Mi documental "A Fanatic By Choice"

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miércoles, 13 de agosto de 2014

Descubriendo a Matt Piedmont

Piedmont (al medio) dirigiendo en uno de sus tan particulares mini-sets
Hace 10 años, más precisamente el 9 de julio del 2004, el cine estadounidense daba a luz una obra maestra que dio a conocer a un nuevo genio llamado Adam McKay. Su ópera prima, Anchorman: The Legend of Ron Burgundy (producida por Jud Apatow), cambió la comedia para siempre y dio lugar a un sinfin de actores talentosos que hoy son mega-estrellas de Hollywood. 
Desde entonces, McKay se alió al alma máter de Anchorman, Will Ferrell, y formaron una dupla que fue la piedra angular de lo que después se conocería como la Nueva Comedia Americana (con otros referentes como Jud Apatow, Ben Stiller, Wes Anderson, etc). Juntos, crearon ese planeta virtual llamado Funny or Die, inspirados en sus raíces de Saturday Night Live, y continuaron trabajando (desde el guión y la producción) en los siguientes trabajos de McKay detrás de cámara. En ese aluvión de creatividad se consolidó la productora Gary Sanchez Productions, con la cual estuvieron detrás de todo tipo de ocurrencias y experimentos que perfeccionaron y sirvieron como alternativa para lo que Hollywood produjo desde la comedia en los años venideros. 

En ese contexto, dieron a luz a un "hijo" llamado Matt Piedmont, también crecido del árbol de Saturday Night Live (como guionista de más de 100 episodios entre 1996 y el 2002), quien debutó como realizador cinematográfico con el corto Brick Novax's Diary en el 2011. Este film de 14 minutos, hecho con maquetas y muñecos, además de darle el Premio Especial del Jurado en la sección de cortometrajes del Festival de Sundance, sentó las bases en lo que sería su estilo narrativo en sus siguientes trabajos más importantes.
En él vemos a Brick Novax, ya de viejo y a punto de morir, narrando su vida en cuatro tapes grabados en cinta. La peculiaridad de sus hazañas rozan el absurdo por su grandilocuencia, pero tenemos claro que fue alguien muy particular, marcado por el jazz y malas decisiones amorosas, así como también una ideología y filosofía que lo guió a lo largo de su extravagante vida. Extrañas puestas de cámara y el absurdo como tono imperante marcaron la tendencia a lo que vendría después. Por lo pronto, más de una publicación y festivales lo pusieron como uno de los principales directores a prestar atención en adelante. Matt no defraudaría.

No fue hasta el 2012 que Piedmont debutó con un largometraje, Casa de mi Padre. Si en la última década hay una película que merece ser catalogada con esa frase hecha, "algo nunca antes visto", es esta. Una sátira a las telenovelas latinas y los spaghetti westerns de Sergio Leone y Clint Eastwood, con Will Ferrell metido en el medio, hablando español durante toda la película, junto a co-protagonistas de la talla de Gael García Bernal y Diego Luna. 
En el proceso, junto a pasajes musicales exquisitos (que incluyen al Puma Rodriguez cantando durante una boda) y un baño de hemoglobina y tiros, algo se destaca: la idea del cine dentro del cine, hecha gag. La intención de develar constantemente el artificio cinematográfico es uno de los objetivos mayores para un Piedmont que hace reir filmando adrede errores groseros de continuidad y raccord, problemas de edición, utilería muy precaria y registros de actuación exageradísimos, pero con una calidad plástica asombrosa. Es así que, por ejemplo, nos podemos topar con una situación normal, como un diálogo, lleno de errores a nivel formal pero hechos con una fotografía increíble y una gran originalidad en la puesta de cámara. Además, como pocos en su género en la actualidad, Piedmont hace reir con el montaje. Un montaje, por cierto, muy retocado con elementos de la publicidad (en la que el realizador tiene una vasta experiencia) y el videoclip. El resultado final es una genialidad desopilante en la que, como logró en su momento McKay con su ópera prima, disfrutan tanto los que están delante de cámara como los que están detrás, además de los que están frente a la pantalla. 

Pero no queda ahí: Casa de mi Padre además se permite dar una perspectiva política sobre el eterno conflicto fronterizo entre Estados Unidos y México, con una sutileza impecable. Si a una trama de narcos y amores no correspondidos le agregamos el mensaje que se da sobre los prejuicios de los norteamericanos hacia los mexicanos, nos damos cuenta que Piedmont no está para la risa fácil. 

Dos años después, llegamos a este año, con Piedmont volviendo a la televisión, donde se forjó como un narrador muy particular y respetado por sus pares (tanto como guionista de SNL -desempeño que le valió un Emmy- como director de varios episodios de la serie Carpet Bros, así como también un extraño experimento de largometraje televisivo titulado The Joe Buck Show). El proyecto, nuevamente con la factoría Gary Sanchez apoyándolo y Will Ferrell dispuesto a desplegar todo su talento inigualable en pantalla para darle vida al producto, esta vez fue la mini-serie The Spoils of Babylon. Otra obra inclasificable que abarca muchísimos registros y subgéneros para valerse del fin último: reirse del artificio cinematográfico.

