Mi documental "A Fanatic By Choice"

sábado, 11 de enero de 2014

Pawn Shop Chronicles

Título: Pawn Shop Chronicles
Dirección: Wayne Kramer
Guión: Adam Minarovich
Género: Comedia, Crimen, Drama
Duración: 112 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2013
Reparto: Paul Walker, Matt Dilon, Brendan Fraser, Norman Reedus, Elijah Wood, etc


Despedida disparatada


Después de una extensa carrera que comenzó en una película de terror llamada Un monstruo en el armario (1986, Bob Dahlin), Paul Walker vio el final del recorrido en un trágico accidente automovilístico el pasado 30 de noviembre en Valencia, California. Aunque todavía quedan por estrenarse tres películas más con su participación (Hours, de Eric Heisserer, Fast & Furious 7, de James Wan, y Brick Mansions, de Camille Delamarre), el nuevo opus del sudafricano Wayne Kramer fue el último estreno que pudo vivenciar Walker. Pawn Shop Chronicles (2013) marca la segunda participación de Walker con Kramer, siendo la anterior la más que recomendable Running Scared (2006).

En esta nueva película, todavía no estrenada en nuestro país, tenemos una historia al estilo Pulp Fiction con reparto coral, pero centrada en un pueblito bastante endemoniado del sur de Estados Unidos, con mucho acento de la zona y un tono muy cómico. La referencia a Tarantino es notable, pero en este caso el producto se queda a medio camino por una serie de gags mal logrados y cierta previsibilidad en la trama principal: un hombre que retoma la búsqueda de su esposa, desaparecida hace seis años, al llegar al pueblo y encontrar el anillo de bodas en una casa de empeño. Este local es el hilo conductor de toda la historia, así como los objetos que se venden ahí.

El papel de Paul Walker es algo atípico en su carrera, trabajando físicamente de una forma que nunca se lo vio hacer, deformando sus expresiones para personificar a un redneck drogadicto que planea una disparatada forma de robar a su dealer junto a su colega de andanzas. Los momentos cómicos más notables de la película se dan con esta dupla, junto con el acto dedicado al personaje de Brendan Fraser, un imitador barato de Elvis Presley que llega al pueblo para un show tributo. Walker se lleva algunas partes destacadas, como cuando se plantea por qué hay que odiar a los judíos y los negros (él y su amigo pertenecen a un grupo que pregona la supremacía aria) de una forma muy infantil, o cuando están en medio de un ‘apriete’ con un drogón que les robó dinero.

Si bien todo el tiempo la película maneja un tono irónico muy entretenido (como la patente que maneja el personaje de Fraser), la trama se torna muy oscura para cuando el papel de Matt Dilon toma relevancia, y la película se convierte en una suerte de mezcla entre Sin City (la referencia quizás se hace obvia por el personaje de Elijah Wood) y la ya citada Pulp Fiction, solo que con una impronta propia y movimientos de cámara que de tan estilizados hasta molestan. Si los efectismos en el guión funcionan o no, depende de cómo se encare el visionado: como comedia negra que no se toma en serio funcionan muy bien, pero como película de acción dejan mucho que desear.

Walker, por su parte, se despide de la pantalla vestido para el robo planificado durante el comienzo de la película, con una máscara de payaso bastante tétrica, que termina a los pies del Elvis que se baja del escenario tras dar su show homenaje en la feria del condado. ¿Cómo llega ahí? Vean la película, y de paso ven a un Walker inusual compartir pantalla con un montón de grosos que se divierten notablemente mientras hacen esta rara película. Algo así como una despedida ideal para un actor que dejó el mundo en su ley.

Kon-Tiki

Título: Kon-Tiki
Dirección:Joachim Rønning y Espen Sandberg
Guión: Petter Skavlan, Allan Scott
Género: Aventura, Historia
Duración: 118 minutos
Orígen: Noruega, Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Alemania
Año: 2012
Reparto: Pål Sverre Hagen, Anders Baasmo Christiansen, Gustaf Skarsgård


El viaje interior

 

La noruega Kon-Tiki (2012) es la tercera película de la dupla confrmada por Joachim Rønning y Espen Sandberg, dos versátiles directores que hasta ahora no se han repetido en ninguno de sus productos, y esta vez apuestan por una película más imponente desde la puesta en escena, pero más intimista desde lo narrativo.

El film narra la expedición liderada por el explorador Thor Heyerdahl, quien en 1947 intentó probar que los indígenas sudamericanos fueron capaces de establecerse en la Polinesia cruzando el Océano Pacífico en balsas, saliendo desde las costas de Perú 1500 antes que la expedición de Colón, contrario a las creencias que incluso hasta hoy persisten. Con esa premisa, y sin salirse casi nunca de ella, Rønning y Sandberg filman con una belleza asombrosa el viaje de Heyerdahl, pero a su vez lo describen como el hombre egocéntrico y decidido que fue en su momento, dedicándole momentos en los que el actor Pål Sverre Valheim Hagen se luce con los silencios y las miradas. Lo curioso es que en la realidad el explorador le tenía fobia al agua, y en la película eso está plasmado desde recursos muy sutiles, sin caer en obviedades.

