Mi documental "A Fanatic By Choice"

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martes, 22 de abril de 2014

12 years a slave


De lo complejo a lo básico

12 Years a Slave viene a representar el miedo de todo cinéfilo que se entusiasma con un determinado realizador. En este caso, el prometedor Steve McQueen, quien debutó con la impresionante Hunger (2008), película que para muchos es una de las mejores óperas primas del comienzo de este siglo XXI. Luego McQueen retomaría la acción con la polémica Shame (2011), donde repitió a Michael Fassbender en el protagónico y lo volvió a llevar al extremo con su actuación, permitiéndole al actor alemán brindar una de las mejores performances de su carrera, sino la mejor.

El riesgo tanto artístico como narrativo son características fundamentales del éxito de estas dos notables obras, siendo Hunger una película de una intensidad visual que difícilmente este director inglés pueda volver a alcanzar, mientras que el humanismo impreso en el trabajo con los actores en Shame, más una o dos escenas memorables (el que la vio, no pudo haber quedado indiferente ante Carey Mulligan cantando “New York, New York” en primerísimo primer plano), será recordado como otro punto alto en su temprana carrera.

Y con ese bagaje llega esta nueva película suya, que se traduce en una desilusión total. 12 years a slave es académica, básica, melodramática, exagerada y excesiva en todos los sentidos. Es una película que McQueen, más del palo indie, seguramente la hizo pensando en la temporada de premios. Y no sorprende que sea una de las más nominadas para los Oscar, ni que haya ganado el premio a Mejor Película en los Globo de Oro, y que probablemente gane tantos otros premios más. Dentro de su falsa y calculada crudeza (muy alejada de la destreza con la cámara en el hiperrealismo de sus anteriores dos films), se esconde una superficialidad y un tono totalmente amable para con el espectador, que si se deja engañar quedará encandilado con la supuesta intensidad del relato de un hombre afroamericano que es privado de su libertad para trabajar en la zona rural de New Orleans, cuando allí todavía era legal la esclavitud.

Este tipo de películas prácticamente se dirigen solas, en piloto automático. Un drama que hace que cada tanto Estados Unidos reflexione sobre su pasado (y su presente) y haga mea culpa, como si hiciera falta aún, con un desfile de súper-estrellas de Hollywood (sobre)actuando de a ratos como si sólo quisieran formar parte aunque sea un poco de este proyecto destinado a ganarlo todo. Este tipo de películas dan asco.

El único que se salva de la hoguera es, precisamente, Fassbender, quien a tono con el relato teatral y maniqueo siempre está en el mismo nivel y brinda un par de escenas escalofriantes en su actuación. El protagonista, Chiwetel Ejiofor, también se salva bastante, pero sólo por sus escenas con Fassbender (se destaca la charla a la medianoche con ambos abrazados amenazadoramente, sólo iluminados por un candelabro, con uno intentando persuadir al otro sobre una mentira). El resto, todos sobreactuados de forma espantosa e insoportable en sus participaciones, con Brad Pitt, también productor de la película, haciendo de un prototipo de Abraham Lincoln redentor y todopoderoso, como el colmo de los colmos.

Este tipo de películas indudablemente funcionan muy bien en Estados Unidos, tanto para la taquilla como para la temporada de premios, ya que críticos y público con ojo poco entrenado siempre suelen caer en la trampa de este tipo de obviedades en donde cada uno de los elementos del relato están hechos con la única intención de conmover de forma berreta para ganar algún reconocimiento.


sábado, 11 de enero de 2014

Cycle 3D


Título: Cycle
Dirección: Zoltan Sóstai
Guión: Ivo Marloh, Zoltan Sostai, Sándor Szalma, János Váradi
Género: Animación, Misterio, Ciencia Ficción
Duración: 78 minutos
Orígen: Hungría
Año: 2013

Ajenos a la aventura incesante


A veces leemos algunas críticas que definen de forma categórica qué es cine y qué no, o cuándo una película “tiene cine”. ¿Qué es eso? Quizás ni los que escriben entienden las dimensiones de semejante aseveración. En el caso de El Ciclo Infinito 3D, nos encontramos ante la exasperante e incómoda situación de tener que determinar esto. ¿Esta película tiene cine? ¿Es cine? En fin, una pavada, que dejaría completamente de lado lo sustancioso que puede llegar a ser el análisis en capas que propone este film de animación dirigido por el tipo con el nombre más cool de la industria: Zoltan Sóstai. Este realizador húngaro formado dentro del ambiente de los videojuegos debuta en el cine con esta ópera prima estrafalaria y sofocante, así como intensa pero soporífera.

La ambigüedad a la hora de determinar si lo que tenemos en frente es algo que excede nuestra capacidad de asombro y nuestra paciencia o simplemente es una de las estupideces más grandes jamás hechas, no debe asustarlo, estimado lector. A todos nos pasa. De hecho, al llegar a la mitad de la película es difícil no pensar que uno está ante una pesadilla espantosa de la que no puede salir a menos que se quite los anteojos para el 3D y salga corriendo, atropellando a los demás que intentan abandonar también la sala. Si esta exagerada reacción es positiva o negativa, queda a criterio de cada uno. Convengamos que no cualquiera logra eso.

Así de mala es la película. ¿O no? ¿O tal vez es un ejercicio experimental de imagen y sonido que propone alejarnos de lo que habitualmente propone el cine de animación en cuanto a estética y narrativa? Ahí vamos con ese esquivo y pretensioso interrogante de nuevo. Lo cierto es que estrictamente desde el lenguaje, El Ciclo Infinito tiene poco cine porque el montaje, casi en su totalidad en plano-secuencia, y el punto de vista desde el que se narra, no ayudan mucho a decir lo contrario.

Nota para los cineastas que se inicien en el rubro: animación + 3D + cámara en mano frenética = mareo total. No-lo-hagan. Es horrible e imposible de ver. Si a eso se les ocurre agregar una banda sonora insufrible con techno y sonidos del Atari, tienen un combo insostenible que obliga a cerrar los ojos porque todo ya es demasiado (malo).

Ahora, resaltando lo bueno, porque lo tiene, El Ciclo Infinito posee momentos en donde la profundidad de campo realmente se disfruta, demostrando que el director quizás en un futuro pueda intentar filmar buenos thrillers desde lo estético. Hay momentos en donde la cámara nos permite perseguir al protagonista dentro de ese enigma que lo rodea, con personajes distantes y misteriosos, con un clima bien logrado a pesar de lo delirante que se puede tornar todo.

A pesar de eso, en este caso se queda corto porque el surrealismo no queda bien con la temática que se propone. Y a su vez también por momentos se intenta un grado de realismo que escapa a lo que brinda la animación y la propuesta inicial (los humanos tienen unas caras con “gráficos” -digamos- de video-juego de fines de los 90) y, desde lo técnico, no hay un buen trabajo de sonido con los diálogos. Eso sí, la película no es mentirosa: realmente es un ciclo interminable, donde, si se uniera el final con el comienzo, tendríamos a la historia sucediendo una y otra vez hasta el fin de los tiempos (sólo que con el mismo pobre resultado).

En definitiva, no es por ser básico, pero somos partícipes de una historia gélida, repetitiva (de ahí el título, como habrá notado), e interminable. Es como si estuviésemos ante un video-juego que puede llegar a ser atractivo, por lo intenso, pero Zoltan Sóstai no nos deja jugar porque no larga el joystick y le divierte repetir el nivel todo el tiempo.

jueves, 15 de agosto de 2013

The Conjuring

Título: The Conjuring
Dirección: James Wan
Guión: Chad Hayes, Carey Hayes
Género: Terror, Thriller
Duración: 112 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2013
Reparto: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Lili Taylor, Ron Livingston


Lo que vale es el intento

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Creo que el género de terror está en una de sus peores épocas en la historia del cine. Dicho esto, son contadas con una mano las obras que salen por año que logran un atisbo de buen gusto para una realización acabada y digna de un público que lleva años y años esperando ese resurgir de un movimiento estético y narrativo decaído hasta lo más pobre que puede brindar.

