Mi documental "A Fanatic By Choice"

miércoles, 21 de agosto de 2013

Para quién escribo yo entonces


Informe especial: La crítica intentando encontrar su lugar. Los diversos sitios web y redes sociales obligaron a repensar la forma de hacer crítica de un cine que también está mutando sus formas de difusión. Cómo ve a su vez el público 3.0 la crítica de cine actualmente. 

Hay una nueva crítica de cine, quizás un poco subversiva y hasta casi amateur, que está mutando desde las diversas redes sociales y blogs desde hace ya varios años. La atomización de voces se presenta muy claramente en un panorama cinematográfico que todavía, en el plano nacional, no encuentra del todo una forma viable de industrializarse para llegar al público. Así tenemos, entonces, tres puertos diferentes donde el cine es el único puente, pero en realidad con poca conexión. La crítica buscando su lugar, el cine sus nuevas formas de difusión y finalmente ese público que, desde que internet comenzó a imponerse como el agua y el pan en la cotidianeidad de todos, también tiene muy alterada su visión de estas producciones.

Que la crítica nacional esté problematizando tanto el bajo nivel que están teniendo los críticos y pseudo-críticos que van apareciendo, sobre todo nucleados en el sitio cordobés todaslascriticas.com.ar, es un indicador tan fuerte como el hecho de que un referente como Quintín recurra a Twitter para hacer sus devoluciones sobre el séptimo arte. Todo cambió. Don Fulano con su blog tiene –aunque no del todo legitimado por la sociedad- casi el mismo peso que el de un crítico especializado que escribe en un diario de gran tirada. Analizar eso sería hilar más fino, pero al menos vale la pena rescatar que es algo que se está debatiendo constantemente en los últimos meses, y seguirá así hasta que se encuentre una conclusión pasajera. Y digo pasajera porque, como todo en esta era digital, esa conclusión dentro poco volverá a mutar en otra idea, en base a como los usuarios de los mencionados espacios en internet harán uso y apropiación de los mismos para hacer escuchar su voz en cuanto al cine.

El cine. Parece como si estuviera en un segundo plano en esta discusión, pero nada más lejos de la realidad. Justamente hace poco se estrenó en internet el documental The Pirate Bay Away from Keyboard, donde se muestra la contienda legal que está teniendo lugar en la era del copyleft y la batalla prácticamente perdida por los derechos de autor por parte de las grandes compañías. Toda una re-significación de lo propio y lo ajeno en un arte que, en el caso de Argentina, tiene a directores como Pablo Parés y otra larga camada que ya están optando por ir directamente a las redes sociales para “estrenar” su película. Al igual que las voces que opinan sobre el cine, este pasará a “ser de todos” de una forma diferente.

¿Cómo se adapta este cine en esos espacios de múltiples voces, donde la crítica de microblogging se encuentra con la opinión de Doña Rosa en Facebook o Twitter y se pierde tanto o más que como se puede perder la nueva película de Parés entre el montón de contenido online? Será cuestión de encontrar la forma de que ese licuado de miradas y voces se compacte en un consenso más o menos generalizado de cómo seguir adelante, y ver si se sigue apelando al tráiler común y corriente o ya basta con spammear a Dios y medio mundo pidiendo el “Me Gusta” y el “Compartir” o el “Retweet”. Al fin y al cabo, el objetivo sigue siendo el mismo: que se miren las películas.

Una vez superado ese obstáculo, recién ahí tocará analizar bien el rol que juega la crítica de cine actualmente, y cómo podrán convivir los críticos de oficio con los “opinadores” internautas, quizás también futuros laburantes en el campo de la crítica especializada. Mientras tanto, todo seguirá mezclado en un abanico inmenso de posibilidades que todavía seguimos conociendo y reinventando (parece mentira que Facebook se inventó hace de 8 años). Por ejemplo, ya están apareciendo junto con las críticas de 140 caracteres en Twitter, las foto-críticas, que resumen la devolución de una obra en un simple pie de foto, esta a su vez elegida de forma significativa para la idea que se quiere dar. El panorama 3.0 cada vez nos obliga a idear formas de comunicarnos más similares a las ideas en sí, rápidas y pasajeras. ¿Cómo lograremos condensar ahí una opinión formada y minuciosa de una obra artística como la que intenta redondear una crítica de cine? Una nueva incógnita que se abre, pero antes queda definir quiénes serán los encargados de hacerlo.

Y así se vuelve, como un círculo vicioso de incertidumbre pero a la vez fascinante replanteo del oficio, al punto de los destinatarios, no sólo de las películas sino de las críticas en sí. De por sí esta última siempre fue más de nicho. Es lo menos masivo que hay dentro del universo que rodea al cine, por lo tanto no cambiará mucho más la visión que tengan los espectadores al respecto. Siempre aquel que quiera leer crítica podrá, aunque quizás más adelante se tenga que amoldar también a los nuevos formatos.

