la parafernalia homofóbica que asolaba Estados Unidos en esa época, animándose Lee a destrozar el estereotipo del vaquero texano -siempre planteado con rudeza gracias a la doctrina eastwoodeana- para resumir en Ennis Del Mar las dos caras del pensamiento anti-gay, y así adaptar de forma excelente un relato breve de 1997, publicado por Annie Proulx (ganadora del Pulitzer) en el The New Yorker.

Párrafo aparte se merece la musicalización de Gustavo Santaolalla, quien desde su lugar logra conmover poniéndole ritmo a los sentimientos de cada escena, principalmente con la canción "The Wings", que eriza la piel.

En fin, los que no la vieron por X motivos, haganlo ya. No esperen más. Yo dejé pasar esta obra maestra por despistado, y ahora me arrepiento, aunque gracias al DVD y la TV pude acercarme a la sincera y desgarradora historia de dos personas enamoradas de verdad, pero atosigadas por la sociedad prejuiciosa y discriminadora de ese entonces.
Más allá de lo impresionante que puede ser ver tanta pasión entre dos hombres, no se van a arrepentir al verla. "Lo juro..."


Calificación (del 1 al 10): 9

martes, 1 de diciembre de 2009

The Twilight Saga: New Moon


Una histeria de amor...

Cuando me vi obligado a ver Twilight presentí que estaría ante una obra completamente profunda y romántica. Por supuesto, me equivoqué, ya que no sólo ni siquiera rozaba esa idea sino que además estaba ante un producto típico de la audiencia Mtv como los que tanto aborrezco. No obstante, la historia había sido lo suficientemente empalagosa como para que le rinda tributo a las más de dos horas de vida que me había arrebatado, por lo que dije: "Voy a ver la segunda".

Así fue, y me pasó lo que hace mucho no me pasaba yendo al cine: me aburrí. New Moon, aunque con bastante más acción que su predecesora, peca de larga y densa (le sobran, al menos, 40 minutos), y ya no tiene esa cuasi poesía en sus líneas (nos tenemos que quedar con las frases cursis de Robert Pattinson, tan insulso e idiota como en la anterior). Ahora vemos un triángulo amoroso que, no conforme con la parafernalia vampirezca copiada de Buffy, la cazavampiros, suma a un hombre lobo -bien logrado por los CGI- que es interpretado pésimamente por Taylor Lautner.

Lo peor de todo es que ésta es una historia que está pensada para las muchachitas menores de 15 o 16 años, y sus protagonistas ni siquiera intentan representar lo que identificaría a su audiencia (¿Quién se cree el verso de que el irritable personaje encarnado -correctamente- por Kristen Stewart, Bella, tiene 18?). La película no emociona, y por lo menos advierto a los muchachos que, como yo, deben asistir a ver este bodrio de 2 horas y media para acompañar a sus novias/amigovias/amantes, que estén prevenidos de un par de escenas insignificantes que llamaría "cebollas cinematográficas" (no tienen mucho sabor pero si se cortan hacen llorar seguro).

Las actuaciones son regulares, o por lo menos para lo que el filme ahora dirigido por Chris Weitz pretende. Pattinson es un malísimo actor, que está más preocupado por poner esa cara de lindito escuálido que por su actuación propiamente dicha. Stewart está aceptable, la pobre tiene que lidiar con un personaje de porquería, que en la primera entrega era hasta normal pero que ahora por momentos queda como una histeriquita que va y viene según su conveniencia, que encima se vuelve una suicida adicta a la adrenalina por culpa del abandono de Edward Cullen (¿?). Su química con Pattinson es inexistente, y no transmite nada. Cuando les toca hacer escenas de "amor" juntos, no tienen nada de conexión, y eso que, de última, la trama avalaría esta cuestión, pero ni así se justifica tamaña indiferencia entre ambos.
El resto del elenco está a ese nivel, lidiando con lo que les tocó. Y el mejor ejemplo para esto último es el de la talentosísima Dakota Fanning, quien en sus 10 minutos de aparición no genera absolutamente nada.

¿Lo rescatable? La fotografía, tan hermosa como en la primera. Ciertas escenas románticas tienen un dejo de emoción sólo gracias a este apartado. Así lo mismo con los recuerdos/delirios de Bella, muy poéticos icónicamente, pero que no pasan de ser un complemento del quilombo central, cuando para que la película tome vuelo debiera ser al revés. Después de todo, estamos ante una romántica fantástica, y lo único que tiene de esto último es el concepto global.

En fin, habrá que ver la tercera para demostrar si esta peli es tan mala como aparenta a simple vista. Y esto lo digo porque, si hay algo que me dejó como enseñanza Luna Nueva, es que al fin y al cabo Crepúsculo no fue tan mala.

Calificación (del 1 al 10): 3

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