Y ahí aparece James Wan, incansable trabajador del suspense, creador de la obra maestra El Juego del Miedo (Saw, 2004) que, si bien se les fue la mano con las secuelas, logró quedar en el imaginario colectivo como una obra de culto y sentar las bases para sus burdas copias consiguientes. Años más tarde vino La Noche del Demonio (Insidious, 2011), un intento muy atinado de volver a los orígenes del género y así resetear la máquina del terror. Lamentablemente, en esa película quedó un pastiche muy extraño y las actuaciones no estaban a la altura, aunque el resultado final es al menos digno de darle un vistazo.

Toda esta introducción es necesaria para entender por qué se está armando tanto ajetreo con El Conjuro (The Conjuring, 2013), una película que vive del homenaje a obras clásicas como El Exorcista, Poltergeist, El Resplandor e incluso Los Pájaros. Imposible que algo salga mal si se respetan las fórmulas de genios como Friedkin, Hitchcock o Kubrick. Pero acá debo plantarme y decir que eso no basta. Es necesario ir un poco más allá para salvar al terror.

No basta plantear una serie de situaciones en un espacio para filmar un montón de lugares comunes y efectismos varios que logren impactar. Así no. Porque El Conjuro tiene eso, mucho homenaje, pero poca originalidad para resolver dichas situaciones. Y si bien el resultado puede ser una película terrorífica, con momentos bien logrados, como el exorcismo o la escena filmada con cámara en mano en el sótano emulando los mockumentales como Actividad Paranormal (Paranormal Activity, 2007) o la clásica El Proyecto Blair Witch (¿vieron? seguimos con los homenajes), simplemente no basta.

Viniendo de un tipo como Wan, creador de Saw, que ya tiene un universo más o menos marcado con otras obras menores como El Silencio desde Mal (Dead Silence, 2007) o la mencionada Insidious (que tendrá su secuela, a estrenarse este mismo año), es injusto atribuirle el mérito que se le está dando en la crítica por “revitalizar” el género, cuando lo único que hace es apoyarse en el homenaje obvio y directo, aplicando leves retoques con distintivo propio.

El tono de la película es casi el mismo que el de su anterior filme, el mencionado Insidious. Y a partir de esta nueva película, creo que aquella es aún mejor, porque su mérito era la búsqueda original de momentos visuales que impacten, más allá de los clichés y las pésimas actuaciones.

En definitiva, en este austero panorama para el género, realizadores como Wan al menos dan que hablar y nos remiten a los buenos tiempos del terror. Esta película no es la gran cosa, pero al fin y al cabo, entre tanta bazofia, lo que vale es el intento.


Los Amantes Pasajeros

Título: Los Amantes Pasajeros
Dirección: Pedro Almodóvar
Guión: Pedro Almodóvar
Género: Comedia
Duración: 90 minutos
Orígen: España
Año: 2013
Reparto: Javier Cámara, Lola Dueñas, Cecilia Roth, Antonio Banderas, Penélope Cruz, Blanca Suárez, etc.


Perdidos en las nubes

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Es difícil hablar de una película de Almodóvar, porque este director siempre esconde detalles en su cine que lo convierten en un genio. Sin embargo, tiene sus altibajos, pocos, pero altibajos al fin. Los Amantes Pasajeros es sin dudas uno de ellos, quizás una de sus peores películas, sino la peor.

Después de una década en donde tuvo una etapa oscura en su propuesta, coronada con la interesantísima La Piel Que Habito (2011) y la poética Los Abrazos Rotos (2009), pareciera ser que este emblemático realizador decidió volver a sus orígenes, para encontrarse con el Pedro más zafado y salido de los esquemas. Respeta el tono de aquellos filmes como Laberinto de Pasiones (1982) y La Ley del Deseo (1987), pero el resultado parece fallido porque hay todo un trayecto recorrido que hace que esta vuelta al comienzo no sea agradable, ni siquiera como una propuesta auto celebratoria.

Tal y como le pasa al avión de la película, Almodóvar llega a un punto en que no sabe dónde parar porque perdió uno de sus trenes de aterrizaje, entonces se pone a dar vueltas y vueltas en busca de un lugar de seguridad donde acertar un gag que haga efectivo el intento de hacer un producto como este. ¿Es una metáfora de su propio cine adrede o es una infeliz casualidad? Difícil saberlo con este genio.

Lo que sí sabemos es que semejante reparto para una película tan sosa es una pasada total, y hacia la mitad de la trama, cuando se quiere bajar un cambio a todo ese desparpajo de comedia berreta, todo se vuelve una orgía de mal gusto y minutos de sobra en lo que sucede. Pareciera que tanto a director como a actores ya no les sienta bien ese tono. Sin embargo, los únicos que salen airosos son Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces, el trío de azafatos que le pone picante a la ensalada de gags fallidos. Los tres tienen una escena de lujo, que a pesar de lo floja que es la película, vale el precio de la entrada: un musical, con I’m so excited de The Pointer Sisters, con un baile muy divertido y sincronizado. Es como si Almodóvar siempre hubiera querido filmar esa escena, y Los Amantes Pasajeros es solo una excusa para hacerla. Probablemente todos estemos de acuerdo en que es lo mejor de la película, sino lo único bueno que tiene.

El resto, un montón de chistes malos que se pasan de la raya, con personajes muy caricaturizados y hasta obvios. Comparo cada gag con el momento en que uno está ayudando a alguien a estacionar en un lugar ajustado; lo vas guiando, avisándole hasta donde parar, y cuando le decís “listo”, el conductor (Almodóvar) sigue, no le importa nada, y no sólo toca el auto de atrás, sino que lo choca, lo estrella contra los que están estacionados más atrás, y uno queda agarrándose la cabeza por lo que acaba de ver. Si a eso agregamos el final malísimo, para que todos salgan contentos, ya es hasta para enojarse con este grosso. ¡Te hubieras jugado un poco más ahí, Pedro! ¡Das para muchísimo más!


Vino para robar

Título: Vino para robar
Dirección: Ariel Winograd
Guión: Adrián Garelik
Género: Comedia
Duración: 103 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2013
Reparto:  Daniel Hendler, Valeria Bertuccelli, Martín Piroyanski, Pablo Rago, etc.

Enrular el rulo

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

La nueva película de Ariel Winograd respeta las fórmulas de cualquier película argentina que busca un buen pasar por la taquilla: cientos de giros argumentales y mucho humor bien puntuado en el guión, sumado a muchísimas referencias a obras de culto hollywoodenses. El género está bien planteado, la dupla conformada por Daniel Hendler y Valeria Bertuccelli funciona muy bien en pantalla y los aportes del resto del reparto le agregan el toque final a una receta de “éxito”, que de todos modos no garantiza una buena película.

Vino para robar tiene sus buenos momentos, como la escena del robo de la máscara o aquellos en que Martin Piroyansky se luce con su alemán berreta. Sin embargo, la película peca de pretensiosa e intenta ir más allá de lo que podía bastar para un producto bien acabado. Hacia el tercer acto, la trama toma un curso muy rebuscado y le da varias vueltas a un asunto que termina entorpeciendo lo que pudo ser una comedia romántica con tintes de acción al estilo de la saga de James Bond (con sus obvias referencias a lo largo de todo el filme) con varios logros, principalmente desde lo actoral.

