Mi documental "A Fanatic By Choice"

jueves, 21 de febrero de 2013

Hitchcock


Título: Hitchcock
Dirección: Sasha Gervasi
Guión:John J. McLaughlin, Stephen Rebello (libro)
Género: Biografía, Drama
Duración: 98 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Anthony Hopkins, Helen Mirren, Scarlett Johansson, Jessica Biel, Michael Stuhlbarg, etc


El maestro del suspense

La propuesta del debutante en ficciones Sasha Gervasi era tan peligrosa como uno puede llegar a imaginarse. Un maquillaje que distrae, un guión que para muchos resultará medio adornado por ribetes del clasisismo hollywoodense, y en sí una película innecesaria. Sin embargo, nada más alejado de la realidad: Hitchcock (2012) es un logro en este tipo de filmes tipo biográficos y una aprobada primera ficción para Gervasi, que ya dirigió el aclamado documental Anvil: The Story of Anvil (2008).

El director utiliza, sí, recursos de manipulación dramática para mantener a flote un guión que está planteado como uno no se lo esperaría (la realización accidentada de la obra maestra de Alfred Hitchcock, Psicosis, convertida en un ir y venir en el matrimonio del susodicho), pero obtiene como resultado un bellísimo retrato de la personalidad del característico director de cine de suspenso. Gervasi no se pierde ningún detalle, y logra que su película, mientras cuenta las peripecias del rodaje de Psicosis tanto en sus reveses económicos como los impedimentos de las instituciones reguladoras de contenido de la época, exteriorice los traumas de Hitchcock, sus problemas con la comida, su fijación con las rubias y su obsesión con innovar dentro de la industria a cualquier precio.

Así, además de lo pintorezco que resulta el dúo conformado por Anthony Hopkins y Helen Mirren escondido dentro del bellísimo trabajo de maquillaje y peluquería, nos encontramos con una historia muy bien narrada, llevadera y atractiva, que no se destaca demasiado por logros particulares, pero que sirve para acercarse -siempre desde la cinefilia- un poco más a la forma de ser del director. Porque eso tiene el cine, la oportunidad de retratar o plasmar en sí mismo lo que se puede lograr a partir de y con otros medios. Entonces es de disfrute la apertura y el cierre con cuarta pared, el acento y tono de voz de Hitch impresionantemente sacado por Hopkins, o las notas de comedia innegablemente necesarias. 

Hitchcock resulta ser mucho más de lo que promete. No sólo cuenta la realización de la memorable película de terror y sus detalles (aunque no vamos a negar que hubiese sido bueno tener un poquito más de esto), sino también nos muestra cómo ésta fue determinante en la evolución de la hermosa historia de amor que vivió el director con su esposa, Alma, por aquellos años. Increíblemente, bastan los casi 100 minutos de metraje para que, con el relato sobre una película y un espacio temporal acotado, se abran tantas posibilidades de zambullirse en la intimidad del mundo de uno de los cineastas más maravillosos que este arte pudo dar jamás: Alfred Hitchcock, el maestro del suspense. 


Argo


Título: Argo
Dirección: Ben Affleck
Guión: Chris Terrio
Género: Drama, Historia, Thriller
Duración: 120 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Ben Affleck, Bryan Cranston, John Goodman, Alan Arkin, etc


La hazaña impensada

Ya no quedan dudas de que cuando decimos el nombre de Ben Affleck hablamos de uno de los directores de cine más prometedores de la industria hollywoodense. Su pulso para filmar secuencias dramáticas, su forma de poner la cámara y la calidad con la que narra hechos sociales (y ahora históricos) lo convierten en un realizador único en la actualidad. Argo es su consagración temprana, en una filmografía que sólo cuenta con dos obras más, ambas también excelentes. 

Esta película, con un guión basado en una autobiografía e inspirado en un artículo periodístico, cuenta con notoria solvencia un hecho que inexplicablemente a nadie se le había ocurrido llevar al cine: el operativo de extracción de seis diplomáticos estadounidenses escondidos en la embajada de Canadá en Irán durante la revuelta de 1980, por el asilo político que Estados Unidos le dio al sha Reza Pahlavi tras su derroación en 1979. 
Todo esto está explicado en una asombrosa introducción en la que Affleck muestra sus dotes como narrador, documentalizando necesariamente un hecho que luego servirá como contexto en toda la película y hará que el espectador se sienta parte de ella.