"Hollywood, donde los sueños se hacen realidad, salvo que te atrevas a soñar con algo audaz y original", dice Eric Jonrosh, el personaje que encarna Ferrell, al comienzo de uno de los seis episodios. La crítica a la industria hollywoodense se hace palpable en esta mini-serie que cuenta la historia ficticia de un falso best-seller escrito por Jonrosh (quien presenta cada capítulo con un epílogo y un prólogo que se roban todas las risas, con él simplemente sentado en un restaurant vacío tomando mucho vino y rodeado de extravagantes lentes viejos de cine), filmada a la manera de los "TV events" de los 70 y 80 en Estados Unidos, y contada por su escritor y director a modo de constante contexto para remarcar lo difícil que fue encarar un proyecto de ese tamaño (supuestamente el director's cut duraba 22 horas) dentro de la esquemática Hollywood. 
Pero más allá de ese mensaje, hay algo que escapa a cualquier análisis, y es una épica trágica de un tono dramático impecable, revestida con el humor ya característico de McKay y Ferrell, aunque ahora visto a través del lente de Piedmont. Este último recurre a ciertos elementos de Brick Novax's Diary (el personaje moribundo narrando su vida en una cinta; la excentricidad y grandilocuencia del protagonista) para apoyarse en un nuevo experimento de comedia, en el que se juega constantemente con los límites entre historia y relato y se hace del artificio berreta un gag constante. Todo esto interpretado por un elenco de primer nivel: Tobey MaGuire, Tim Robins, Kristen Wiig (que fue nominada al Emmy por su actuación), Will Ferrell, Val Kilmer, Haley Joel Osment, etc.
Como en Casa de mi Padre (y todo Brick Novax's Diary), los planos usados para transiciones o de manera narrativa para hacer un pase a otra escena se hacen en maquetas a escala y con muñecos que se notan perfectamente. Es así que tenemos un vehículo viajando por la ruta y, en vez de ser filmado con una toma aérea y en un gran plano general con locaciones verdaderas, podemos notar perfectamente el autito de juguete tirado por un hilo en medio de una escenografía del tamaño de una mesa. A eso agregamos la constante tendencia a incorporar maniquíes como personajes: desde notorios extras hasta el extremo de uno que hasta tiene diálogos.

Genialidades como estos detalles se suman a una forma única de narrar las escenas de sexo: en Casa de mi Padre tenemos quizás la versión más bizarra, extraña e incómoda de filmar un encuentro sexual, solo teniendo planos cortos de los culos de Will Ferrell y una mujer (que de a ratos, por supuesto, se convierte en un maniquí), mientras que en The Spoils of Babylon tenemos las etapas del acto sexual representadas con falsas tapas de discos de jazz y sus títulos ("Almost there!", "Moans in the night", "Ecstasy!", etc). Más y más genialidades.

Todas esas ocurrencias, sin embargo, están mostradas desde la proeza de la cámara, con un detallismo increíble y una belleza plástica conmovedora, que muchas veces deja de lado el tono cómico. En el estilo de Piedmont con la cámara se encuentran trazos de un Wes Anderson, Paul Thomas Anderson, Robert Rodriguez y por supuesto Adam McKay. Cuesta encontrar hoy en día un realizador que, con tan poco trabajo en su currículum, haya logrado una impronta estilística tan marcada y que a su vez reúna ese tipo de claras influencias a la hora de ubicar la cámara y definir los elementos de la narración. 

Sin dudas, el futuro de Matt Piedmont es promisorio. Por lo pronto, se sabe que The Spoils of Babylon tendrá una segunda temporada, aunque ahora será una historia completamente diferente titulada The Spoils Before Dying, que únicamente tendrá al personaje de Will Ferrell, Eric Jonrosh, repitiendo aparición, seguramente como ese escritor original, extravagante e incomprendido que bien puede ser un alter ego de Piedmont (un tipo que logró una genialidad como Casa de mi Padre con tan solo 6 millones de dólares y luego se permitió una locura como la ya mencionada mini-serie). ¿Extravagante? Por supuesto. ¿Original? Muy. ¿Incomprendido? Su anonimato dentro de la industria cinematográfica y su valor no reconocido por la crítica de la nueva comedia americana demuestran que por ahora sí lo es. Por eso nació la idea de un artículo como este para reivindicarlo y advertir a todos de su existencia: ¡Hey, gente, hay un loco llamado Matt Piedmont que recién empieza su carrera como director, y es un fucking genio!


miércoles, 4 de septiembre de 2013

Emmerich, ¿autor incomprendido o un auténtico imbécil?

En el marco del estreno de White House Down, una nueva ocurrencia de este alemán americanizado, exploramos los puntos en común en su obra para ver si encontramos alguna nota de autor o simplemente confirmamos que es un inepto que no aporta nada al cine.  Eso, o quizás simplemente sea un manifiesto de repulsión a toda su filmografía... para qué les voy a mentir.   
Creo que detesto a Roland Emmerich. Es más, no creo: lo detesto. Su cine es intrascendente y no lo entiendo, no por ser algo incomprensible o superior, sino porque realmente no sé para qué hace esas películas. No comprendo la finalidad de exaltar un patriotismo no correspondido, ya que es un alemán filmando películas estadounidenses, ni la casi patología de sentir que en sus manos tiene la posibilidad de materializar cinematográficamente (digamos) la destrucción de una sociedad contemporánea.
Tampoco entiendo por qué dejó de hacer películas de ciencia ficción de temática espacial tales como Stargate o Universal Soldier, para pasar a ensañarse con el planeta Tierra de una forma tan burda, con ciertos paréntesis en su filmografía que son por demás pésimos. Con esto último me refiero a The Patriot, producto hecho para los Oscar; la épica prehistórica 10,000 B.C., una película aburridísima y muy mal narrada; y por último, su más reciente trabajo, la extraña Anonymous, un intento de polemizar con la autoría de Shakespeare, con un corte de época que aún así –hay que reconocer- quedó muy bien.     

Pero ya que hablamos de autoría, vamos a preguntarnos sobre esto al hablar del cine de Emmerich. Porque cuando un director, que encima en muchos casos escribió sus guiones, reitera mucho una temática se suele hablar de la noción de autor, porque quizás nos quiera estar contando algo. ¿Se puede decir que este realizador alemán es un autor? ¿De qué habla el cine de Emmerich?     