Resulta curioso que recién ahora se crucen las carreras de Hendler y Bertuccelli, dos intérpretes sumamente talentosos que empezaron en el cine más indie argentino y ahora se encuentran haciendo obras de mayor envergadura. Y lo curioso es que este trabajo es el Nº 18 de ambos, lo cual es más notorio. Durante la película se nota muy bien cómo el paso de sus carreras los hizo artistas todo-terreno, tanto para los gags como para los momentos emotivos. Del mismo modo Piroyansky cierra un trío muy divertido, con muy buenos momentos entre los tres, como el de la piscina del hotel. El elenco lo cierran, aunque no con la misma consistencia, Pablo Rago, que a pesar de esos zoom bruscos tan graciosos que le hace el director para presentarlo no logra un personaje (usando la jerga de la vinicultura) con cuerpo; y Juan Leyrado, que por momentos hasta parece una caricatura de un villano.

El director de Cara de Queso y Mi primera boda aprovecha el despliegue de producción con el que contó para filmar muy bien las escenas en los exteriores de Mendoza, así como también dotar de un muy buen ritmo a la historia, especialmente aquellas en que el trío de ladrones está en plena logística. Pero donde falla es cuando intenta darle un tono de grandilocuencia a una propuesta que ya era enorme y hasta casi inverosímil, y no se anima a aceptar las limitaciones que tiene y estira la historia hasta el hartazgo. De hecho, la resolución de la película es mala y para nada está a la altura de lo que había sido antes de que se dé la primera vuelta de tuerca grande que comienza a desordenar todo.

Vino para robar quizás tenga una buena acogida del público y hasta parece estar bien hecha. Pero no se engañen, está llena de fórmulas de productores y es engañosa. Dentro de toda esa risa bien lograda y del despliegue de muy buenas actuaciones de los protagonistas, hay un intento por ser más grande que las películas que referencia en sus momentos de mayor libertad.


World War Z

Brad contra los zombies

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Llegando a sus 50, y cada vez más reconocido por su calidad actoral, Brad Pitt ahora se da el lujo de producir pelis en las que él se pueda divertir actuando. Y esto es lo que más se agradece en la apocalíptica Guerra Mundial Z, de Marc Foster. Es como si tantos años de multifacéticos papeles hubieran desembocado en este “juego a ser el héroe de carne y hueso que intenta salvar el mundo”, en pleno auge de películas de super-héroes.

Es también como si Guerra Mundial Z aunara todos esos componentes de producción-tanque de Hollywood, sumando algunos guiños a éxitos actuales (claramente, hay un oportunismo con el apogeo del sub-género zombie que supuso la serie televisiva The Walking Dead) y los dejara en manos del único actor que podía quedar creíble siendo un padre de familia que es llamado a salvar a la humanidad, justo cuando esta se empieza a devorar a sí misma.

El resultado de esta ecuación nos deja, sin embargo, un producto bastante ambiguo, en el que lo único realmente sólido son los dotes actorales de Brad y algún que otro momento bien construido. Como el clímax de la película, que se desarrolla dentro de un ambiente bastante minimalista totalmente opuesto a la magnanimidad de todo el filme.

En los momentos en que el director se juega por humanizar a los personajes, sin importar el valor que le dé a los diálogos (bastante flojos, dicho sea de paso), es cuando la trama es creíble y Guerra Mundial Z se vuelve mucho más disfrutable. Porque Pitt realmente se pone al hombro la trama y deja obsoleto los intentos de producción de hacer que el héroe viaje por todo el mundo para que el espectador se crea que el problema es a escala global, o poner personajes de relleno para que el susodicho no se las sepa todas y parezca menos invencible.

Y aún así, la película nunca levanta vuelo y se queda a mitad de camino en todo. No es ni una peli de acción, ni de terror, ni de aventuras. Es una mezcla fría de todo, queriendo abarcar mucho y apretando poco. No esperen el gore al estilo George A. Romero, ni el frenesí de 28 Días Después, ni la carga dramática de The Walking Dead.

Foster, responsable de obras como Monster’s Ball o Descubriendo Nunca Jamás que últimamente se volcó a hacer basuras de acción como 007: Quantum of Solace y otros desparpajos cinematográficos, nunca se decide a darle una impronta propia a la película, y eso le juega muy en contra, ya que su carrera demostró que cuando se jugó por la humanidad en la dirección de actores logró cosas más que aceptables. En esta película prefiere más el ruido y el choque visual. Y si hay algo que queda demostrado en producciones de zombies, es que se necesita darle humanidad a la historia. Es por eso que Brad Pitt está tan creíble, pero a la vez tan solo, tal y como los guionistas pusieron a su personaje a luchar contra la epidemia zombie.

De todos modos, un buen actor siempre necesita una mala película para mostrar que aún así puede dar algo digno. Y este es el caso de Guerra Mundial Z, donde este actor ya cincuentón hace las mil y una, y es creíble solo porque pareciera estar divirtiéndose mientras salva al mundo.

Man of Steel


Super-Mesías

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta


El Hombre de Acero es la película sobre Superman que faltaba en el DC Universe para comenzar el camino a ese súmum que sería – según los rumores – La Liga de la Justicia, así como Marvel lo hizo con Los Vengadores (2012). Como en el mundo de las novelas gráficas, la competencia se instaló también en el cine, después del fracaso que supuso Superman Regresa (2005), y ahora tienen un producto digno con el cual pelear además de la ya finalizada saga de Batman, dirigida por Christopher Nolan, quien en esta ocasión se pone en el rol de productor.

Si se la ubica en este contexto, la película dirigida por Zack Snyder no está nada mal. Introduce muy bien al personaje (de forma excesiva, pero lo hace) en lo que será la primera de tres películas de esta franquicia, tiene efectos especiales excelentes, y está llena de estrellas que redondean el concepto de tanque absoluto hollywoodense.  Ahora, ¿esto la hace una buena película en sí? No necesariamente.

Porque la historia, como dijimos, necesita introducir tanto todo el universo, que pierde demasiado tiempo. Si a eso sumamos la excesiva poética que buscó el director de Watchmen (2008) en todos esos planos-detalle y la retocadísima fotografía, llegamos a la mitad del filme hastiados de tanto drama, flashbacks y búsqueda interior para explicar el devenir de Clark Kent. ¿Tan difícil era contar la vida del kryptoniano? Se complicaron demasiado.

La película se hace larga. Muy larga. Tal es así, que cuando llega todo el clímax en el tercer acto, ya es más como un trámite para finalizar la trama. De hecho, la batalla final está muy bien filmada (sobre todo por el 3D), pero hasta parece agregada como si en los estudios hubiesen notado que faltaba acción. Todo se resume en un final abierto, típico de la tinta de Nolan y David Goyer, en que se hace un guiño con el espectador para generar empatía, como si eso aplacara todo el tedio anterior. Tres cuartos de la película son casi soporíferos, pero el peso que nivela la balanza para la calidad de la película, por suerte, recae en todo el efectismo despampanante del último acto. Cada uno dirá si eso es positivo o negativo.

La música, otro elemento de solemnidad necesario en las producciones de Nolan, vuelve a estar a cargo de Hans Zimmer (sí, ante el éxito de Batman, Warner quiso repetir la fórmula casi a rajatabla). El alemán logra una partitura espectacular, pero ya se está repitiendo un poco. Si bien la música en la película no deja de ser intensa, hay bastante de El caballero de la noche asciende (2012) y El Origen (2010) en ciertos pasajes, por lo que por momentos se extraña la particular e inigualable banda sonora que John Williams hizo para las películas protagonizadas por Christopher Reeve.