En líneas generales, la película tiene esa virtud con la mayoría de sus recursos narrativos. Tranquilamente se pudo caer en un relato épico vendible a todo público pochoclero que guste de las historias “feelgood”, pero la dupla de realizadores noruegos optó por un relato más crudo, contado desde la perspectiva del protagonista sin detenerse demasiado en las emociones y otros latiguillos más propios de la industria hollywoodense. No obstante, a veces visualmente se recae en cierta belleza en exceso que le quita realismo a la propuesta.

Se puede decir que la trama es bastante llana, y que los diálogos no están muy trabajados. Incluso algunas situaciones son bastante forzadas para dar vida al guion y diferenciarse del multi-premiado documental del mismo título, que en 1951 incluso ganó el Oscar. La primera parte de la historia precisamente reconstruye el intento de Heyerdahl por conseguir la financiación para su viaje, y su encuentro paulatino con los que después serían sus acompañantes en el inolvidable periplo. La película está notablemente dividida en dos partes, con la primera ya mencionada y la segunda ese viaje imponente a mar abierto, filmado por momentos de una forma en que no se sabe cómo continuará la trama y cómo sostendrán un hilo narrativo con tan poco por contar. ¿Habrán ocurrido realmente esos contratiempos y obstáculos que debió sortear el grupo, o es sólo un gancho para hacer fluida la historia? No sabemos, pero al menos en la película funcionan y se agradecen, junto con algunas tomas bellísimas construidas con un gran desempeño digital.

Y precisamente lo que se destaca de esta ficción es como los directores hacen énfasis en la naturaleza que acompañó a Heyerdahl y sus cinco particulares acompañantes, construyendo además escenas maravillosas como un memorable travelling falso que empieza desde el grupo recostado en la superficie de la balsa y termina en la estratósfera, filmando el sol saliente sobre la silueta del planeta. Recursos técnicos no les faltan, y el aprovechamiento está a la altura para brindar una experiencia cinematográfica disfrutable desde lo visual y lo histórico.


viernes, 4 de octubre de 2013

Elysium

Título: Elysium
Dirección: Mark Blomkamp
Guión: Mark Blomkamp
Género: Acción, Drama, Ciencia Ficción
Duración: 109 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2013
Reparto: Matt Damon, Jodie Foster, Shartlo Copley, Diego Luna, Wagner Moura, Alice Braga


Inmigrantes del paraíso

 

El director sudafricano que nos soprendió a todos con la poética y abrumadora District 9 en el 2009, vuelve con un drama futurista que vuelve a hacer hincapié en las desigualdades sociales, esta vez poniendo foco en una crítica severa a las políticas inmigratorias y el sistema de salud de los Estados Unidos (llevadas a una perspectiva macro) y la lucha de clases. 

Blomkamp logra una puesta en escena impactante e imponente, apoyada nuevamente por un despliegue técnico casi perfecto, con efectos especiales alucinantes y una fotografía preciosa del caos. A pesar de que a veces cae un poco en la repetición estética de ciertos escenarios similares a aquel gueto alienígena en su ópera prima, ahora logra componer una Los Angeles en 2159 devastada por la contaminación y el hacinamiento. Realmente vale la pena abstraerse del relato (si es eso posible, con lo fuerte que es en cuanto a peso narrativo y calidad de armado) por unos momentos y apreciar la forma en que el realizador y su equipo llenaron las colinas angelinas de todo lo que necesitaban para dar credibilidad a la idea visual. 

Las actuaciones son todas excelentes, algo no muy común en este tipo de propuestas. En este caso, quizás Blomkamp cae en un guión más esquemático y propicio a caer en los vicios del género, pero eso no le impide preocuparse por la tridimensionalidad de los personajes, mediante una gran dirección del reparto. Matt Damon, como siempre, está genial, pero también se destacan las actuaciones de Wagner Moura y un casi irreconocible Sharlto Copley, que como en District 9 (película que lo tuvo como protagonista) logra una transformación física asombrosa y compone un villano de múltiples fácetas realmente espeluznante, aunque de a ratos un poco excesivo. Diego Luna y Jodie Foster cierran un círculo muy correcto de actuaciones que realmente hacen muy amena la historia. 