Básicamente, y en un análisis muy superficial, habla de imperios, de sociedades gigantes, de la nueva Roma: Estados Unidos. Las ciudades de New York y Los Angeles, en muchos casos mostrados como escenarios inamovibles y ejemplos de urbe (no importa si todo el mundo está en problemas, la acción se centra ahí), son destrozados por fenómenos naturales, en muchos casos demasiado rebuscados como para siquiera incluirse dentro de la idea de “natural”. Y así, el imperio se ve completamente arruinado, y sus habitantes, representados por un grupo de protagonistas sobrevivientes, comienzan su camino de redención y aprendizaje mediante epifanías surgidas por el renacer de las cenizas. Fin. Si eso es cine de autor, queda a criterio de cada uno.     

También se puede dividir claramente en dos partes la filmografía del loquillo de Roland: una, la del director interesado en lo que está fuera de nuestro alcance terrestre, con mucha tecnología y escenarios ficticios tomando protagonismo en sus producciones; y otra, la del director que usa la Tierra como una maqueta de pruebas y va imponiéndole diferentes formas de destrucción. Como hablamos de casi 15 películas (hay una que está en el horno, a punto de salir, también referida a un fenómeno catastrófico), nos vamos a centrar en su etapa destructora: Independence Day, Godzilla, The Day After Tomorrow y 2012 (acá pueden leer la crítica de esta película que se hizo en este blog).     
Póster de lo nuevo del alemán

En estos cuatro títulos, hay dos polos opuestos bien marcados. Por un lado, el factor de destrucción, y por otro el héroe. Puede ser un científico (siempre es un científico), un padre de familia o incluso el presidente de los Estados Unidos, pero siempre habrá un hombre –nunca una mujer- que salvará a un grupo de personas del fenómeno que ataca la tranquilidad de la Tierra. Y la ciencia es el elemento intermedio, que hace de escudo entre un polo y otro. Los científicos no sólo son los primeros en detectar el problema, aunque actuaran como si hubiesen sido los últimos, sino que muchas veces son de armas tomar para intentar resolver la situación yendo más allá de sus capacidades cognitivas, y apelando a la odisea heroica.     

Un esquema narrativo bastante predecible, dentro de un marco bien clásico de relato, típico de lo que viene dando Hollywood recientemente. Y lo más triste es que no importa cual película estemos viendo, si la coral Independe Day, la ruidosa Godzilla, la claustrofóbica The day after tomorrow o la estúpida 2012, todas nos terminan contando lo mismo y nos hacen perder el tiempo. Eso no puede considerarse autoría, sino fórmula de taquilla. Porque, si bien no fueron éxitos rotundos, cada película logró su cometido de producción. En definitiva, las películas de Emmerich son concebidas como un divertimento, y ni siquiera logran ese cometido. Porque son largas (mirar las cuatro mencionadas de corrido nos quitaría 9 horas y media de nuestro día) y están revestidas de tanto efecto visual que entorpece un relato que podría ser abarcado de forma mucho más humana.     

Y ahí está el patriotismo. Un alemán exhortando el sentimiento estadounidense tan soberbio y auto condescendiente, con esa capa de falsa autocrítica como excusa argumental para continuar con la evolución de los torpes personajes. Saquemos a The Patriot de esta contienda. Simplemente necesitamos recordar el ombliguismo de los protagonistas en tierras norteamericanas en plenas catástrofes naturales. Estados Unidos tiene las respuestas, sea donde sea. Porque en The Day After Tomorrow hay un laboratorio en Europa que lleva la delantera en la información sobre el fenómeno que atormenta la Tierra, pero allí trabaja –liderando el proyecto- un estadounidense. Y mejor ni hablemos de lo molesto que es el discurso del Presidente de los Estados Unidos en su arenga a los que intentarán enfrentar a la nave madre en Independence Day.     

En fin. No sabemos bien qué pretende Roland con este tipo de cine. No sabemos si está respondiendo a una lógica industrial, si está buscando su rumbo, o si simplemente tiene algún tipo de problema con el planeta, y con su cine sólo busca vislumbrar lo que él querría que suceda. Claramente, ver sus películas no nos ayuda en nada a responder esta incógnita.   


miércoles, 21 de agosto de 2013

Para quién escribo yo entonces


Informe especial: La crítica intentando encontrar su lugar. Los diversos sitios web y redes sociales obligaron a repensar la forma de hacer crítica de un cine que también está mutando sus formas de difusión. Cómo ve a su vez el público 3.0 la crítica de cine actualmente. 

Hay una nueva crítica de cine, quizás un poco subversiva y hasta casi amateur, que está mutando desde las diversas redes sociales y blogs desde hace ya varios años. La atomización de voces se presenta muy claramente en un panorama cinematográfico que todavía, en el plano nacional, no encuentra del todo una forma viable de industrializarse para llegar al público. Así tenemos, entonces, tres puertos diferentes donde el cine es el único puente, pero en realidad con poca conexión. La crítica buscando su lugar, el cine sus nuevas formas de difusión y finalmente ese público que, desde que internet comenzó a imponerse como el agua y el pan en la cotidianeidad de todos, también tiene muy alterada su visión de estas producciones.

Que la crítica nacional esté problematizando tanto el bajo nivel que están teniendo los críticos y pseudo-críticos que van apareciendo, sobre todo nucleados en el sitio cordobés todaslascriticas.com.ar, es un indicador tan fuerte como el hecho de que un referente como Quintín recurra a Twitter para hacer sus devoluciones sobre el séptimo arte. Todo cambió. Don Fulano con su blog tiene –aunque no del todo legitimado por la sociedad- casi el mismo peso que el de un crítico especializado que escribe en un diario de gran tirada. Analizar eso sería hilar más fino, pero al menos vale la pena rescatar que es algo que se está debatiendo constantemente en los últimos meses, y seguirá así hasta que se encuentre una conclusión pasajera. Y digo pasajera porque, como todo en esta era digital, esa conclusión dentro poco volverá a mutar en otra idea, en base a como los usuarios de los mencionados espacios en internet harán uso y apropiación de los mismos para hacer escuchar su voz en cuanto al cine.