Las actuaciones están bien, todas. Incluso el no-muy-conocido Henry Cavill no lo hace mal en el papel protagónico. Pero, nuevamente, el problema es que todos quedan atrapados en la nube de drama que impusieron Nolan y Goyer. Russel Crowe roba cámara como nunca, haciendo de un Jor-El que es una suerte de conciencia-deidad que controla las acciones de los personajes implicados, aun cuando en el comienzo del filme ya tiene una secuencia en la que se luce como personaje clave.

Y aquí entra la duda de si era necesario el tono religioso en una película que pone a un alienígena con súper poderes como si fuera un Mesías, con llamativos paralelismos hacia la figura de Jesucristo. Superman tiene 33 años, intenta representar la fe en los humanos incluso cuando es rechazado (y varias veces casi asesinado) por ser considerado superior. Hasta su cuerpo adquiere la figura del Cristo crucificado antes de dirigirse a una escena en particular. Eso, sin contar la parte en que Clark Kent entra a una iglesia católica a pedir consejo de un cura antes de tomar una decisión trascendental. “Él será como un dios para ellos”, dice Jor-El en un momento.

¿Era necesario hacer eso, Nolan, Snyder y Goyer? Bueno, uno se hace esta pregunta bastante a lo largo de todo lo que dura El Hombre de Acero.

lunes, 25 de febrero de 2013

Django Unchained


Título: Django Unchained
Dirección: Quentin Tarantino
Guión: Quentin Tarantino
Género: Drama, Aventura, Western, Comedia
Duración: 165 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson, Kerry Washington


Divertimento que huele a lo mismo de siempre

Resulta triste la idea de que un director haga películas prescindibles, o un cine innecesario. Esa sensación tengo con Quentin Tarantino, un realizador que tuvo su época de gloria en los 90, y ahora pasa el tiempo referenciando a sus influencias y auto-homenajeándose constantemente, como pasa con Django Unchained (2012). La película tiene una primera hora divertida y muy lúcida, pero no encuentra el camino hacia un cierre digno, a pesar de que el reparto sostiene con carisma una nueva locura del director de Pulp Fiction. 

La música, los títulos y los efectos de sonido evocan (o intentan hacerlo) a los spaghetti western con los que Tarantino creció, y de hecho en sí toda la propuesta es un homenaje a las películas de Django, empezando por la de Sergio Corbucci en 1966. Sin embago, el resto es más de la impronta tarantinesca: inmensas conversaciones que no van a ninguna parte, hemoglobina en exceso (ya casi a un nivel patológico) y constantes citas o referencias al género en sus años de gloria, o peor, a su propia filmografía.
Si en su anterior obra, Inglorious Basterds (2009), a pesar de todos estos componentes tenía cierta originalidad en su propuesta, cierto aire a libertad artística que lo hacen un realizador respetable a nivel mundial, en Django Unchained todo eso no se ve, a pesar de que el creador de Kill Bill logra un relato sobrio en tres cuartos de film, una narrativa que se sostiene por sí misma, sin necesidad de clichés ni collages cinematográficos. 

Y en realidad ahí entra la pregunta de qué sería de esta película sin Christoph Waltz, quien se adueña de la pantalla porque Jamie Foxx no soporta el peso de su personaje ni de lo que le pide el ambicioso guión de Tarantino (el cual fue escrito pensando en Will Smith, pero este rechazó la propuesta) y porque sencillamente es un actor maravilloso, con esa elocuencia que en realidad no sabemos si viene del escritor o de su propia dialéctica tan prolija (lo que se confirma con tan solo ver una entrevista suya o alguna aparición pública donde abra la boca para decir "buenas tardes" haciendo valer cada letra). Lo mismo va para Leonardo DiCaprio, quien está asombroso en su papel, en una de sus caracterizaciones más anticipadas y esperadas de los últimos años. 

Los mejores momentos de la película son los que toman tintes cómicos, donde surge toda la espontaneidad. Así se destaca la participación de Jonah Hill, quien le da un toque particular (como en todo lo que hace) a sus pocas líneas en una escena lo suficientemente hilarante como para zafar de la parodia fallida a ¿los albores del KKK?

Quizás lo mejor de Tarantino es que como director sabe usar lo que tiene. De ahí su éxito en la taquilla y su aceptación con una crítica cinematográfica que ya cada vez lo adula más (con menos motivos) por tradición. El director optimiza sus ideas con repartos muy fuertes, y no deja escapar ni un sólo detalle. Rescatamos así como ejemplo un accidente que tuvo DiCaprio en cámara durante una escena clave (la mejor, tal vez, en toda la película), en la que terminó con su mano cortada, y que el realizador aprovechó como recurso estético y de caracterización, aunque, por supuesto, el mérito es más de DiCaprio, por aguantar ese traspié y usarlo para improvisar.

Aún así, Django Unchained no deja de ser un ejemplo más de la gratuidad creativa por la que atraviesa Tarantino, y se coloca entre sus trabajos más difíciles de definir. Quizás esté entre lo peor que haya hecho, aunque se pueden rescatar cosas positivas. Es un divertimento, que en su mayoría está bien narrado (eso sí, en el último acto, todo es una porquería, exceptuando la aparición del propio director haciendo un breve papel), pero el producto final es poco convincente. Una película irregular, que trata una temática muy rica con mucha pobreza, sobre explotando una temática vigente en sus últimos cuatro opus en pos de la orgía visual que busca siempre y del espectáculo de efectismos dramáticos (algunos usados de forma excesiva, rozando el melodrama). 
A Tarantino se le empezaron a ver los hilos. 


jueves, 31 de enero de 2013

Zero Dark Thirty


Título: Zero Dark Thirty
Dirección: Kathryn Bigelow
Guión: Mark Boal
Género: Drama, Historia, Thriller
Duración: 157 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Jessica Chastain, Jason Clarke, Mark Strong, Joel Edgerton, Kyle Chandler, etc


En la guerra todo vale

La directora recientemente oscarizada, Kathryn Bigelow, vuelve a explorar el cine bélico con tintes dramáticos con este thriller político que narra los intentos de la CIA por dar con el paradero del terrorista Osama Bin Laden, líder de la organización Al-Qaeda. El film, que ha dividido las aguas entre los moralistas y los tecnicistas tanto en el panorama político como cinematográfico, carece de solvencia para contar una historia que termina evaporándose en el clímax, que se devora al resto del flojo guión como si fuera un agujero negro, haciendo innecesaria casi una hora de duración.

Toda la transgresión que Bigelow había logrado con su cámara intimista y brutal en The hurt locker (2009) ahora queda resumida a una filmación muy elocuente y prolija, pero que para nada habla bien de una buena dirección. Este opus se luce en montaje y el aspecto fotográfico (la "noche" final está brillantemente fotografiada), así como también en el tratamiento sonoro, pero no convence en la condensación de todos los aspectos.

Resulta ser que, nuevamente, la directora está obsesionada con intentar ser neutral (una de las mayores falasias y metas imposibles del arte), y termina dividiendo a su película en dos partes muy desiguales, con mensajes evaporados: por una parte, la misión de esa supuesta fuerza única e inigualable a nivel global que mostró siempre Hollywood que es Estados Unidos, en su persecusión a uno de los hombres más buscados en la era contemporánea (el film se presenta como "la más grande cacería humana en la historia"), y por otro, el mensaje de ¿denuncia? sobre los métodos que implementa la CIA para conseguir sus objetivos, sin importar qué ni cómo. 
Así, sólo terminamos quedando complacidos con una arrolladora actuación de la excelente Jessica Chastain, con su maquiavélica transformación en pos de la obsesión que implica encontrar al objetivo, pero en el medio nos tenemos que aguantar una hora demás en el metraje, que solo sirven para cargar de pérdidas y nuevos retos a la protagonista.

