Mi documental "A Fanatic By Choice"

jueves, 15 de agosto de 2013

World War Z

Brad contra los zombies

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

Llegando a sus 50, y cada vez más reconocido por su calidad actoral, Brad Pitt ahora se da el lujo de producir pelis en las que él se pueda divertir actuando. Y esto es lo que más se agradece en la apocalíptica Guerra Mundial Z, de Marc Foster. Es como si tantos años de multifacéticos papeles hubieran desembocado en este “juego a ser el héroe de carne y hueso que intenta salvar el mundo”, en pleno auge de películas de super-héroes.

Es también como si Guerra Mundial Z aunara todos esos componentes de producción-tanque de Hollywood, sumando algunos guiños a éxitos actuales (claramente, hay un oportunismo con el apogeo del sub-género zombie que supuso la serie televisiva The Walking Dead) y los dejara en manos del único actor que podía quedar creíble siendo un padre de familia que es llamado a salvar a la humanidad, justo cuando esta se empieza a devorar a sí misma.

El resultado de esta ecuación nos deja, sin embargo, un producto bastante ambiguo, en el que lo único realmente sólido son los dotes actorales de Brad y algún que otro momento bien construido. Como el clímax de la película, que se desarrolla dentro de un ambiente bastante minimalista totalmente opuesto a la magnanimidad de todo el filme.

En los momentos en que el director se juega por humanizar a los personajes, sin importar el valor que le dé a los diálogos (bastante flojos, dicho sea de paso), es cuando la trama es creíble y Guerra Mundial Z se vuelve mucho más disfrutable. Porque Pitt realmente se pone al hombro la trama y deja obsoleto los intentos de producción de hacer que el héroe viaje por todo el mundo para que el espectador se crea que el problema es a escala global, o poner personajes de relleno para que el susodicho no se las sepa todas y parezca menos invencible.

Y aún así, la película nunca levanta vuelo y se queda a mitad de camino en todo. No es ni una peli de acción, ni de terror, ni de aventuras. Es una mezcla fría de todo, queriendo abarcar mucho y apretando poco. No esperen el gore al estilo George A. Romero, ni el frenesí de 28 Días Después, ni la carga dramática de The Walking Dead.

Foster, responsable de obras como Monster’s Ball o Descubriendo Nunca Jamás que últimamente se volcó a hacer basuras de acción como 007: Quantum of Solace y otros desparpajos cinematográficos, nunca se decide a darle una impronta propia a la película, y eso le juega muy en contra, ya que su carrera demostró que cuando se jugó por la humanidad en la dirección de actores logró cosas más que aceptables. En esta película prefiere más el ruido y el choque visual. Y si hay algo que queda demostrado en producciones de zombies, es que se necesita darle humanidad a la historia. Es por eso que Brad Pitt está tan creíble, pero a la vez tan solo, tal y como los guionistas pusieron a su personaje a luchar contra la epidemia zombie.

De todos modos, un buen actor siempre necesita una mala película para mostrar que aún así puede dar algo digno. Y este es el caso de Guerra Mundial Z, donde este actor ya cincuentón hace las mil y una, y es creíble solo porque pareciera estar divirtiéndose mientras salva al mundo.

Man of Steel


Super-Mesías

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta


El Hombre de Acero es la película sobre Superman que faltaba en el DC Universe para comenzar el camino a ese súmum que sería – según los rumores – La Liga de la Justicia, así como Marvel lo hizo con Los Vengadores (2012). Como en el mundo de las novelas gráficas, la competencia se instaló también en el cine, después del fracaso que supuso Superman Regresa (2005), y ahora tienen un producto digno con el cual pelear además de la ya finalizada saga de Batman, dirigida por Christopher Nolan, quien en esta ocasión se pone en el rol de productor.

Si se la ubica en este contexto, la película dirigida por Zack Snyder no está nada mal. Introduce muy bien al personaje (de forma excesiva, pero lo hace) en lo que será la primera de tres películas de esta franquicia, tiene efectos especiales excelentes, y está llena de estrellas que redondean el concepto de tanque absoluto hollywoodense.  Ahora, ¿esto la hace una buena película en sí? No necesariamente.

Porque la historia, como dijimos, necesita introducir tanto todo el universo, que pierde demasiado tiempo. Si a eso sumamos la excesiva poética que buscó el director de Watchmen (2008) en todos esos planos-detalle y la retocadísima fotografía, llegamos a la mitad del filme hastiados de tanto drama, flashbacks y búsqueda interior para explicar el devenir de Clark Kent. ¿Tan difícil era contar la vida del kryptoniano? Se complicaron demasiado.

La película se hace larga. Muy larga. Tal es así, que cuando llega todo el clímax en el tercer acto, ya es más como un trámite para finalizar la trama. De hecho, la batalla final está muy bien filmada (sobre todo por el 3D), pero hasta parece agregada como si en los estudios hubiesen notado que faltaba acción. Todo se resume en un final abierto, típico de la tinta de Nolan y David Goyer, en que se hace un guiño con el espectador para generar empatía, como si eso aplacara todo el tedio anterior. Tres cuartos de la película son casi soporíferos, pero el peso que nivela la balanza para la calidad de la película, por suerte, recae en todo el efectismo despampanante del último acto. Cada uno dirá si eso es positivo o negativo.