Si la ciencia ficción no estaría tan preocupada por los efectismos y el ruido audiovisual hoy en día, saldrían obras como esta. Blomkamp pone el listón muy alto, porque a su relato futurista -apocalíptico, si se quiere- le agrega la crítica social que ya se está volviendo marca registrada de la casa. En esta caso traza los hemisferios actuales (norte y sur) como una distancia espacial en donde el paraíso Elysium -donde se mudan los ricos para escapar de una Tierra devastada por la humanidad- orbita en torno al planeta solo habitado por los marginados, los pobres y, sí, los latinos. 
Pero, ojo, que esta no es una mirada discriminatoria típica de Hollywood y su ombliguismo, sino más bien es el ojo reprobatorio de un director que así como en su primera obra hizo una metáfora genial del apartheid, esta vez nos vuelve a decir que los males particulares de una potencia económica en el futuro se globalizarán junto con el inevitable -y patético (se puede resetear un gobierno como a una computadora)- avance tecnológico. 

miércoles, 2 de octubre de 2013

The Bling Ring

Título: The Bling Ring
Dirección: Sofia Coppola
Guión: Sofia Coppola y Nancy Jo Sales (autora del artículo The Suspects Wore Louboutins)
Género: Crimen, Drama
Duración: 90 minutos
Orígen: Estados Unido, Reino Unido, Francia, Alemania, Japón
Año: 2013
Reparto: Katie Chang, Israel Broussard, Emma Watson, Leslie Mann, Taissa Farmiga, Claire Julien

El delito ingenuo

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

La sobrevalorada directora Sofia Coppola convierte una reciente historia real bastante particular en una película soporífera y mal contada, que cae en su típico lugar de ilustración de las desgracias y decadencias de la aristocracia, intentando reafirmar su autoría, que ya quedó trunca hace rato. Lejos están los días de lucidez de Lost in Translation (2003) o la llamativa Marie Antoinette (2006). Ahora la hija de Francis Ford luce repetitiva y falta de ideas, con una pésima dirección de actores y una puesta en escena en piloto automático, intentando ser transgresora pero quedándose en un retrato banal sobre un relato verdadero que arrojaba a la luz la vulnerabilidad de la fama y su mundillo consumista.

Cuando una película basada en una historia real no logra conmover más que lo acontecido mediante el lenguaje cinematográfico y su magia narrativa, y en lugar de eso logra menos efecto que un video en Youtube o las fuentes de información, claramente algo anda mal. El material de archivo del juicio contra el grupo denominado Bling Ring Gang (seis adolescentes que robaron casi 3 millones de dólares en pertenencias de celebridades en Los Angeles), como cámaras de seguridad, entrevistas a los implicados, o incluso el propio artículo de la revista Vanity Fair en el que está inspirado el quinto trabajo de Coppola, tienen muchísimo más impacto dramático que la película en sí.

En la vida real, los seis delincuentes obsesionados con personalidades como Lindsay Lohan, Paris Hilton, Orlando Bloom, Megan Fox, entre otros, lucen como chicos comunes y corrientes, casualmente convertidos a la fama por sus acciones, en una siniestra retroalimentación de ese micro universo.
En The Bling Ring, la directora pone en pantalla un montón de caras bonitas que rompen completamente la atmósfera de transgresión, y los hace quedar –tal vez intentando ser neutral, o quién sabe por qué- como simples idiotas cleptómanos serviles a un producto pop divertido.
Si bien el grupo de amigos y amigas no tenía ningún manifiesto ni algún tipo de motivador real más que una extraña condición de idolatría por el estilo y la vida de clase alta, en la película son poco creíbles porque Coppola pierde demasiado tiempo queriendo armar escenas cool, musicalizadas con música de moda y supuestos momentos de rebeldía adolescente, en vez de ilustrar más humanamente a sus personajes sin tantos lugares comunes.

La película nunca despega y prefiere quedarse en los detalles más hedonistas y hasta fetichistas en lugar de contar bien un relato policial muy particular y profundo ocurrido hace no más de dos años y que, nuevamente vale insistir, demostró la fragilidad y vulnerabilidad que reviste el universo de la farándula hollywoodense. Por ejemplo, Paris Hilton deja las llaves de su mansión debajo del tapete de entrada, o todos los hogares son fáciles de mapear satelitalmente: todo esto en la película queda reducido a simples datos que funcionan como gags que dan una breve dinámica a la narrativa, pero jamás dichos detalles son tocados con profundidad porque Coppola está demasiado ocupada filmando sexys a las actrices (sobreactuadas todas) y poniendo a todo volumen la música para que haya un aire de libertinaje berreta, incluso tratado desde la ingenuidad.

El cine de Sofía Coppola ya hartó, es más de lo mismo. Y por como viene su filmografía, no parece querer desviarse de ese rumbo intrascendente, en donde la que parece estar obsesionada con el propio mundo banal y farandulero que la rodea es la propia directora.


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