La historia, insistimos, está muy bien filmada, pero no bien contada. Sin dudas, a estas alturas los dotes detrás de cámara de Bigelow son indiscutidos, aunque no así su mensaje. El dudoso mensaje final de The hurt locker, bajo la aún más dudosa investidura de la neutralidad política, ahora se repite en un film que tiene un final agarradísimo de los pelos y que carece completamente de desarrollo de personajes.
Mientras Bigelow intenta mostrar íconos de la historia reciente en este accionar de los Estados Unidos y su Casa Blanca (aparece Obama siendo consultado por las torturas de la CIA, pero nunca siquiera se hace una alusión a Bush hijo), se olvida de darle vida y conexión a los protagonistas de la cacería, provocando que el desenlace de la historia quede en manos de un montón de bits (salvo la inexplicable inclusión de Joel Edgerton, que tiene a lo sumo 30 minutos en pantalla y no más de cinco líneas de diálogo) y extras que no llevaban ni un cuarto de metraje apareciendo en pantalla. Si así pretende que el público afiance su relación con los personajes del guión, está en el camino equivocado...

Por último, y siguiendo con las carencias del guión, nos encontramos con el objetivo cumplido (vamos, no es spoiler, todo el que viva en la Tierra sabe que al final de la peli muere Bin Laden) y una resolución que no alcanza el súmum necesario, ni el tratamiento de la historia lo suficientemente valiente. Es más, la directora ni siquiera (para solventar el problema mencionado de los personajes en el clímax) se anima al montaje paralelo para permitirnos estar "gozando" del logro junto a la protagonista, que queda diluída en el intento de retratar a toda una nación en su porvenir. 
No. Todo queda resumido a una secuencia -muy bien lograda, no lo vamos a negar-, muy violenta y magnificada por la ausencia de banda sonora. Muy efectivo, pero muere en un final inconcluso e inconexo.

En definitiva, Zero Dark Thirty (2012) posee todos los artificios para una narración cargada de factores efectivos (bombas inoportunas, edición de sonido exagerada, y un gran pulso narrativo por parte de la directora), pero no logra su cometido porque está demasiado preocupada por la neutralidad y la objetividad, descuidando así un elemento muy importante en este tipo de dramas: la catársis del protagonista.
Un producto hecho para los premios.

domingo, 19 de agosto de 2012

Project X

Título: Project X
Dirección: Nima Nourizadeh
Guión:Matt Drake y Michael Bacall   
Género: Acción, Crimen, Drama
Duración: 88 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Thomas Mann, Oliver Cooper y Jonathan Daniel Brown


La casa y la vida por la ventana

En un mundo no muy lejano, en el que los dioses son cuatro o cinco personas contratadas para escribir un guión para un director satélite de la industria (una en la que los productores están muy por encima de los realizadores, por muchos logros personales que estos últimos tengan), yace un concepto, un ideal. Sea cual sea, escapa a toda intención de análisis y entendimiento por parte de un espectador de cine que acude a la sala en busca de, como siempre que va para ver una de Hollywood, un poco de entretenimiento.

Pero, por supuesto, también está Project X, del hasta ahora desconocido Nima Nourizadeh, la cual contempla, en pos del ideal que mencionábamos anteriormente, todo tipo de incorrecciones políticas y situaciones cómicas que rozan la pornografía infantil (incluso a veces hasta excediéndola), marcando además nuevos límites de lo que se puede y no se puede ver en la industria del cine.
Por supuesto, esto es arte, y aquí todo vale. Pero no. No en Project X, un producto más de consumo, que intenta abarcar de la forma más trillada que ha traído consigo el Siglo XXI (el infame mockumental), cientos y cientos de estereotipos que no hacen más que reafirmar una verdad incómoda, que está ahí, latente, no en el mundo no-muy-lejano que mencionamos al comienzo, sino en nuestro mundo, el que está fuera de la sala del séptimo arte.

Lo peligroso de obras como estas es la apología, la violencia visual y el mensaje que se da. De por sí, es un film muy inverosímil (sobre todo al promediar los tres cuartos de metraje, cuando la situación se torna tan caótica que ni el genio de Ben Stiller la podría solucionar), que por mucho que trata de castigar a los personajes a modo de corrección moral en un final agarradísimo de los pelos, no logra salvarse de la calamitosidad que fue en sus previos 80 minutos. Pero, indefectiblemente, tiene un mensaje.

Si esto intentó ser una nueva perspectiva a la temática infantojuvenil que sólo la cabeza de Greg Mottola pudo abarcar con soltura (y nobleza) con la obra maestra Superbad (2008), mal por la película. Si intentó ser todo lo contrario, y buscó dar un mensaje flácido sobre dicho tópico con el sólo fin de divertir, mal también. 
Y, tal y como pasa con los acartonados protagonistas (el sacadito que lleva la batuta y se borra cuando las papas queman, el nerd que no se anima pero después -éxtasis mediante- se atreve a todo, y el gordito freaky que enternece la pantalla... todo filmado por un gótico que resulta ser un potencial asesino; y la lista de clichés continúa en un repertorio pocas veces visto), al fin y al cabo, la finalidad es una y sólo una: tirar la casa por la ventana. 


miércoles, 6 de julio de 2011

Insidious

Título: Insidious
Dirección: James Wan
Guión: Leigh Whannell
Género: Terror, Thriller
Duración: 103 minutos
Orígen: Estos Unidos
Año: 2011
Reparto: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Leigh Whannell, Lin Shaye, Barbara Hershey, etc.


Clasicismo para el descarte

(Atención: con spoilers)
Ayer vi Insidious, de James Wan, el encargado de la magistral Saw (2004). La odié tanto que hasta es querible. Una basura de película pero que casualmente después del visionado se hace recordar. ¿Por qué? Por la banda sonora, por el estilo tan berreta que tiene para asustar y porque el director se pasa TODA la película esmerándose por sobresalir, a tal punto que algunos de sus planos lo logran.

La propuesta carece de originalidad, pero tiene una constante intención de ser diferente que, cuando menos, es valiosa. A veces es inevitable reir con algunos pasajes del guión, como la catarata de clichés que posee, o el momento en que se da un hito en las frases más estúpidas en la historia del cine de terror: "¿Crees que la casa esté embrujada?" Marche un manual para hacer libretos para Leigh Whannell. Por cierto, este último tiene una pequeña participación, en la cual está irreconocible.

Y si a todo eso le agregamos el nombre de Oren Peli en la producción (Peli dirigió Paranormal Activity, 2007), tenemos cartón lleno. Son los mismos de siempre intentando que el público devore los mismos conceptos, la misma estética y los mismos plots. Siempre va a haber niños-espíritu correteando por la casa, sesiones de espiritismo (Wan no evita su estética surrealista cuando intenta shockear visualmente, véase la máscara de la anciana), y conflicto matrimonial a causa de las confusiones que generan los acontecimientos extraños. Pero, encima, esta vez hay desenlace sorpresivo (si a eso se le puede llamar sorpresivo) y hay Barbara Hershey desaprovechada a más no poder.
El collage visual pasa por atmósfera a lo Stephen King, súmums sonoros a lo Von Trier y malas actuaciones a lo Ivan Reitman.