La música, otro elemento de solemnidad necesario en las producciones de Nolan, vuelve a estar a cargo de Hans Zimmer (sí, ante el éxito de Batman, Warner quiso repetir la fórmula casi a rajatabla). El alemán logra una partitura espectacular, pero ya se está repitiendo un poco. Si bien la música en la película no deja de ser intensa, hay bastante de El caballero de la noche asciende (2012) y El Origen (2010) en ciertos pasajes, por lo que por momentos se extraña la particular e inigualable banda sonora que John Williams hizo para las películas protagonizadas por Christopher Reeve.

Las actuaciones están bien, todas. Incluso el no-muy-conocido Henry Cavill no lo hace mal en el papel protagónico. Pero, nuevamente, el problema es que todos quedan atrapados en la nube de drama que impusieron Nolan y Goyer. Russel Crowe roba cámara como nunca, haciendo de un Jor-El que es una suerte de conciencia-deidad que controla las acciones de los personajes implicados, aun cuando en el comienzo del filme ya tiene una secuencia en la que se luce como personaje clave.

Y aquí entra la duda de si era necesario el tono religioso en una película que pone a un alienígena con súper poderes como si fuera un Mesías, con llamativos paralelismos hacia la figura de Jesucristo. Superman tiene 33 años, intenta representar la fe en los humanos incluso cuando es rechazado (y varias veces casi asesinado) por ser considerado superior. Hasta su cuerpo adquiere la figura del Cristo crucificado antes de dirigirse a una escena en particular. Eso, sin contar la parte en que Clark Kent entra a una iglesia católica a pedir consejo de un cura antes de tomar una decisión trascendental. “Él será como un dios para ellos”, dice Jor-El en un momento.

¿Era necesario hacer eso, Nolan, Snyder y Goyer? Bueno, uno se hace esta pregunta bastante a lo largo de todo lo que dura El Hombre de Acero.

The Hangover Part III

Título: The Hangover Part III
Dirección: Todd Phillips
Guión: Todd Phillips, Craig Mazin, Jon Lucas, Scott Moore
Género: Comedia
Duración: 100 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2013
Reparto: Bradley Cooper, Ed Helms, Zach Galifianakis, Ken Jeong y John Goodman

Sobrios, pero aún re-sacados

Texto originalmente publicado en La Mirada Indiscreta

La Manada compuesta por Bradley Cooper, Zack Galifianakis y Ed Helms vuelve al ruedo por última vez para una película en la que no hay resaca, pero sí mucho descontrol, como en las anteriores dos entregas de esta trilogía dirigida por Todd Phillips. Nuevos personajes y un tono mucho más sombrío son los elementos más llamativos de un cierre a la altura del universo desmesurado que logró el maestro de las road movies.

En esta ocasión no hay fiesta, no hay casamiento, ni alcohol, sino un simple disparador emocional y psicológico en uno de los personajes, que empieza a desencadenar una serie de hechos bastante salidos de control, que no le escapan a las secuencias de acción y a un cine arriesgado desde la puesta en escena. Esta vez ya no importa el desempeño actoral, clave en el éxito de la primera parte, sino más lo que ocurre y lo que los altera. Los personajes son funcionales a una narrativa muy fluida, que va tomando color a medida que las cosas se ponen peores. En definitiva, una más de ¿Qué pasó ayer? como bien sabe hacerla Phillips y su “manada”.

Lo curioso es como esta vez no se centra todo en la comedia, sino más bien en lograr un clima y escaparle al género. Los elementos de un policial, acción, suspenso y obviamente todo lo que se necesita para una road movie, terminan siendo mucho más gigantescos que los gags, que son puestos a cuentagotas, con una sutileza ya característica de la casa. Y es sólo en estos tramos en que importa el arrollador trabajo que hace Galifianakis con su ya mítico personaje. Su inestabilidad emocional y su facilidad para tirarse a lo grotesco funciona a la perfección cuando se pone a dúo con el excéntrico Ken Jeong, el factor extremo que esta vez marca el tempo de la trama como nunca lo había hecho.

Y es ahí cuando todos los detractores de esta trilogía (los amargos que se toman demasiado en serio una serie de películas que ni siquiera lo intentan) deben callarse y apreciar la evolución que logró Phillips con el personaje de Mr. Chow. De villano en la primera, a ladronzuelo chistoso en la segunda, a criminal protagonista, todo coronado con la escena inicial del filme, la mejor forma de introducir la importancia que tendrá en esta última entrega.

