Mi documental "A Fanatic By Choice"

lunes, 23 de agosto de 2010

Te extraño

Título: Te extraño
Directores: Fabián Hofman
Guión: Diana Cardozo
Género: Drama
Duración: 105 minutos
Orígen: Argentina, México
Año: 2010
Reparto: Fermín Volcoff, Martin Slipak, Edda Díaz, Luis Ziembrowski, etc


Little Montonero, o lo que queda de éste

Raras formas suele presentar el cine argentino a la hora de intentar plasmar una idea concisa respecto a una situación que tranquilamente, y por los ánimos revanchistas que caracterizan a los años actuales de nuestro país, puede ayudar a caer en lo monotemático. Cuando claramente está a la vista el peligro de ensuciarse las manos con más de lo mismo, ahí está el "nuevo cine argentino" (ya fue eso, gente) siempre firme en su postura de desmantelar la realidad de una manera cruda o desinteresada (en el buen sentido de la palabra) para contarnos una historia, de nuestra historia. Sí, adivinaron, del último golpe de Estado.

Cuando entré a la sala para ver Te extraño, lo admito, no tenía ni idea de con qué me iba a encontrar. Estaba tan cansado por caminar del Abasto a Congreso que ni me percaté en leer la sinópsis. Sólo compré la entrada, y me senté con otros cuatro o cinco personajes de la siesta porteña para disfrutar, o padecer, lo que ante nosotros estaba por materializarse.

Y allí estaba la historia de Javier y su hermano Montonero (bah, los dos son Montoneritos) desaparecido en pleno inicio de la dictadura militar de 1976. Luego viene el exilio, y el letargo (demasiado extendido), las experiencias del crecimiento propias de un adolescente desentendido pero a la vez comprometido políticamente, el sentimiento de orfandad, los experimentos hormonales, y nada más.
Realmente cuesta encontrar algo profundo en un relato tan sencillo y tan fácil de digerir. Es simple, y sin ser cruel con la película de Fabián Hofman: una más sobre los desaparecidos.

La trama no se lleva bien con las imágenes, pero aún así hace lo que puede por llevar el hilo conductor para que el ritmo sea llevadero, aunque no hace falta agregar más a esas frases tan significativas, que bien pueden ilustrarnos las cualidades y las intenciones del film. La mirada de un sapo de otro pozo en medio de una lucha a la distancia, la propia contradicción ideológica que -ojo, cito del guión- "destruyó" la lucha montonera, el sentimiento de desarraigo contrastado por el amor circunstancial (lejos queda en el recuerdo y en la mutación del protagonista su debut sexual en un motel con su amigovia del colegio), y otros tantos matices de Te extraño que no hacen más que completar una pieza de rompecabezas para todas las edades.

No hay muchas lecturas a la vista, salvo algún que otro intento icónico por darnos a entender el indescifrable final (arruinado por el texto que reza la conclusión del autor de manera tan escolar), con el mar traicionero de la bellísima canción (si no me equivoco, la única de toda la cinta) que suena en las últimas secuencias.

Al igual que las peripecias de Javier, encarnado muy correctamente por el jóven Fermín Volcoff, la historia va pendulando en un dramático ir y venir que nunca termina por definirse, o por lo menos apunta a muy poco teniendo en cuenta el penoso final. Para que se entienda en resumidas cuentas, lo que se cuenta es interesante -y muy bien actuado, sobre todo por el prometedor Martin Slipak (que ya nos deleitó como el hijo de Julio Chavez en la serie Tratame bien), Luis Ziembrowski y Edda Díaz-, pero no hay nada por descubrir, no tiene nada para ofrecer. Es un cuento bien contado, muy bien rodado, y que llega al espectador, pero al salir de la sala (téngase en cuenta el tono geográfico que le estoy queriendo dar al artículo) el recuerdo ya no lo lleva de la mano. Te extraño no nos acompaña luego del visionado, se queda ahí, inmóvil.