El cine. Parece como si estuviera en un segundo plano en esta discusión, pero nada más lejos de la realidad. Justamente hace poco se estrenó en internet el documental The Pirate Bay Away from Keyboard, donde se muestra la contienda legal que está teniendo lugar en la era del copyleft y la batalla prácticamente perdida por los derechos de autor por parte de las grandes compañías. Toda una re-significación de lo propio y lo ajeno en un arte que, en el caso de Argentina, tiene a directores como Pablo Parés y otra larga camada que ya están optando por ir directamente a las redes sociales para “estrenar” su película. Al igual que las voces que opinan sobre el cine, este pasará a “ser de todos” de una forma diferente.

¿Cómo se adapta este cine en esos espacios de múltiples voces, donde la crítica de microblogging se encuentra con la opinión de Doña Rosa en Facebook o Twitter y se pierde tanto o más que como se puede perder la nueva película de Parés entre el montón de contenido online? Será cuestión de encontrar la forma de que ese licuado de miradas y voces se compacte en un consenso más o menos generalizado de cómo seguir adelante, y ver si se sigue apelando al tráiler común y corriente o ya basta con spammear a Dios y medio mundo pidiendo el “Me Gusta” y el “Compartir” o el “Retweet”. Al fin y al cabo, el objetivo sigue siendo el mismo: que se miren las películas.

Una vez superado ese obstáculo, recién ahí tocará analizar bien el rol que juega la crítica de cine actualmente, y cómo podrán convivir los críticos de oficio con los “opinadores” internautas, quizás también futuros laburantes en el campo de la crítica especializada. Mientras tanto, todo seguirá mezclado en un abanico inmenso de posibilidades que todavía seguimos conociendo y reinventando (parece mentira que Facebook se inventó hace de 8 años). Por ejemplo, ya están apareciendo junto con las críticas de 140 caracteres en Twitter, las foto-críticas, que resumen la devolución de una obra en un simple pie de foto, esta a su vez elegida de forma significativa para la idea que se quiere dar. El panorama 3.0 cada vez nos obliga a idear formas de comunicarnos más similares a las ideas en sí, rápidas y pasajeras. ¿Cómo lograremos condensar ahí una opinión formada y minuciosa de una obra artística como la que intenta redondear una crítica de cine? Una nueva incógnita que se abre, pero antes queda definir quiénes serán los encargados de hacerlo.

Y así se vuelve, como un círculo vicioso de incertidumbre pero a la vez fascinante replanteo del oficio, al punto de los destinatarios, no sólo de las películas sino de las críticas en sí. De por sí esta última siempre fue más de nicho. Es lo menos masivo que hay dentro del universo que rodea al cine, por lo tanto no cambiará mucho más la visión que tengan los espectadores al respecto. Siempre aquel que quiera leer crítica podrá, aunque quizás más adelante se tenga que amoldar también a los nuevos formatos.

Finalmente, asombrados miramos el presente tan incierto en este panorama de constante mutación de los espacios de difusión del cine y la crítica. La revolución de las ideas llegando más tarde que la revolución de los formatos: un futuro quizás un poco desesperanzador, donde actualmente está puesta en duda la pureza del oficio y su valor en sí mismo. Los críticos argentinos más veteranos debaten sobre lo pobre que escriben los críticos jóvenes, y estos ponen foco en un problema que escapa a las generaciones. Cada hipótesis busca su espacio, así como cada película busca su vida ideal entre un nuevo público. Y mientras tanto, todo sigue transformándose. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Wino para rograd (?)

A raíz de mi texto en La Mirada Indiscreta sobre Vino para robar (el cual también pueden leer en este blog), me quise hacer el chistoso por Twitter y comentar que fui el primero en el portal TodasLasCríticas en hablar en contra de la película. Admito que boqueé demás, pero es algo que suelo hacer, como sabrán los que disfrutan (o no, quizás) discutir sobre algo conmigo en los comentarios de algún post de Blogger, Facebook, etc. 

El director de la película, Ariel Winograd, me contestó el tweet de modo sobrador, tal vez en el mismo tono canchero que quise usar yo, pero me lo tomo con el sentido del humor que él impregna en sus películas (no me gustó mucho Vino para robar, pero sí sus dos anteriores películas).



Del mismo modo escribió, notablemente más ofuscada, la productora de la película, Nathalie Cabiron. La señorita tiene menos sentido del humor, pero al menos leyó más el texto.










Notas de este don nadie:
1) Quien escribe estas líneas nunca contestó a la pregunta sobre el término "fórmula de productores".
2) Quien escribe estas líneas no amplió lo de "pretensión desmedida", porque en realidad nunca usó esa expresión en su crítica. Tampoco le va a pasar la fórmula a la productora.
3) Quien escribe estas líneas sí contestó el tweet sobre lo del "mensaje inspirador".




Fui sincero. Realmente pienso eso, y no quise entrar en discusión con estos realizadores, que francamente hacen mucho más por el arte que lo que yo pueda opinar desde donde sea que escriba por estos días. Como bien dijo una vez el crítico Leonardo D'Espósito, "el mejor texto de un crítico vale menos que la peor película hecha", o algo así. Solo que acá no hay tal crítico, y Vino para robar está lejos de ser la peor película hecha. De hecho, le va muy bien en esa combinación tan difícil que implica la crítica especializada y la respuesta del público, tanto en taquilla como en opinión general.

Es por eso que me llamó la atención la contestación twitt-patota y quise remarcarlo en este post especial. No me parece que sea sano para el arte este tipo de comportamiento al estilo Diego Rafecas (cineasta que sí merece menos respeto, porque realmente hace películas horribles, además de tener un comportamiento muy extraño) y su cruzada contra la opinión sobre sus obras. 
Fui el primero en hablar en contra de la película (porque me parece cualquiera que la tilden de "hitchcockiana", realmente), lo cual habla muy bien de la misma. Sin embargo, habla bastante mal de los realizadores este tipo de reacciones contra un X-man que escribe en una web. Faltó altura y sutileza, algo que, por cierto y paradójicamente, tiene Vino para robar, con todo y sus defectos. 