Insidious (2011) es de esas cintas que los aficionados al género amarán, pero que los críticos y los consumidores compulsivos descartarán en pocos instantes. Se queda en un punto intermedio por el intento de hacer algo distinto, aunque -están advertidos- no le sale. Sólo rescato la banda sonora y algunos movimientos de cámara innovadores que Wan usa para no menospreciar la utilización de los espacios hogareños. Espacios que, no, Patrick Wilson, no están embrujados.



martes, 19 de abril de 2011

Los ojos de Julia

Título: Los ojos de Julia
Dirección: Guillem Morales
Guión: Guillem Morales, Oriol Paulo
Género: Terror, Thriller
Duración: 112 minutos
Orígen: España
Año: 2011
Reparto: Belén Rueda, Lluis Homar, Pablo Derqui, Francesc Orella, etc.


Cuando la pretensión es la que ciega

Tener un departamento fotográfico espectacular, contar con el apoyo de Guillermo del Toro, tener a la deslumbrante Belén Rueda como protagonista, y tener una mega distribución. ¿Qué más puede pedir un cineasta? Lo cierto es que este fulano, Guillem Morales, no se conforma. A él no le basta todo esto, y eso lo deja ver en Los ojos de Julia (2011), un thriller pseudo terrorífico que posee tantas pretensiones que se ciega (cuac) a sí misma.

Todo empieza muy bien. Demasiado bien. La película va como una montaña rusa a la cúspide del entretenimiento bien logrado, cuando de golpe y porrazo derrapa maliciosamente hasta tener una leve subida en la escena mejor lograda de todo el film, en el departamento del asesino.

La ya mencionada fotografía es genial, pero no logra conectarse con la historia y su clima tan impaciente. Morales quiere que nosotros estemos desesperados por la paulatina pérdida de la visión de Julia (doble rol de Rueda, en una excelente interpretación para cargarse la peli al hombro), pero su personaje no muestra desesperación. Morales quiere que nos asustemos con sus efectismos, y no se aviva en ponerle más humanismo al asunto y menos plots zonzos como amoríos agarrados de los pelos y extrañas explicaciones filosófico-existenciales sobre la psiquis del indocumentado asesino.
En resumidas cuentas, Morales quiere que nos fumemos Los ojos de Julia como si fuera una buena película, y lo cierto es que no lo es. Es sólo un buen intento del cine español por hacer algo diferente (como siempre, lo cual es loable), pero que -también como siempre- termina cayendo en parámetros del mainstream como el horrible final de la historia.

Los personajes no son creíbles; la música es buena pero intrusiva; el guión es malo; y la dirección llena de subjetivas para narrar está bastante bien, aunque por momentos es extraña: ésos son algunos de los matices que definen a esta propuesta fallida y aburrida. Cuidense de no dormirse en una de escenas malogradas en que todo queda a oscuras (porque, por si no se dieron cuenta, a pesar de las inagotables subjetivas, la actriz lleva una venda, y no ve) y el sonido hace su trabajo. Y cuidense de no ser pillados desprevenidos al darse cuenta que hay muchos personajes a los que casi nunca se les ve la cara, porque nosotros también tenemos que ser ciegos y no tenemos que ver muchas cosas. Entonces, ¿cómo acompañamos al personaje principal en su proceso? Bueno, este es un ejemplo de cómo no hay que usar el recurso de igualdad de condiciones para el personaje y el espectador. He ahí la falla básica, por eso es mala.

miércoles, 6 de abril de 2011

Rango

Título: Rango
Dirección: Gore Verbinski
Guión: John Logan, Gore Verbinski y James Ward Byrkit
Género: Animación, Aventura, Comedia
Duración: 107 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2011
Reparto (voces): Johnny Depp, Isla Fisher, Timothy Olyphant, Abigail Breslin, Ned Beatty, Alfred Molina.


Flik + Mr. Fox + homenaje a Blondie = Rango

Dicen que las viejas fórmulas nunca fallan. Parece que sí. Rango (2011) es un mejunje de ideas sacadas de películas animadas exitosas, o cuando menos originales. Estamos hablando de pequeños matices o detalles que hicieron a un todo en los títulos que pronto citaremos, que los destacaron como films de culto.

Se trata de A Bug's Life (1999) y The Fantastic Mr. Fox (2009): por un lado tenemos la esencia argumentativa de la segunda cinta de Pixar, y por otro las caracterizaciones del último film de Wes Anderson, ligado a lo grotesco y lo feo como intentos de emparejamiento con la noción de común.

Rango falla por predecible -aún cuando esas lechuzas, que tranquilamente pueden pasar por los ratoncitos de Babe (1995), insistan con el hecho de que el protagonista se termina muriendo-, por una trama acartonadísima, que se mezcla como un verdadero forastero con un claro y decente intento de originalidad estética, apoyada en la colaboración del mítico Roger Deakins en la supervisión cinematográfica de las animaciones y su puesta en escena tipo western.
Lo único rescatable es el intento de reivindación de aquel género, con su súmum en el personaje del Espíritu del Oeste, que -damas y caballeros- es nada menos que Clint Eastwood haciendo de Blondie en Il buono, il brutto, il cattivo (1966).

La cinta experimenta, prueba por aquí, por allá, y no encuentra su lugar en el mundo. El protagonista, ese camaleón tan perturbador como para la imagen de un personaje principal en un film que ¡pretende ser para niños!, tranquilamente puede ser un fiel reflejo de la película en general. Rango -título y personaje- no sólo no se decide entre el público infantil y el adulto, sino que apuesta al shock visual como elemento de originalidad, como la innecesaria aparición de Roadkill, el puercoespín que aparece casi partido al medio en plena autopista.

Ni por sus idas y vueltas, ni por su intento de comedia negra, ni por la calidad de la animación: nada justifica soportar las impresiciones e indecisiones de una película semejante. Por su obviedad narrativa, por su cliché llamado Johnny Depp (actor que, lamentablemente, si no elige mejor sus papeles se viene en picada), y por su casi-plagio a caracterizaciones como el topo ladrón (un auténtico 'choreo' al film en stop motion de Anderson) o el mismo protagonista, que tranquilamente podría ser Flik de A Bug's Life, no vale la pena gastar tiempo y dinero en Rango.


lunes, 23 de agosto de 2010

Te extraño

Título: Te extraño
Directores: Fabián Hofman
Guión: Diana Cardozo
Género: Drama
Duración: 105 minutos
Orígen: Argentina, México
Año: 2010
Reparto: Fermín Volcoff, Martin Slipak, Edda Díaz, Luis Ziembrowski, etc


Little Montonero, o lo que queda de éste

Raras formas suele presentar el cine argentino a la hora de intentar plasmar una idea concisa respecto a una situación que tranquilamente, y por los ánimos revanchistas que caracterizan a los años actuales de nuestro país, puede ayudar a caer en lo monotemático. Cuando claramente está a la vista el peligro de ensuciarse las manos con más de lo mismo, ahí está el "nuevo cine argentino" (ya fue eso, gente) siempre firme en su postura de desmantelar la realidad de una manera cruda o desinteresada (en el buen sentido de la palabra) para contarnos una historia, de nuestra historia. Sí, adivinaron, del último golpe de Estado.

Cuando entré a la sala para ver Te extraño, lo admito, no tenía ni idea de con qué me iba a encontrar. Estaba tan cansado por caminar del Abasto a Congreso que ni me percaté en leer la sinópsis. Sólo compré la entrada, y me senté con otros cuatro o cinco personajes de la siesta porteña para disfrutar, o padecer, lo que ante nosotros estaba por materializarse.