La temática tan utilizada y explotada, las constantes referencias políticas, los acentos en las diferencias socio-culturales entre la Argentina de Videla y el México de López Portillo y Pacheco, y principalmente el aletargado ritmo, no ayudan mucho a un film que no tiene mucho para ofrecer a pesar de una muy buena realización, con todos los aspectos técnicos sin reproches algunos.
Quizás éste sea un claro ejemplo de que el cine argentino (a pesar de que una vez más es ayudado por otro país para asegurar la trascendencia) aún no encuentra los términos medios. Cuando tiene algo excelente para contar, lo desaprovecha con pobres aspectos técnicos; y cuando logra pulir esto último, no lo condimenta con algo agradable.

Sobre el tema que aborda ya se hicieron muchos otros films que tratan mejor la idea, pero si quieren, hay una bonita relación entre los hermanos, de fidelidad, compañerismo, y sobre todo amor, que vale la pena destacar entre el estancamiento de casi dos horas. Insisto en que basta con el plano final para describir lo que transmite Te extraño. También, la escena en que la tía de Javier entra a la habitación del triste muchachito y éste sólo está tendido en la cama mirando el techo, motivo por el cual la tía le dice "cuando encuentres una grieta en el techo, avísame Javi". Todo dicho.

domingo, 22 de agosto de 2010

Pájaros volando

Título: Pájaros volando
Directores: Néstor Montalbano
Guión: Damián Dreizik
Género: Comedia
Duración: 110 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2010
Reparto: Diego Capusotto, Luis Luque, Verónica Llinás, Alejandra Flechner, Juan Carlos Mesa, etc


Abducidos por la risa y el delirio

El título de la película de Néstor Montalbano bien puede tener varias vías de interpretación: primero y principal, el hit que marcó a fuego a los consumidores de la música de esa Argentina de los '80 que nos intenta ilustrar el director de Soy tu aventura (2003), aún cuando se manipulan algunas cuestiones históricas para fines exclusivamente cómicos y se conservan otras para avalar la base ideológica que cimienta toda la desfachatez del guión; y segundo, ya en un plano más interpretativo, una alusión a las creencias de las cuales el pueblo de Las Pircas está absolutamente acostumbrado y que, en un contexto ajeno y plenamente etnocéntrico como del que proviene el protagonista (un excelente y atípico Diego Capusotto), puede denominarse "de locos".

Si bien ya estoy harto de que a cada comedia -de procedencia nacional o internacional- que pase por las carteleras argentinas se le adjudique el adjetivo "loco/a" en el título, la mejor forma de describir a Pájaros volando es diciendo que es una comedia loca, de locos, y para reír como locos.

Aún cuando el film carece de solvencia técnica (montaje medio pelo, con errores grosos, y una edición de sonido bien argentina, o sea, también medio pelo), se asegura la buena relación con el público gracias a un guión bien dotado, sin estereotipos notables, actuaciones acertadas (Luis Luque y Capusotto nuevamente la rompen juntos, Osky Guzmán está genial, y las conversaciones entre Juan Carlos Mesa y el personaje Magallanes son monumentales), y un desfile de parodias, insultos y autoreferencias que caen muy bien paradas en el momento justo.

Si alguien sale de la sala sin haber reído aunque sea dos o tres veces con Pájaros volando es porque, o bien no sabe digerir el único e inigualable estilo de la única gran comedia que hoy por hoy disfruta el arte audiovisual argentino, o no logra captar la esencia prejuzgada de un humor que a vuelo de pájaro (no es un chiste fácil) se ve ridículo y grotesco pero que en el fondo guarda una inteligencia poética, estilística y política riquísima, que no todos están acostumbrados a consumir y (lamentablemente), por ende, entender.

Para demostrar esto me valgo de las diferentes interpretaciones que cada personaje le atribuye al platillo volador en el desenlace; la gloriosa conversación con el gorila estando en estado de abducción -tener a un peronista de raza hablando de fútbol con ese animal cuando menos resulta curioso-, con la intervención de Pedro Saborido en la escena (he allí la fórmula mágica de lo mejor en comedia argentina del momento, como lo es Peter Capusotto y sus videos); o las participaciones de un sinfín de personajes de renombre dentro del mundillo artístico y mediático argentino, algunos apareciendo de forma obvia (como la buenísima secuencia con Antonio Cafiero), y otros traídos a colación con una simple mención tal como "que la sigan mamando".