Finalmente, asombrados miramos el presente tan incierto en este panorama de constante mutación de los espacios de difusión del cine y la crítica. La revolución de las ideas llegando más tarde que la revolución de los formatos: un futuro quizás un poco desesperanzador, donde actualmente está puesta en duda la pureza del oficio y su valor en sí mismo. Los críticos argentinos más veteranos debaten sobre lo pobre que escriben los críticos jóvenes, y estos ponen foco en un problema que escapa a las generaciones. Cada hipótesis busca su espacio, así como cada película busca su vida ideal entre un nuevo público. Y mientras tanto, todo sigue transformándose. 

jueves, 15 de agosto de 2013

The Conjuring

Título: The Conjuring
Dirección: James Wan
Guión: Chad Hayes, Carey Hayes
Género: Terror, Thriller
Duración: 112 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2013
Reparto: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Lili Taylor, Ron Livingston


Lo que vale es el intento

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Creo que el género de terror está en una de sus peores épocas en la historia del cine. Dicho esto, son contadas con una mano las obras que salen por año que logran un atisbo de buen gusto para una realización acabada y digna de un público que lleva años y años esperando ese resurgir de un movimiento estético y narrativo decaído hasta lo más pobre que puede brindar.

Y ahí aparece James Wan, incansable trabajador del suspense, creador de la obra maestra El Juego del Miedo (Saw, 2004) que, si bien se les fue la mano con las secuelas, logró quedar en el imaginario colectivo como una obra de culto y sentar las bases para sus burdas copias consiguientes. Años más tarde vino La Noche del Demonio (Insidious, 2011), un intento muy atinado de volver a los orígenes del género y así resetear la máquina del terror. Lamentablemente, en esa película quedó un pastiche muy extraño y las actuaciones no estaban a la altura, aunque el resultado final es al menos digno de darle un vistazo.

Toda esta introducción es necesaria para entender por qué se está armando tanto ajetreo con El Conjuro (The Conjuring, 2013), una película que vive del homenaje a obras clásicas como El Exorcista, Poltergeist, El Resplandor e incluso Los Pájaros. Imposible que algo salga mal si se respetan las fórmulas de genios como Friedkin, Hitchcock o Kubrick. Pero acá debo plantarme y decir que eso no basta. Es necesario ir un poco más allá para salvar al terror.

No basta plantear una serie de situaciones en un espacio para filmar un montón de lugares comunes y efectismos varios que logren impactar. Así no. Porque El Conjuro tiene eso, mucho homenaje, pero poca originalidad para resolver dichas situaciones. Y si bien el resultado puede ser una película terrorífica, con momentos bien logrados, como el exorcismo o la escena filmada con cámara en mano en el sótano emulando los mockumentales como Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007) o la clásica El Proyecto Blair Witch (¿vieron? seguimos con los homenajes), simplemente no basta.

Viniendo de un tipo como Wan, creador de Saw, que ya tiene un universo más o menos marcado con otras obras menores como El Silencio desde Mal (Dead Silence, 2007) o la mencionada Insidious (que tendrá su secuela, a estrenarse este mismo año), es injusto atribuirle el mérito que se le está dando en la crítica por “revitalizar” el género, cuando lo único que hace es apoyarse en el homenaje obvio y directo, aplicando leves retoques con distintivo propio.

El tono de la película es casi el mismo que el de su anterior filme, el mencionado Insidious. Y a partir de esta nueva película, creo que aquella es aún mejor, porque su mérito era la búsqueda original de momentos visuales que impacten, más allá de los clichés y las pésimas actuaciones.

En definitiva, en este austero panorama para el género, realizadores como Wan al menos dan que hablar y nos remiten a los buenos tiempos del terror. Esta película no es la gran cosa, pero al fin y al cabo, entre tanta bazofia, lo que vale es el intento.


Los Amantes Pasajeros

Título: Los Amantes Pasajeros
Dirección: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar
Género: Comedia
Duración: 90 minutos
Orígen: España
Año: 2013
Reparto: Javier Cámara, Lola Dueñas, Cecilia Roth, Antonio Banderas, Penélope Cruz, Blanca Suárez, etc.


Perdidos en las nubes

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Es difícil hablar de una película de Almodóvar, porque este director siempre esconde detalles en su cine que lo convierten en un genio. Sin embargo, tiene sus altibajos, pocos, pero altibajos al fin. Los Amantes Pasajeros es sin dudas uno de ellos, quizás una de sus peores películas, sino la peor.

Después de una década en donde tuvo una etapa oscura en su propuesta, coronada con la interesantísima La Piel Que Habito (2011) y la poética Los Abrazos Rotos (2009), pareciera ser que este emblemático realizador decidió volver a sus orígenes, para encontrarse con el Pedro más zafado y salido de los esquemas. Respeta el tono de aquellos filmes como Laberinto de Pasiones (1982) y La Ley del Deseo (1987), pero el resultado parece fallido porque hay todo un trayecto recorrido que hace que esta vuelta al comienzo no sea agradable, ni siquiera como una propuesta auto celebratoria.