A partir de allí es todo cuesta arriba, con un reparto que está excelente, liderado por el mismo Affleck, pero acompañado por notables actuaciones de John Goodman y Alan Arkin, quienes se devoran la pantalla en sus momentos juntos. Y llega el clímax, filmado de forma magistral, con un pulso narrativo que se apodera de la tensión como recurso y convierte a lo que venía siendo un drama histórico en un thriller político hecho y derecho, todo combinado con un montaje alucinante y muy buena música compuesta por el genial Alexande Desplat.

Todos los elementos en Argo son importantes. Desde las actuaciones (todas muy creíbles) y sus construcciones estéticas (la secuencia de créditos finales, juntando fotogramas de la película con fotos reales de los personajes que vivieron los hechos en 1980), pasando por el trabajo de sonido como un elemento más en la gama de recursos que Affleck emplea para dar tensión al relato, hasta la puesta en escena.

El nuevo opus de Affleck no puede dejar indiferente a los espectadores, porque nuevamente el director de Gone Baby Gone (2007) y The Town (2010) logra imprimir de realismo una trama que quizás en otras manos pasaría inadvertida, y no sería este cuadro de una realidad social latente (Irán como pivot estratégico en el panorama político de Oriente y sus consecuencias, la CIA como la institución casi autónoma disparadora de conflictos mundiales, y Estados Unidos con su constante intromisión en asuntos internacionales) en donde además se pone al cine en un lugar de privilegio, no sólo por ser el medio de expresión y elección narrativa, sino porque es un personaje más en los hechos. Y eso, señoras y señores, jamás puede ser malo en este arte. Y si te parece malo, "Argo-fuck yourself"...


Skyfall


Título: Skyfall
Dirección: Sam Mendes
Guión: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan, Ian Flemming (historia)
Género: Acción, Aventura, Crimen
Duración: 143 minutos
Orígen: Gran Bretaña, Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, etc


La intimidad del espía

La vuelta de tuerca a la personalidad de James Bond le sentó perfecto a una saga que ya cumplió los 50 años y aún se mantiene en vigencia tanto en la taquilla como en el imaginario cinéfilo de culto. Y si a eso se le agrega la inclusión del inteligentísimo Sam Mendes en la silla de director, es un combo aún más efectivo para una de las películas más personales -por así decirlo- del mítico espía británico.

Los personajes obtuvieron relieve. M (Judi Dench, genial en su papel) toma importancia en el porvenir de la MI6, y resulta clave en el desarrollo de la trama por su vinculación (involuntaria, eso se deja claro en la historia firmada por Purvis, Wade y Logan) con el gobierno de Gran Bretaña, así como también es vital y necesaria para su desenlace. Un villano interpretado caricaturezca pero notablemente por Javier Bardem, le da el tono romántico al film, aunque, si bien se entiende que la idea era crear un némesis caótico, con un pasado como disparador de su accionar y a la vez como leitmotiv, no logra redondear muy bien la concepción de fatalidad que engloba su construcción (y el final no ayuda mucho, ciertamente).

Y Bond. James Bond. El Bond más ¿frágil? tal vez, pero sí humano y palpable que jamás haya tenido la saga. Un Agente 007 al que los años se le vinieron encima y con ellos la noción de modernidad se despedazó por el suelo. Como si el universo Bond hubiera caído en la cuenta de que la realidad lo superó en paranoia terrorista y psicosis tecnológica.
Bond es el personaje que nunca fue y que a partir de ahora quizás será, por su nueva condición humana. Y ahí está el logro de Sam Mendes. Este personaje de Daniel Craig se venía caracterizando por su fuerza física, y poca dependencia a las armas y artefactos de Q, pero ahora con eso también llega un pasado que lo invita a usar su personalidad como arma (el significado de "Skyfall" va mucho más lejos de lo que uno puede suponer con el título) y su contexto social como escenario de batalla.

He ahí que quizás Skyfall (2012) sea una de las películas con menos acción de la historia de esta saga, con un desenlace tan intimista y tan humanizado como sólo Mendes podía proponer. No obstante, descuiden, las secuencias de acción (como la inicial) están muy bien filmadas y no tienen nada que envidiarle a las obras que dirigió Martin Campbell o Marc Foster en la era Craig.
Se destaca la secuencia de créditos, con la canción homónima cantada por Adele, y unos efectos visuales muy llamativos, como no podía ser de otra forma en la saga del espía.