Aunque limitada por ser tan, pero tan argenta, Pájaros volando se disfruta en grande por un humor único, que describe y testífica fielmente la jungla que es nuestro país. Además, invita a la doble lectura: la risa fácil como mero divertimento (que no está nada mal, y si se la juzga sólo por esto es una obra maestra hecha y derecha), o la posibilidad de un mensaje que nos indica que quizás no sólo estamos ante una re-delirante de hippies drogones que creen en extraterrestres, sino toda una radiografía de nuestra sociedad y sus matices, la cual nos hace pensar que más le vale a Dios que no nos haya dejado sólos en el Universo.


domingo, 15 de agosto de 2010

I love you Phillip Morris

Título: I love you Phillip Morris
Directores: Glenn Ficarra y John Requa
Guión: Glenn Ficarra y John Requa
Género: Comedia, Drama, Romance
Duración: 102 minutos
Orígen: Francia, Estados Unidos
Año: 2009
Reparto: Jim Carrey, Ewan McGregor, Leslie Mann, Rodrigo Santoro, etc


Dos reclusos del amor

Después de su intrépido regreso en la más que aceptable Yes man (2008), los fanas de Jim Carrey nos quedamos con ganas de más. Lamentablemente, o por lo menos desde mí visión, el traspié de A Christmas Carol (2009) no se pudo evitar, a pesar de que era una interesante propuesta visual para niños. Finalmente, y después de tanto amague de sus participaciones en films cómicos, Carrey aparece en el debut en la dirección de los hasta ahora reprochables guionistas Glenn Ficarra y John Requa, acompañado por un reparto de gente conocida dispuesta a marcar un nuevo episodio en la filmografía hilarante (que no significa que dé gracia, sino que hace reír, que no es lo mismo) del hombre de las mil caras.

Sin embargo, el film que nos compete -el atrevido I love you Phillip Morris (2009)- no despega hasta que Ewan McGregor irrumpe en escena, brindándonos una de sus más efectivas incursiones interpretativas en lo que al histrionismo en su carrera se refiere; y eso que Carrey y Leslie Mann la vienen piloteando bien con la introducción. Pero no, I love you Phillip Morris no funciona sin ese dúo magistral compuesto por el capocómico de los rostros graciosos y el rubiecito de ojos celestes (como él mismo se describe en su aparición en la peli).

Más allá de que a muchos les pueda resultar chocante el tratamiento de las escenas homosexuales (la historia trata la vida de una pareja gay que se conoce en la cárcel, aunque después ahondaremos más), Carrey y McGregor hacen un estupendo trabajo juntos, no sólo generando una química asombrosa, sino haciendo a uno desternillarse de la risa por algunas escenas muy elevadas de tono pero con un fuerte contenido de comedia ácida y negra (si alguien nota el detalle de la escena en el bote, que avise). Y aunque la trama se reviste de tragedia en más de una ocasión, los matices románticos que le aplica la pareja protagonista no tienen desperdicio (como la escena del traslado a otra prisión, con McGregor persiguiendo a su amado y Carrey gritando el título de la cinta desde el omnibus), generando empatía desde la secuencia en la biblioteca hasta esas excelentes discusiones de pareja en los momentos de quiebre del guión.

Esta comedia dramática con tintes de biopic (es una historia real, según se dice) cuenta con un raro pastiche entre la parodia y el romanticismo, que a veces le juega en contra, aunque siempre está McGregor dispuesto a ponerle el pecho a cada escena y salvar al relato de la ambigüedad. El guión, a pesar de ser muy sólido, a ratos se cae, y deja muchos cabos sueltos que al final resultan no ser de mucha ayuda.
Esto, y teniendo en cuenta que la película está practicamente partida en dos partes bien marcadas -por un lado, la historia de amor entre Steve Russell y Phillip Morris (con todas las escenas de la cárcel siendo lo mejor del film, por lejos), y por otro las andanzas de Russell, lo cual seguramente se dio con el fin de lucir las cualidades histriónicas de Carrey-, es lo único desfavorable que se le puede atribuir a esta creíble, transgresora y ácida producción francoamericana.