Los Dueños


Título: Los Dueños
Dirección: Ezequiel Radusky, Agustín Toscano
Guión: Ezequiel Radusky, Agustín Toscano
Género: Comedia
Duración: 95 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2013
Reparto:  Rosario Blefari, Germán de Silva, Sergio Prina y Cynthia Avellaneda


De la propiedad y otros yeites

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Ezequiel Radusky y Agustín Toscano, que debutan como directores con su ópera prima Los Dueños, están por ingresar a la sala con sus colegas para la proyección especial que se hace por el Día del Director Audiovisual en el Arteplex Belgrano, cuando el encargado de cortar los boletos los retiene y no los deja pasar. “Sin entrada, me tienen que avisar cuáles son los invitados”, les dice. Ellos dos son los únicos sin una entrada (que encima era libre y gratuita, sólo había que conseguirla en boletería), por lo que el resto empieza a pasar mientras el dúo tucumano se parte de la risa por la situación: en su día, para el estreno de su película, no les permiten el acceso. “Esto es buenísimo, no podemos pasar,” se ríe Radusky y se va a buscar entradas. “Está bien –dice entre risas Toscano – ellos están haciendo su trabajo, a ver si llegan a aparecer dos impostores de Ezequiel y Agustín y hablan por nosotros.”

Así de divertida es la dupla de directores de Los Dueños, película que tiene en sus 95 minutos impresa a la perfección este tipo de humor: distendido, algo frío, otro poco polémico y, principalmente, con una tonada tucumana bien marcada. Lo mejor que tienen los dos directores es la forma en la que piensan distinto. Tras la proyección, se abrió una instancia de diálogo con el público y casi nunca coincidían en la forma de ver a los personajes, la temática de la película, e incluso hasta en lo que se quiso mostrar. Sin embargo, el resultado es notorio.

Los Dueños es una muestra de como se puede hacer una película con un arraigo regional sin caer en barreras de incomprensión o alusiones muy cerradas. La historia se desarrolla en un marco campestre de Tucumán y sin embargo cualquier público puede entender lo que sucede, porque está narrado desde el lenguaje más universal: el humano. De hecho, la película recibió la Mención Especial en la Semain de la Critique este año en Cannes, lo que confirma esto último.

En el filme se cuenta la forma en que una familia de cuidadores ocupa la casa en la que trabajan cuando sus dueños no están. Dos hermanas y sus respectivos maridos viven allí en períodos determinados, sin saber que el personal de mantenimiento disfruta sus comodidades en el tiempo que se ausentan. El pintoresco trío conformado por padre, madre e hijo, duerme en las camas, nada en la piscina, utiliza la tv pantalla plana para ver dvd’s truchos y toma el vino de la familia. Y con esta simpleza en la trama, acompañada por una serie de gags muy efectivos y una brillante actuación por parte de todo el reparto, el trasfondo se torna complejo e invita a repensar ciertas cuestiones que hoy todavía están muy ligadas en la sociedad. ¿Quiénes son los dueños de ese objeto en pugna? ¿Mediante qué medios? ¿Y en realidad son dueños de qué? ¿Una casa, un territorio o un derecho? Clase baja contra clase alta, un choque muy elemental, pero tratado con mucha alturavy sin escapar a la discusión a conciencia sobre propiedad privada y relaciones de poder. Esta película no puede dejar indiferente al espectador.

Lo más notable es la puesta en escena, y el logro mayor es haber hecho que los espacios donde la acción se torna siempre compleja y tensa sea dentro de la casa en cuestión, y no en los alrededores. Incluso hay una escena en que el patrón arregla algo (que no diremos para no arruinarles la trama) con los peones, y lo hacen en un galpón, lejos de la casa, como queriendo evitar ese lugar. Los directores dijeron que esto nace de una idea inicial de que esta sea una obra de teatro:

Queríamos que sea en el campo. Iba a ser bastante difícil porque queríamos convocar a la gente del centro, subirla a un vehículo y llevarlos allá. Incluso la idea era que una vez allí puedan ellos ir de una casa a la otra, al galpón, los corrales, y así sucesivamente,” cuenta Agustín Toscano. “Cuando se transformó en película todo se volvió mucho más realizable.” Por suerte esa decisión se tomó, sino no se habría hecho la proyección por el 23 de junio y no habríamos podido dar comienzo a ese largo debate que seguramente dará lugar tras su estreno en las salas comerciales.


miércoles, 15 de febrero de 2012

Cuando el trailer es mejor...

Una vez hice el comentario sobre lo indignante que era para mí sentirme engañado luego de ver una película cuyo trailer me enganchó de tal manera que me hizo verla, incluso cuando en su premisa ya presentaba de antemano un bodrio insalvable o algo simplemente poco atractivo. Hollywood nos acostumbra a ello. Pero pasa en otras partes del mundo también, donde la era Youtube y la vorágine videoclipera apremia esa famosa "puntita" de algo que vendrá.

Lo cierto es que para vender el producto cinematográfico hace falta un buen adelanto. Pero en la mayoría de los casos no basta con un teaser trailer: algunos van más allá, y visualizan los trailers completos, esa suerte de cortos resúmen que te dan una pauta de lo que va la película en cuanto a esquema narrativo, despliegue de diseño de producción, actores y ¡pum! ése plano que te hace decir "wow, la veo..." porque aparece algo o alguien que te invitan a ir hacia ello.

En un interesante intercambio de ideas con colegas cinéfilos saltaron varias inquietudes: desde las mañas del capitalismo, hasta esa "tentación" que resulta saber un poquito más de lo que va a venir, como en películas anticipadas al estilo Malick y su interminable The Tree of Life (2011), la cual nos la vienen vendiendo desde el 2009, o el caso de The Dark Knight Rises (2012), el capítulo que cerrará la trilogía del Batman hiperrealista de Nolan, el cual lo vienen anticipando incluso desde antes de que salga la segunda, The Dark Knight (2008).