Skyfall es, además, un disfrute técnico, con una deslumbrante fotografía por parte del gran Roger Deakins, quien hace de la iluminación un elemento clave en la puesta en escena y eleva aún más el status cinematográfico de este gran acierto que es este nuevo capítulo de 007.
No dejará indiferentes a los iniciados en este universo de acción y espionaje, y a los seguidores acérrimos de la saga seguramente dejará más que contentos. A esperar la próxima, entonces, con la esperanza de que se repita la fórmula completa.


jueves, 31 de enero de 2013

Zero Dark Thirty


Título: Zero Dark Thirty
Dirección: Kathryn Bigelow
Guión: Mark Boal
Género: Drama, Historia, Thriller
Duración: 157 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2012
Reparto: Jessica Chastain, Jason Clarke, Mark Strong, Joel Edgerton, Kyle Chandler, etc


En la guerra todo vale

La directora recientemente oscarizada, Kathryn Bigelow, vuelve a explorar el cine bélico con tintes dramáticos con este thriller político que narra los intentos de la CIA por dar con el paradero del terrorista Osama Bin Laden, líder de la organización Al-Qaeda. El film, que ha dividido las aguas entre los moralistas y los tecnicistas tanto en el panorama político como cinematográfico, carece de solvencia para contar una historia que termina evaporándose en el clímax, que se devora al resto del flojo guión como si fuera un agujero negro, haciendo innecesaria casi una hora de duración.

Toda la transgresión que Bigelow había logrado con su cámara intimista y brutal en The hurt locker (2009) ahora queda resumida a una filmación muy elocuente y prolija, pero que para nada habla bien de una buena dirección. Este opus se luce en montaje y el aspecto fotográfico (la "noche" final está brillantemente fotografiada), así como también en el tratamiento sonoro, pero no convence en la condensación de todos los aspectos.

Resulta ser que, nuevamente, la directora está obsesionada con intentar ser neutral (una de las mayores falasias y metas imposibles del arte), y termina dividiendo a su película en dos partes muy desiguales, con mensajes evaporados: por una parte, la misión de esa supuesta fuerza única e inigualable a nivel global que mostró siempre Hollywood que es Estados Unidos, en su persecusión a uno de los hombres más buscados en la era contemporánea (el film se presenta como "la más grande cacería humana en la historia"), y por otro, el mensaje de ¿denuncia? sobre los métodos que implementa la CIA para conseguir sus objetivos, sin importar qué ni cómo. 
Así, sólo terminamos quedando complacidos con una arrolladora actuación de la excelente Jessica Chastain, con su maquiavélica transformación en pos de la obsesión que implica encontrar al objetivo, pero en el medio nos tenemos que aguantar una hora demás en el metraje, que solo sirven para cargar de pérdidas y nuevos retos a la protagonista.

La historia, insistimos, está muy bien filmada, pero no bien contada. Sin dudas, a estas alturas los dotes detrás de cámara de Bigelow son indiscutidos, aunque no así su mensaje. El dudoso mensaje final de The hurt locker, bajo la aún más dudosa investidura de la neutralidad política, ahora se repite en un film que tiene un final agarradísimo de los pelos y que carece completamente de desarrollo de personajes.
Mientras Bigelow intenta mostrar íconos de la historia reciente en este accionar de los Estados Unidos y su Casa Blanca (aparece Obama siendo consultado por las torturas de la CIA, pero nunca siquiera se hace una alusión a Bush hijo), se olvida de darle vida y conexión a los protagonistas de la cacería, provocando que el desenlace de la historia quede en manos de un montón de bits (salvo la inexplicable inclusión de Joel Edgerton, que tiene a lo sumo 30 minutos en pantalla y no más de cinco líneas de diálogo) y extras que no llevaban ni un cuarto de metraje apareciendo en pantalla. Si así pretende que el público afiance su relación con los personajes del guión, está en el camino equivocado...

Por último, y siguiendo con las carencias del guión, nos encontramos con el objetivo cumplido (vamos, no es spoiler, todo el que viva en la Tierra sabe que al final de la peli muere Bin Laden) y una resolución que no alcanza el súmum necesario, ni el tratamiento de la historia lo suficientemente valiente. Es más, la directora ni siquiera (para solventar el problema mencionado de los personajes en el clímax) se anima al montaje paralelo para permitirnos estar "gozando" del logro junto a la protagonista, que queda diluída en el intento de retratar a toda una nación en su porvenir. 
No. Todo queda resumido a una secuencia -muy bien lograda, no lo vamos a negar-, muy violenta y magnificada por la ausencia de banda sonora. Muy efectivo, pero muere en un final inconcluso e inconexo.

En definitiva, Zero Dark Thirty (2012) posee todos los artificios para una narración cargada de factores efectivos (bombas inoportunas, edición de sonido exagerada, y un gran pulso narrativo por parte de la directora), pero no logra su cometido porque está demasiado preocupada por la neutralidad y la objetividad, descuidando así un elemento muy importante en este tipo de dramas: la catársis del protagonista.
Un producto hecho para los premios.

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