Y, como decíamos, se da un raro episodio interpretativo, ya que tenemos a la insulsísima Leslie Mann aportando bastante al inicio de la historia, junto con la participación de Rodrigo Santoro siendo, además de necesaria, efectiva para ciertos momentos en que el guión necesita encontrar un claro donde descansar (por ejemplo, en los sucesivos intentos de suicidio del protagonista). También hay ciertos momentos en que la dirección cobra fuerza y el relato se nutre de seriedad y credibilidad, motivo por el cual la tragicomedia se vuelve digerible incluso para aquellos pudorosos que no encontrarán la gracia ni en las fuertes escenas de sexo ni en los chistes racistas o religiosos de los tramos más brillantes del film.

Por último, cabe resaltar la importancia que se le da a los cimientos psicológicos que fundamentan todo lo sucedido, incluso cuando la voz en off de Jim Carrey ya no aguanta más el peso de tanto giro argumentativo. Además de sólido, entonces, el guión resulta pertinente, algo que ya no sucede en las comedias que nos llegan desde Hollywood (aunque ésta lo es sólo en parte).

I love you Phillip Morris invita a sacarse los tabúes, para disfrutar de 102 minutos de comedia negra de la buena, con actuaciones excelentes, gags efectivos y una historia de amor encerrada en una nube (con forma de pene) de credibilidad, solvencia y, principalmente, divertimento "a la Carrey".

viernes, 13 de agosto de 2010

Green Zone

Título: Green Zone
Director: Paul Greengrass
Guión: Brian Helgeland y Rajiv Chandrasekaran (libro)
Género: Acción, Drama, Thriller, Guerra
Duración: 115 minutos
Orígen: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, España
Año: 2010
Reparto: Matt Damon, Yigal Naor, Greg Kinnear, Brendan Gleeson, Amy Ryan, Jason Isaacs, etc.


El verdadero drama en Iraq

Frenético thriller dirigido con mano sabia por el siempre confiable Paul Greengrass, quien anteriormente nos deleitó con otras obras como United 93 (2006), The Bourne Supremacy (2004) o The Bourne Ultimatum (2007), con ésta última merecedora de la mejor calificación. Ahora llega con un drama bélico muy realista sobre los días posteriores a la invasión estadounidense en Iraq, generando un clima excelentemente caótico y propicio para la acción que allí se da lugar. No hay exceso de belicosis, y, cuando se habla, se habla en serio (bien a lo Greengrass, aunque el guión no sea suyo). Pero, principalmente, y lo que más se agradece, es que se reprueba la belicosis.

A diferencia de la propagandística y edulcorada The hurt locker (2008), ganadora -pero no merecedora- del Oscar 2010 a Mejor Película, Green Zone manipula la información de una manera muchísimo más cuidada, con la intención de no caer en el peor error que caracterizó a la sobrevaloradísima cinta de Kathryn Bigelow: la ambivalencia de la hipótesis.
Greengrass, con su ya reconocida cámara en mano, practicamente intenta documentar cada segundo de lo que sucede en la Zona Verde -desde los entramados políticos que encaminaron una de las más reprobables movidas del gobierno de George W. Bush, hasta las mismas instalaciones del lugar, haciendo un contraste genial respecto a la situación sociopolítica que se desata fuera de los muros-, con el fin de exponer la idea inequívoca de lo que sucedió en aquellos meses del 2003 que marcaron un hito en la historia.

A la fórmula Bourne (Damon-Greengrass) no se le escapa una. Damon nuevamente está soberbio en su papel (ya se está convirtiendo en el favorito de este blog, en lo que a intérpretes contemporáneos se refiere, por su camaleónica forma de adaptarse a cada personaje), aunque se reconocen ciertos rasgos (¿adrede?) de Jason Bourne. Por su parte, el dire apunta cada ítem de la composición visual a su tésis, como un todo que termina definiéndose -o diluyéndose suavemente- en las secuencias de acción tan bien rodadas, como las de las dos escenas iniciales.