Tal y como le pasa al avión de la película, Almodóvar llega a un punto en que no sabe dónde parar porque perdió uno de sus trenes de aterrizaje, entonces se pone a dar vueltas y vueltas en busca de un lugar de seguridad donde acertar un gag que haga efectivo el intento de hacer un producto como este. ¿Es una metáfora de su propio cine adrede o es una infeliz casualidad? Difícil saberlo con este genio.

Lo que sí sabemos es que semejante reparto para una película tan sosa es una pasada total, y hacia la mitad de la trama, cuando se quiere bajar un cambio a todo ese desparpajo de comedia berreta, todo se vuelve una orgía de mal gusto y minutos de sobra en lo que sucede. Pareciera que tanto a director como a actores ya no les sienta bien ese tono. Sin embargo, los únicos que salen airosos son Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces, el trío de azafatos que le pone picante a la ensalada de gags fallidos. Los tres tienen una escena de lujo, que a pesar de lo floja que es la película, vale el precio de la entrada: un musical, con I’m so excited de The Pointer Sisters, con un baile muy divertido y sincronizado. Es como si Almodóvar siempre hubiera querido filmar esa escena, y Los Amantes Pasajeros es solo una excusa para hacerla. Probablemente todos estemos de acuerdo en que es lo mejor de la película, sino lo único bueno que tiene.

El resto, un montón de chistes malos que se pasan de la raya, con personajes muy caricaturizados y hasta obvios. Comparo cada gag con el momento en que uno está ayudando a alguien a estacionar en un lugar ajustado; lo vas guiando, avisándole hasta donde parar, y cuando le decís “listo”, el conductor (Almodóvar) sigue, no le importa nada, y no sólo toca el auto de atrás, sino que lo choca, lo estrella contra los que están estacionados más atrás, y uno queda agarrándose la cabeza por lo que acaba de ver. Si a eso agregamos el final malísimo, para que todos salgan contentos, ya es hasta para enojarse con este grosso. ¡Te hubieras jugado un poco más ahí, Pedro! ¡Das para muchísimo más!


Wino para rograd (?)

A raíz de mi texto en La Mirada Indiscreta sobre Vino para robar (el cual también pueden leer en este blog), me quise hacer el chistoso por Twitter y comentar que fui el primero en el portal TodasLasCríticas en hablar en contra de la película. Admito que boqueé demás, pero es algo que suelo hacer, como sabrán los que disfrutan (o no, quizás) discutir sobre algo conmigo en los comentarios de algún post de Blogger, Facebook, etc. 

El director de la película, Ariel Winograd, me contestó el tweet de modo sobrador, tal vez en el mismo tono canchero que quise usar yo, pero me lo tomo con el sentido del humor que él impregna en sus películas (no me gustó mucho Vino para robar, pero sí sus dos anteriores películas).



Del mismo modo escribió, notablemente más ofuscada, la productora de la película, Nathalie Cabiron. La señorita tiene menos sentido del humor, pero al menos leyó más el texto.










Notas de este don nadie:
1) Quien escribe estas líneas nunca contestó a la pregunta sobre el término "fórmula de productores".
2) Quien escribe estas líneas no amplió lo de "pretensión desmedida", porque en realidad nunca usó esa expresión en su crítica. Tampoco le va a pasar la fórmula a la productora.
3) Quien escribe estas líneas sí contestó el tweet sobre lo del "mensaje inspirador".




Fui sincero. Realmente pienso eso, y no quise entrar en discusión con estos realizadores, que francamente hacen mucho más por el arte que lo que yo pueda opinar desde donde sea que escriba por estos días. Como bien dijo una vez el crítico Leonardo D'Espósito, "el mejor texto de un crítico vale menos que la peor película hecha", o algo así. Solo que acá no hay tal crítico, y Vino para robar está lejos de ser la peor película hecha. De hecho, le va muy bien en esa combinación tan difícil que implica la crítica especializada y la respuesta del público, tanto en taquilla como en opinión general.

Es por eso que me llamó la atención la contestación twitt-patota y quise remarcarlo en este post especial. No me parece que sea sano para el arte este tipo de comportamiento al estilo Diego Rafecas (cineasta que sí merece menos respeto, porque realmente hace películas horribles, además de tener un comportamiento muy extraño) y su cruzada contra la opinión sobre sus obras. 
Fui el primero en hablar en contra de la película (porque me parece cualquiera que la tilden de "hitchcockiana", realmente), lo cual habla muy bien de la misma. Sin embargo, habla bastante mal de los realizadores este tipo de reacciones contra un X-man que escribe en una web. Faltó altura y sutileza, algo que, por cierto y paradójicamente, tiene Vino para robar, con todo y sus defectos. 

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