En fin, ante esta inquietud, aquí -sin ánimos de pretender abarcar una verdad absoluta, y siempre abierto a más impresiones y propuestas- un ranking de las películas cuyos trailers son mejores que ellas mismas:

Funny People (2009, Jud Apatow)

Apatow y su imperio de las risas forzadas nos dejó el más reciente opus desilusionante de la historia inmediata de la comedia romántica estadounidense. El trailer era un despliegue de actores asombrosos y prometedores que iban desde Adam Sandler en el protagónico, pasando por el genio de Seth Rogen, hasta llegar al histriónico y asombrosamente divertido Eric Bana. ¿Quién podía resistirse? La cinta resultó ser un dramón de dos horas y media sobre las segundas oportunidades y lo difícil que supuestamente es la vida de los comediantes de stand up.

Avatar (2009, James Cameron)

Sí, este caso es famoso. Yo soy de los que la defienden a muerte, para mí es excelente este opus de James Cameron, pero su trailer, damas y caballeros, es mucho mejor. ¿Quién podría privarse de los granangulares demostrativos hechos de forma digital de un mundo completamente distante? ¿Quién no sintió atracción por tantas luces y colores? O mejor, ¿quién se podía resistir a la idea de Sam Worthington paralítico? Avatar es una genialidad de la ciencia ficción, pero su trailer es una genialidad en sí misma.

AntiChrist (2009, Lars Von Trier)

Sigo sin entender a los que amaron esta película. Ok, con el tiempo me va gustando más y más, por su amplia gama de bombardeos simbólicos y figurativos, pero ¿alguien vio el trailer? Nos la vendieron en paquete de terror, con una magistral Charlotte Gainsbourg gritando como endemoniada, un William Dafoe espeluznante como si de una de Hitchcock se tratase, y mucho, mucho, pero mucho sexo explícito. ¿Alguien se podía resistir? Finalmente, el producto era devastadoramente desilusionante respecto a lo que ofrecía esta cinta (lo cual no nos dice que fue mala). Un aplauso para el editor del avance...

Cualquiera de Harry Potter...

La saga del mago no fue, lo que decimos, atinada en su lenguage cinematográfico, ni mucho menos narrativamente inteligente. Incluso hasta podemos decir que muchos de sus grandes actores (Gambon, Rickman, e incluso Maggie Smith) cayeron en torpes malversaciones de su talento artístico. Pero, ¡qué trailers! ¡Qué despliegue! Sin dudas, disfruté mucho más viendo los trailers de las películas, que las películas mismas. Y este caso es especial porque, busques la vuelta que busques, pasa en todos los casos. Sobre todo cuando un tal Yates (toco madera) apareció con su narrativa darkie pop para embrutecer todo un poco más.

Alice in Wonderland (2010, Tim Burton)

Tim Burton es un hombre que tiene mi respeto. Sí, el de todos. Pero, ¿qué pasó con Alice, Tim? No sabemos bien qué fue ese intento de adaptación... pero sí sabemos que el trailer fue de lo más prometedor que el cine ofreció en la década pasada. Finalmente, el discurso de un funcionario político resulta más honesto que lo que nos anticiparon con la última obra de Burton. Un fiasco absoluto.

Las Viudas de los Jueves (2009, Marcelo Piñeyro)

Esta peli argentina quizás no es conocida por todos, pero yo tomé la decisión de no mirar más trailers a partir de ella. Si alguna vez me sentí estafado en mi vida cinéfila fue con esta cinta dirigida por Marcelo Piñeyro. La película no me pareció mala, en lo absoluto, pero el trailer fue cualquier otra cosa a lo que me encontré posteriormente en el cine.
Nos anticipaban un drama oscuro y poderoso, y nos vendieron un thriller cuasi politiquero de tradición segmentaria social. En fin, como decimos en Argentina, un afano.

Lady in the Water (2006, M. Night Shyamalan)

Shyamalan seguramente destina su presupuesto a los que escriben las sinopsis y editan los trailers. Y a los tipos les deben pagar muy bien, porque siempre aciertan. ¿No les pasa que nunca una película de Shyamalan es lo que esperaban? Qué director más incierto... pero sus trailers son buenísimos. Tal es el caso de Lady in the Water, una cinta que tiene un Paul Giamatti exasperantemente idiota en su papel y una Bryce Dallas Howard que, a pesar de que se la perdona porque recién empezaba, está más anodina que publicidad de perfume.
Si hay un trailer que vende humo en el mundo del cine, ése es el de esta película. Nadie le gana... excepto...



Paranormal Activity (2007, Oren Peli)

La campaña publicitaria más grande del mundo para la película más pequeña. ¿Quién se creyó que Spielberg la considera la mejor película de horror de la historia del cine? ¿Quién se creyó que siquiera Spielberg vio la película? ¿Quién no se creyó que la trama realmente era escalofriante al ver a todos esos espectadores aterrados en sus butacas de cine, tapándose los ojos y estrujando los brazos de sus acompañantes ante la incontenible desesperación que los acechaba en la pantalla de tanto horror? Quizás usted y yo no, pero la película resultó ser la más rentable de la historia al costar US$15.000 y recaudar... USD $193,355,800. Y todo se lo deben al editor y al guionista -sí, al guionista señoras y señores, porque eso implica un guionista, aunque no lo crean- en su brillante idea de promoción mentirosa.
Sí, el mejor trailer de la historia. O al menos es mejor que la cinta, que claramente no es la mejor peli de horror de todos los tiempos...



sábado, 3 de abril de 2010

"POSADA Y MAUSOLEO": mi obra para el Directed By 4

Así es amigos, después de mucho tiempo sin entender cómo se manejaban las cosas en ese prestigioso concurso blogger (por disiparme las dudas, agradezco a Dialoguista), decidí entrar y participar, para difundir alguna obra de mi invención en este certámen que al parecer le gusta mucho a José Barriga jeje...
No, hablando en serio, José es el encargado de armar todo en esta cuarta edición, por lo que su labor merece un reconocimiento, espero que se lo demos entre todos después.