Y hacemos hincapié en la "tésis" argumentativa porque, si la comparamos maliciosamente con la reciente ganadora de la inocente Academia hollywoodense, claramente ésta última sale perdiendo. Cuando The hurt locker aplaude a esos héroes que están resignados a tomarse la "droga del hombre" que es la guerra, Green Zone intenta apartarlos del campo de batalla, poniéndolos en situaciones más humanas e icónicamente superiores a la inquieta cámara de Bigelow. La forma en la que el Jefe Roy Miller (Damon) va encontrando las respuestas, sin caer en la típica "verdad-absoluta-del-protagonista-inocentón", es un claro ejemplo de esto que se menciona. Y el desenlace de la película es otro excelente ejemplo, con el secuestro y el comunicado de prensa mostrados en montaje paralelo, denostando una calidad narrativa superior a la interesante pero unidireccional propuesta de Bigelow.

Ya dejando de lado la comparación a la que se presta el género y el guión, y que además permite aclarar que la cinta no recibió buenas respuestas en Estados Unidos precisamente porque, tal y como lo dijo un colega, los ciegos ciudadanos norteamericanos "prefieren la imagen de héroes que se muestra en The Hurt Locker" (a lo que yo agregaría que más bien es lo que les quieren imponer desde las campañas propagandísticas), pasamos a hacer valer los dotes del último trabajo de Greengrass.
Se destaca el diseño de arte, creando esas locaciones tan reales para alterar el orden de una manera muy creíble y aplaudible. Como decíamos, la escena inicial con el bombardeo a Bagdad de fondo (¡qué oportuno ese zoom-in, Paul!), es genial, y también se destaca el hecho de que casi no hay banda sonora, lo cual impregna aún más de realismo la trama bélica.

Pero lo que más se aprueba es el ya mencionado contraste entre lo que sucede dentro del muro y en la resistencia. Greengrass juega al desentendido filmando la conversación en la piscina del hotel, o la de la habitación de la reportera del Wall Street Journal, para que uno diga "mirá vos, qué lujazo es ese lugar", mientras secuencias anteriores muestran al ejército estancado en un tránsito provocado por gente que ruega tanques de agua para subsistir. Aquí, los tiranos son los visitantes, no los locales.
Aquí no hay escenas en las que una anciana lugareña engaña a un capitán en su mercado mientras esconde una bomba; aquí, en busca de defender la integridad de su país, un lugareño filtra información a un soldado extranjero que aún así parece de confianza. Aquí cada fotograma está impregnado de desesperación basada en la crisis humana que supone la invasión estadounidense (planos aéreos al barrio de Adhamiyah), buscando dejar expuesta la soberbia tiranía de la Autoridad Provisional de la Coalición (plano aéreo al Palacio Republicano), no de desesperación por estar "Oh! atrapado en este infierno..." (véase "El infierno de los beligerantes").
También se yuxtapone esa enmarañada demostración de la complicidad de la prensa, tan culpable como los impulsores de la movilización, algo que además de arriesgado se materializa como oportuno, ya que no intenta hacer de eso un descubrimiento de la pólvora como sí pasó con el burdo recurso de la cita de Chris Hedges en el comienzo de la ahora inferior película que ponemos en comparación.

Green Zone no sólo enaltece la imagen de Greengrass como realizador realista y frenético buscador de la documentación de su mundillo ficticio, sino que además, mientras se juega como un producto creíble y atractivo por su factura técnica y sus buenas secuencias de acción, demuestra que algunos ya galardonados todavía deben aprender mucho sobre incursionar en el género bélico. Y, si bien se le puede atribuir mucho de la saga Bourne (el reparto se adapta muy bien pero conserva la escencia de ésta última), y le cuesta empezar, mantiene un toque indiscutido de originalidad puesto a merced de los defensores de una verdad política muy cuestionada por cuestiones del mismo tipo. He ahí su poca repercusión a nivel global. No aprendemos más...

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