Y allí estaba la historia de Javier y su hermano Montonero (bah, los dos son Montoneritos) desaparecido en pleno inicio de la dictadura militar de 1976. Luego viene el exilio, y el letargo (demasiado extendido), las experiencias del crecimiento propias de un adolescente desentendido pero a la vez comprometido políticamente, el sentimiento de orfandad, los experimentos hormonales, y nada más.
Realmente cuesta encontrar algo profundo en un relato tan sencillo y tan fácil de digerir. Es simple, y sin ser cruel con la película de Fabián Hofman: una más sobre los desaparecidos.

La trama no se lleva bien con las imágenes, pero aún así hace lo que puede por llevar el hilo conductor para que el ritmo sea llevadero, aunque no hace falta agregar más a esas frases tan significativas, que bien pueden ilustrarnos las cualidades y las intenciones del film. La mirada de un sapo de otro pozo en medio de una lucha a la distancia, la propia contradicción ideológica que -ojo, cito del guión- "destruyó" la lucha montonera, el sentimiento de desarraigo contrastado por el amor circunstancial (lejos queda en el recuerdo y en la mutación del protagonista su debut sexual en un motel con su amigovia del colegio), y otros tantos matices de Te extraño que no hacen más que completar una pieza de rompecabezas para todas las edades.

No hay muchas lecturas a la vista, salvo algún que otro intento icónico por darnos a entender el indescifrable final (arruinado por el texto que reza la conclusión del autor de manera tan escolar), con el mar traicionero de la bellísima canción (si no me equivoco, la única de toda la cinta) que suena en las últimas secuencias.

Al igual que las peripecias de Javier, encarnado muy correctamente por el jóven Fermín Volcoff, la historia va pendulando en un dramático ir y venir que nunca termina por definirse, o por lo menos apunta a muy poco teniendo en cuenta el penoso final. Para que se entienda en resumidas cuentas, lo que se cuenta es interesante -y muy bien actuado, sobre todo por el prometedor Martin Slipak (que ya nos deleitó como el hijo de Julio Chavez en la serie Tratame bien), Luis Ziembrowski y Edda Díaz-, pero no hay nada por descubrir, no tiene nada para ofrecer. Es un cuento bien contado, muy bien rodado, y que llega al espectador, pero al salir de la sala (téngase en cuenta el tono geográfico que le estoy queriendo dar al artículo) el recuerdo ya no lo lleva de la mano. Te extraño no nos acompaña luego del visionado, se queda ahí, inmóvil.

La temática tan utilizada y explotada, las constantes referencias políticas, los acentos en las diferencias socio-culturales entre la Argentina de Videla y el México de López Portillo y Pacheco, y principalmente el aletargado ritmo, no ayudan mucho a un film que no tiene mucho para ofrecer a pesar de una muy buena realización, con todos los aspectos técnicos sin reproches algunos.
Quizás éste sea un claro ejemplo de que el cine argentino (a pesar de que una vez más es ayudado por otro país para asegurar la trascendencia) aún no encuentra los términos medios. Cuando tiene algo excelente para contar, lo desaprovecha con pobres aspectos técnicos; y cuando logra pulir esto último, no lo condimenta con algo agradable.

Sobre el tema que aborda ya se hicieron muchos otros films que tratan mejor la idea, pero si quieren, hay una bonita relación entre los hermanos, de fidelidad, compañerismo, y sobre todo amor, que vale la pena destacar entre el estancamiento de casi dos horas. Insisto en que basta con el plano final para describir lo que transmite Te extraño. También, la escena en que la tía de Javier entra a la habitación del triste muchachito y éste sólo está tendido en la cama mirando el techo, motivo por el cual la tía le dice "cuando encuentres una grieta en el techo, avísame Javi". Todo dicho.

sábado, 24 de julio de 2010

Kick-Ass


Título: Kick-Ass
Director
: Matthew Vaughn
Guión: Jane Goldman, Matthew Vaughn, Mark Millar (cómic) y John Romita Jr. (cómic)
Género
: Acción, Crimen, Thriller, Comedia
Duración
: 117 minutos
Orígen
: Reino Unido, Estados Unidos
Año
: 2010
Reparto
: Aaron Johnson, Christopher Mintz-Plasse, Chloë Grace Moretz, Mark Strong, Nicolas Cage y Lindsy Fonseca


El muchacho cool que quería saltar...

Antes de empezar a ver la peli, y sin tener cuenta de la existencia del cómic, uno espera otra de las tantas parodias a superhéroes con el que el cine de Hollywood de los últimos 10 años nos ha sabido empachar. Sin embargo, pasados los veinte minutos de metraje, uno descubre que, contra todos los pronósticos y a pesar del típico humor teenager simplista, la cosa va en serio... y es ahí cuando comienzan las confusiones.

Uno no sabe qué es peor en Kick-Ass (2010), si ver a Nicolas Cage disfrazado de vigilante a lo Batman o caer en la cuenta de que se despilfarró tanta calidad técnica para terminar conformando a la masa sobre la marcha (las diferencias con la historia 'orignial' son inmensas). Porque, 1) la dirección es excelente, los efectos especiales también, y las actuaciones puede que también, 2) se nota un claro decaimiento en el argumento una vez que se pasa de la hora de duración, y 3) habrá secuelas... no, me refiero a que habrá una segunda parte... pensaron que me refería a... no, ya es tarde para eso.

Este film dirigido por el adicto a los superhéoes Matthew Vaughn despertó sentimientos encontrados en este servidor, ya que de momentos uno la pasa muy bien con toda la acción que brinda la cinta y por otros quiere acabar como el personaje que aparece al comienzo. Es así, bien ambiguo: pasa del buen gusto en los gags a ser terriblemente estúpida, y de lo creible de la construcción de los personajes a una atroz inverosimilitud que la termina manchando más de lo que parece. No hay que engañarse. Kick-Ass tiene pasta de film cool, bien tarantinezco y con el intento (fallido) de recurrir al estilo de Greg Mottola para que los espectadores se sientan más identificados, pero termina quedando en el camino por culpa de un guión flojito que quizás hubiese sido mejor de no tomarse tan en serio como unidad independiente...

Los freaks enmascarados que empiezan lentamente a levantarse como auténticos superhéroes van minando la pantalla para terminar haciendo a uno pensar "¿esta es la tan buena película qué me recomendó fulano? Me dijo que era re original y que te hacía morir de la risa... ¿me habré equivocado?", mientras ves disparos, mucha sangre y una sutil (por qué no habríamos de reconocerlo) inclinación por el bizarre o el gore para describir ciertas escenas.

Párrafo aparte se merecen los personajes. Tenemos a Hit-Girl, que ya pasará a ser de culto, para muchos, con una grandiosa actuación de la prometedora Chloë Moretz; a McLovin... perdón... a Christopher Mintz-Plasse, siguiéndole los pasos en calidad actoral; a la preciosa Lindsy Fonseca robándose la cámara con ese par de ojos impresionantes; Cage haciendo el ridículo; y por último, el protagonista, Aaron Johnson, que empieza bien, hasta que le agarra el huracán "cursi" del guión y se termina queriendo parecer a Daniel Radcliffe y todo se va al muere total.