Una vez dichas todas estas cosas, me dispongo a presentar título, sinopsis, póster promocional y banda sonora de la que será mi representante novata en dicho concurso. Espero que les agrade, y sino, también haganmelo saber, porque esa es la idea.


Sinopsis:

Posada City, 12:00 hs. Mientras el micro-centro estalla en el caos cotidiano de la hora pico, la junta directiva de un organismo de seguridad social está en plena reunión, una madre y su beba pasean entre desconocidos, un oficial de la policía debe lidiar con un drogadicto, y un anciano campesino se prepara para un viaje de trámites desde el campo hasta la gran ciudad.


Les anticipo más o menos que la historia vendría a ser un drama social, que intenta ligar las vidas de cinco personas comunes y corrientes pero de diferentes sectores: el orden, el poder, la familia, y la siempre ignorada pero muy necesaria voz de la experiencia hablándole a la nueva generación, no sin las distorsiones típicas del discurso político. El contexto es sólo una excusa, aunque sirve para enmarcar una historia llena de miserias, verdades y satisfacciones propias de un cosmos ficticio pero compenetrado con una realidad que nos atañe a todos. Ojalá la entiendan como yo, y si no lo hacen espero que le den un sentido reflexivo, que es lo que pretende el guión.

Aquí les dejo un link para descargar el único track de la banda sonora, compuesta por quien les escribe y su sencilla guitarra.

Descargar Banda Sonora de "Posada y Mausoleo"


Tendrán más novedades, si así lo creo conveniente... jeje.

Saludos para todos! Felices Pascuas!

PM

lunes, 8 de febrero de 2010

"Sherlock Holmes", "Up in the air" y un blockbuster

Después de un buen tiempo sin postear, me pongo al día con el blog para traerles tres comentarios sobre dos títulos del 2009 y un blockbuster un poco zarpadito pero muy divertido.

Primero Sherlock Holmes, una peli bien pochoclera, que más parece una de Disney que una de acción con detectives basada en la gran novela de Arthur Conan Doyle. Después tenemos a una de las máximas contendientes para los Oscar, Up in the air, con seis nominaciones y muchísimos premios de la crítica estadounidense, incluyendo un merecidísimo Globo de Oro a mejor guión. Por último, un blockbuster, Zack and Miri make a porno, una historia muy entretenida que cuenta la historia de cómo dos amigos se enamoran rodando una porno casera.

Ahí les van (click en la imagen para leer el artículo):


Saludos. Nos vemos pronto con próximos comentarios.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Especial: I wanna play a game.

En el 2005 una amiga me dijo durante la clase de Preceptiva Literaria: "No sabés la peli que vi ayer... ¡¡tremenda!! Te va a encantar." Y así fue, por su terror psicológico y ser bastante cruenta en sus imágenes combinadas con el relato cautivante que tiene.

La cito alegando que dio en la tecla cuando me recomendó Saw, una cinta en la que nos encontrábamos con dos desgraciados encadenados en un baño inmundo, desprovistos de comunicación con el exterior, y la compañía del cadáver de otro desgraciado que se voló la cabeza en ese preciso lugar por tener "tanto veneno en la sangre". Unos grabadores le decían qué debían hacer para "salvarse", y así sucesivamente.

Hoy, a más de cinco años del estreno oficial de esa película que a mí me había llegado casi un año después -- a meses de su secuela --, nos encontramos con la sexta parte... si, la sexta parte (no, no es Harry Potter). "¿Y cómo llegamos a una sexta entrega? Que bodrio," dirán algunos... pues no. Muchos me querrán meter en algunas de las máquinas diseñadas por el temible John Kramer, alias Jigsaw (interpretado por un correcto Tobin Bell, a esta altura, del calibre de personajes como Jason, Freddy, Hannibal Lecter, etc), pero tengo que decir que, para mí, esta es una genialidad de Hollywood, que reivindica el buen terror a base de -- para qué negarlo -- herramientas más que atrayentes (marketineras, aunque creo que no llegaron a salir los muñequitos ni las réplicas en miniatura de los "juegos") como el gore, la pornografía, la psicología a lo Stephen King y, por supuesto, el sustito programado y hecho para el querido consumidor.

Para entender filmes como éstos, en los que trabajaron alrededor de cinco guionistas y cuatro directores, hay que considerar los matices argumentales por sobre la estética gore que invade la pantalla, grande o chica. Muchos cometen el (entendible) error de poner la sangre y el morbo por encima del "mensaje" que manda el protagonista, creado con mano de cirujano por parte de los escritores de esta escalofriante historia. Lo cierto es que hay todo un mundo de diálogos exquisitos entre tanta carnicería (que aún así no supera a la desagradable Hostel de Eli Roth).

Qué les parece si hacemos un paneo general de lo que fue esta saga, que en teoría ha llegado a su fin esta semana, con el estreno de Saw 6.

Saw (2004)

¿Quién olvidará esa mítica escena en la que el Dr. Gordon (Cary Elwes) deduce que los cerruchos no son para las cadenas? ¿O el primer "Hello... I wanna play a game"? ¿O lo doloroso que fue para Amanda (Shawnee Smith) escuchar que la llave para abrir esa inmensa trampa de oso invertida en su cabeza estaba en el estómago de su compañero "muerto"?

Sin dudas, uno de los mejores films de terror de la década. Con una trama intensa, unos diálogos cautivantes, y un final ES-PEC-TA-CU-LAR en el que los que no la vieron podrán poner a prueba sus dotes de detective, aunque -- como la mayoría -- fracasarán rotundamente en el intento.