A pesar de ciertos momentos de inverosimilitud ya vistos en la segunda, y algún dejo de nostalgia que se sale un poco de la propuesta jocosa, ¿Qué pasó ayer? Parte III tiene mucha risa garantizada para el espectador, y nuevamente no busca la grandeza. Se sabe poco solemne, aunque juegue un poco con eso, y mantiene el tono que la hizo memorable. No es mejor que la primera parte, pero sí se pone en un lugar privilegiado de la filmografía de Todd Phillips, para reafirmar su condición de director que sabe lo que quiere, sabe lo que hace, y cuenta historias con la simpleza y categoría necesarias para brindarnos un momento sumamente disfrutable.


miércoles, 14 de agosto de 2013

Editorial: Palitoh Forever

Fueron dos las veces que dejé de lado este espacio que tanto me llena en todos los sentidos. La primera ya fue hace dos años, cuando a mediados del 2011 dejé de publicar por motivos que ya no recuerdo. La segunda fue el intento fallido de retornar a la actividad constante a principios de este año: un febrero donde amagué con volver con todo, pero me quedé a medio camino, con una no muy extensa pero sincera crítica a la última película de Quentin Tarantino. 

Ahora, con los ánimos renovados y ya asentados en un nuevo lugar (me mudé a Capital Federal, aunque eso sea un dato irrelevante para muchos), nos embarcamos en esta suerte de 3ra parte de una trilogía que arrancó bien, se vino medio abajo pero fue linda en su secuela, y su tercera puede ser prometedora o bien irse al pasto de nuevo. Cual saga Batman de Tim Burton, vamos a ponernos bien mufa y titulamos este editorial como la tercera entrega que comandó el fracasado de Joel Schumacher. 

¡Caterva de sensaciones!

Hace poco, reunido con los colegas de La Mirada Indiscreta, sitio web en el que me embarqué como una nueva experiencia cinematográfica en esta bizarra carrera subversiva como pseudo-crítico, a una de mis amigas del staff de redacción le causó gracia escuchar el nombre del hosting: el blog de Palitoh. O le llamó la atención, no sé. Capaz nunca expliqué qué es: simplemente un seudónimo de toda la vida, reafirmado por una gran amiga de la secundaria, cuya ocurrencia también mutó en un cariñoso apodo por parte de los más cercanos.

Este blog es como un nicho donde siempre pensé que dejé un pedazo de mí. Intento ser sincero con mi visión del arte (a veces se filtra algún que otro texto sobre discos o eventos varios), y me sale así, pero es bueno destacar que este nombre al que cambié desde la segunda etapa es en homenaje a una de mis canciones preferidas de La Máquina de Hacer Pájaros. No dejo link porque es re pirata eso; cómprense el disco, Películas, una obra maestra del rock argentino, algo que sólo podía salir de la mente de un genio como Charly García, personaje al que cité en varias ocasiones en mis textos.

Y como verán, hay mucho rock en esta nueva etapa. Sí, se viene mucha más música en Qué se puede hacer..., porque es un distintivo en mi vida. Eso incluye, además, info sobre lo que sea que esté haciendo musicalmente (tengo una etapa rockera que la mayoría desconoce, y la pienso reivindicar por puro hobbie) y lo que esté escuchando o rememorando. 

Por supuesto, muchas películas, de todos los años, tonos, géneros y sabores (sí, vamos a comer películas también, no sé como pero lo vamos a hacer). That's kind of my life now.
Estoy escribiendo mi primera película, con la supervisión de un groso como Gabriel Medina (Los Paranoicos, La Araña-Vampiro) y voy a seguir colándome en rodajes, estudiando cine, etc. Así que no es joda cuando digo que vamos a vivir por y para el cine.
¡Todo esto nació de la nada! Pintó volver a full, viste. Ah, sí, nos ponemos más coloquiales también. 

Secciones nuevas.... esta vez en serio

Basta de vender humo. Ahora, de verdad, se vienen retrospectivas, refritos, informes especiales, rankings inventados (como siempre) y alguna otra bizarreada que se me ocurra, así como también volverán los cuentos cortos. Y por supuesto, el Top 10 anual y los infames Premios Palitoh. Pometo ponerme al día con los amigos y amigas de la blogósfera cinéfila, visitar más sus sitios y participar del Directed By o los Blogger Awards (¡este año colgué, por los cambios que estuve teniendo! Sepan entender). 
We stay classy
Eso. Aires renovados, muchas ganas de hablar, hacer y respirar cine. Etcétera. 

En este editorial queda asentado que este blog no ha de morir como pasó antes. Y de paso, titulándolo así, intentaré romper el maleficio de la olvidable película de Schumacher. Sigo escribiendo en NBA LAKERS BLOG, hablando de mis amados Lakers en el blog increíblemente más leído en habla hispana sobre el equipo angelino de baloncesto, y ahora me sumo a la ya mencionada La Mirada Indiscreta, sitio de crítica de cine que tiene mucho de tufillo hitchcockiano en su estética y propuesta, como notarán en el nombre y el logo. De ahí estaré poniendo mis textos acá también, ya que estamos.

También, en su momento subiré a la web los dos cortos documentales que dirigí (el más reciente todavía siendo retocado antes de ser lanzado) en mi estadía en Posadas. Uno de ellos, Lejos de casa, fue premiado en la 10ª ENACOM (Encuentro Nacional de Carreras de Comunicación) como Mejor Documental, así que muy feliz y agradecido por eso.

En fin, basta de esto, y a empezar con todo esta ¿nueva? etapa. Seguimos más Palitoh que nunca, con editorial súper cursi. 

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