Para ir cerrando, cabe mencionar que la película tiene su mérito por construir su propio eje narrativo a base de hechos exclusivamente del guión, sin intentar inmiscuirse en fanfarronerías políticas como sí hicieron otras parodias autodeclaradas como verdaderas parodias. Porque, si uno deja de lado el absurdo final, Kick-Ass no es más que una parodia malograda que sobre la marcha cayó en la cuenta de que podía valerse por sí misma, armar una historia propia, y -quién te dice que no- hasta quizás tener su propia legión de admiradores que irán por las calles disfrazados como superhéroe y terminar como el de la escena de la emboscada con la limusina en el callejón.


viernes, 16 de julio de 2010

A single man

Título: A single man
Director: Tom Ford
Guión: Tom Ford, David Scearce y Christopher Isherwood (novela)
Género: Drama
Duración: 99 minutos
Origen: Estados Unidos
Año: 2009
Reparto: Colin Firth, Julianne Moore, Nicholas Hoult, Matthew Goode y Jon Kortajarena


Los colores del ocaso

No vamos a hacer hincapié en la transición del prestigioso diseñador de moda, Tom Ford, a director de cine, pero sí vamos a consignar lo desilusionante que fue para este servidor el toparse con una de las grandes cuentas pendientes del 2009.

Ok, fallamos en obviar esta película en la selección oficial de lo mejor del año pasado, pero tampoco le erramos tan feo. Quizás su excelente fotografía (que aún así no está a la altura de otras que valoramos desde aquí) merecía una mención aparte, o la monumental caracterización de Colin Firth. Pero el guión y la película en sí -un dramón tedioso sobre las últimas horas de vida de un hombre que se autorecluye de la sociedad por ser un viudo homosexual (¿?)- deja muchísimo que desear a la hora de poner en la balanza lo que nos deja esta obra.

Para empezar, nos quedamos en la injusta pero (por qué no) importante valoración del diseño: encontramos un apartado técnico excelente, pulcro, ubicado y bien trabajado en cuanto a la ambientación (al parecer, la historia se centra en los '60), un diseño de vestuario muy bueno, musicalización bellísima y, lo mejor, la fotografía.
Ésta última merece un punto aparte, ya que el trabajo psicológico que encabezó Eduard Grau no se puede dejar pasar por esa curiosa forma de transmitirnos las emociones de George (Fith) cuando éste recurre al lagrimón o al flashback explícito. O cuando recibe una bofetada abstracta de su amiga (llamativa participación de Julianne Moore, pero que dejó indiferentes a muchos), en la única escena rescatable de la película, en la cual el protagonista se reúne con su compañera/amante/exnovia para eructar todas las emociones y reacciones de su ser.

La construcción de los personajes desborda lo obvio. La pareja difunta, que provoca que seamos participes del duelo eterno, el chiquilín drogón que quiere ser como el referente de sus ideales, la amiga que quiere "convertir" a su amigo, los padres ausentes, y esa importante aparición de un tal Carlos, un hispano que -a pesar de estar bien actuado- embrutece aún más la estética de un tema desaprovechado por Ford en una escena que tiene como único elemento querible los colores del cielo moribundo (paralelismo con el personaje principal). El resto, frases hechas y mucho drama con violines...

A single man (2009) puede ser una propuesta amada u odiada. Acá no hay términos medios. Y disculpen lo categórico que puede ser este artículo, pero la opción dos es la que más se adecua para definir a una cinta que se la pasa más intentando ponerle el color ideal a una historia acartonada, tediosa y melodramática, que aprovechar la profundidad que logra concebir un reparto que se tomó más en serio de lo debido este luto de no más de una hora y media.

viernes, 4 de junio de 2010

Iron Man 2

Título: Iron Man 2
Director: Jon Favreau
Guión: Justin Theroux, Stan Lee (cómic), Don Heck (cómic), Larry Lieber (cómic) y Jack Kirby (cómic)
Género: Acción, Aventura, Ciencia Ficción, Thriller
Duración: 124 minutos
Origen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Robert Downey Jr., Don Cheadle, Scarlett Johansson, Gwynett Paltrow, Sam Rockwell, Mickey Rourke, Samuel L. Jackson, Jon Favreau y Paul Bettany


Propaganda de acero

Comienza la película y lo primero que escuchamos es la declaración polémica del excéntrico Tony Starks en la secuencia final de Iron Man (2008). Luego tenemos a Mickey Rourke llorando en ruso la muerte de su padre y comenzando un plan para vengar al tipo que apareció haciendo demagogia paramilitar en la tv. Siguiente escena, secuencia de caída libre en la noche junto a nuestro superhéroe con la música de AC/DC de fondo. ¿Cuánto más cool puede ser Iron Man 2? Con esa introducción te compra y te deja sentado en la butaca hasta el último tramo de los créditos (porque uno sabe que si hay algo que Pirates of Caribbean nos enseñó es que, para entender la secuela, hay que prestar atención a lo que sucede después de los créditos finales).

Pero no, el ritmo decae. Jon Favreau, por muy bien que le quede el papel de choffer todo-terreno que encima sabe pelear contra guardias re malos, vuelve a caer en la tónica del "bla bla bla + un par de secuencias de acción que despilfarren CGI = público contento" para repetir la fórmula que a muchos les agradó (servidor no se incluye) en la primera entrega de ésta, que parece ser una serie televisiva con presupuesto cinematográfico, sin contar el reparto de lujo ya tirando a Dream Team que tiene.

El guión no es malo. El problema es que tantos personajes nuevos, tantas subtramas, tanto rollo matrimonial entre Robert Downey Jr. y Gwynett Paltrow, y tan poca acción a la Marvel, hacen de la película una desilusión total. Seamos honestos queridos lectores, ¿qué quieren ir a ver a la sala cuando eligen pagar por ver Iron Man 2?
1) Acción, buenos efectos visuales, y apartado técnico que avale y haga creíble eso que uno quiere ver.
2) Cómo la historia va tomando tintes de serie con el único fin de que todos después queramos ir a ver Thor (2011), Captain America: the First Avenger (2011), Nick Fury (2012), The Avengers (2012), y toda la línea de la saga Marvel Comics, para después decir "wow, que bien que engancharon las tramas".
3) Un puñado de buenos actores haciendo lo que saben hacer, o, como en el caso de Samuel Jackson o Sam Rockwell (excelente en su papel), viendo qué tanto le pueden aportar con su talento a una historia que si no fuera por el reparto y la maquinaria propagandística sería una porquería total.

Estas tres opciones encontrarán en Iron Man 2, pero sólo ustedes podrán determinar qué tan satisfecchos les dejó la propuesta una vez se decanten por una de las tres. Yo fui en busca de la Opción 1, más el repunte luego de una primera entrega que me aburrió bastante, y me encontré con una secuela que -para variar- es peor que la anterior y que sólo está como trampolín para otras películas, incluyendo obviamente Iron Man 3.

Ni vamos a mencionar toda esa filosofía barata de que Starks quiere el mundo en paz, o como él dice "privatizar la paz mundial", ni de lo caricaturizado que está el ejército y el Senado estadounidenses para el lucimiento de "los buenos" (ok, todos coincidimos en que son unos payasos, pero tampoco mostrarlos así en la pantalla), ni de lo buena que está con el traje negro Scarlett Johansson (más radiante que Jessica Alba en Fantastic Four), ni de que a esta altura Downey Jr. ya se merece una terna para él sólo en las entregas de premio por la calidad histriónica con la que salva sus papeles dentro de cintas desdeñables (la escena de la fiesta, la borrachera, lo consagran como el actor más versátil del mundo en la actualidad). No, ese no es el mundo que vivimos día a día. Iron Man es un cómic, y la película le rinde pleitesía. Punto final. No buscar nada más porque todos los elementos externos son pura campaña marketinera. Perdón Favreau, pero ¿te das cuenta que no me trago ni un pelín tu película a pesar de que me encanta el apartado técnico?


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