Dirigida por James Wan, con quién también escribió el actor protagónico Leigh Wannel. Para muchos, el mejor dueto detrás de cámaras de toda la saga, y servidor coincide rotundamente.

Inolvidable.

Calificación (del 1 al 10): 10


Saw II (2005)

Ya en esta secuela vemos un dejo de ironía para con los Reality Show, ya que dejamos los baños para pasar a una casa entera en donde ocho son los desgraciados que se ven expuestos como conejillos de india frente a unos impotentes efectivos SWAT que atraparon a Jigsaw en su guarida, aunque éste lo haya hecho a propósito.

Para nada comparable con su precuela, pero con la misma intensidad y un poco más de sangre brotando de esos cuerpos lastimados. Para los fans de la saga, esta película tiene las muertes más "creativas" o "artísticas" de toda la saga.

Dirigida por el jóven Darren Lynn Bousman, de tan sólo 27 años de edad, quien para muchos es el director más gráfico que tuvo esta entrega de seis sangrientos tomos. Wannel volvió a colaborar en el guión.

Gracias al espectacular final, la película se salva de ser una insulsa secuela, pero eso no quita que sea aceptable y se espere una obvia tercera parte. Aquí se comenzaba a olfatear una saga, aunque muchos soñábamos con una simple trilogía.

Calificación: 7

Saw III (2006)

La más fuerte de todas. Ya tocamos fondo con el morbo-porno a pleno, y una memorable cirujía de cráneo en primer plano que hace a uno retorcerse de dolor. Un film mucho más denso en cuanto a entramado, y con un aire depresivo por la prueba que tiene que atravesar el protagonista mientras una doctora trata de mantener con vida a Jigsaw, que padece un cáncer "inoperable".

El final majestuoso con vuelta de tuerca incluída ya es cortesía de la casa, y gracias a que se repite la fórmula Bousman-Wannel se mantiene la idea general de lo que venía siendo la historia.

Al igual que en la primera, nadie podrá descifrar el desenlace de esta historia con un nuevo final abierto.

Para mí, la más violenta de toda la saga. Y es la única que da "miedo" de verdad, aunque esto es demasiado relativo dependiendo de quien la mire, obviamente.

Calificación: 9



Saw IV (2007)

Ya entramos a otro tipo de film. No sólo porque cambia todo el equipo de los que están detrás de cámara, sino porque -- dadas las circunstancias -- es imposible seguir con el tipo de trama de las anteriores tres entregas. Ahora de film de terror pasamos a policial negro con tintes de thriller.

La policía es la protagonista, intentando descifrar las tramas del desaparecido John Kramer.

Por supuesto, esta película ya se puede denominar "rebuscada", aunque estamos ante la más rica en contenido argumental, por sus idas y vueltas y un entrelazado de historias casi imposible de seguir si no fuese por los benditos flashbacks que van hilando todos los hechos de una manera admirable.

Ahora son Patrick Melton y Marcus Dunstan los guionistas, quienes se quedan hasta el final de la saga. Junto con la dirección de Bousman, la última, crean el capítulo más interesante de toda la serie, con un relato incomprensible desde la anacrónica y prolífera escena de la autopsia hasta el excelente final. El suspense invade la pantalla, y la tensión y la sorpesa van de la mano en este no tan sangriento (quizás sea el menos sangriento) episodio.

Calificación: 8


Saw V (2008)

La paciencia de los no tan fans aquí ya se ha colmado, aunque era evidente que se iba a ser una secuela más (desde la cuarta película se divulgó la idea de que serían seis las entregas). Ahora seguimos más policiales y más thrillers que nunca, aunque sin dejar de lado la sorpresa.

De este filme no hay mucho para decir, ya que solo es una transición entre la cuarta y la sexta entrega, como pasa con la mayoría de las anteúltimas partes.

El novato David Hakl nos deja en bandeja el desenlace de la historia con una nueva vuelta de tuerca hacia los últimos minutos de la película. Pero nada más allá de eso. Es la menos "Saw" de todas. Aunque no se puede negar que la imaginación y la creatividad de los creadores es increíble.

Calificación: 6



Saw VI (2009)

Llegamos a lo que nos compete: el final.

Sin duda estamos ante una errónea finalización de la historia, ya que lamentablemente la extensión de la saga hizo que muchos fans no muy atentos se pierdan de ciertos matices que nos llegan en formato de flashback nuevamente. El ritmo de la película es intenso, aunque por momentos no parece ser Saw lo que estamos viendo. Vuelven las capturas del espeluznante cerdito, y se atan todos los cabos sueltos dejados por el camino. Se revela un nuevo enemigo de Jigsaw (que ni tendríamos en cuenta, porque es un personaje nuevo), el verdadero, que revela la verdadera causa por la que el viejo se puso a "rehabilitar" gente.

Después de la tercera -- con la que está muy ligada --, es la más violenta de todas, con un comienzo estremecedor y un final que no decepsiona.

Es difícil explicar más que eso ya que uno no quiere hacer Spoiler, pero la recomiendo ampliamente para que vean de qué trata.

Calificación: 6



En resumidas cuentas, estamos ante una saga memorable, que quedará por siempre como una de las películas de terror más interesantes de la historia del género. La creación de un personaje tan aterrador como un simple ciudadano movido por una causa "justa" y la lucha contra su propio cáncer, símbolo del que tiene impregnada la sociedad entera por sus locuras y sus infiernos, sin duda es lo más acertado de todo. Su antísesis es el hecho de habernos tenido que acostumbrar a actuaciones inverosímiles y bastante planas.

Aunque los momentos finales de cada uno de los films, con la música de Charlie Clouser sonando de fondo, son impagables.

Para los amantes del género, es una historia imperdible. Para los demás, no tanto, aunque sí es recomendable.

No me extrañaría que quisieran engordar más la historia con fines de lucro, lo que arruinaría aún más esta saga, que después de un final tan poco sorprendente hace a uno pensar "Se hubiesen conformado con la primera y ya."



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