Mi documental "A Fanatic By Choice"

lunes, 11 de octubre de 2010

El hombre de al lado

Título: El hombre de al lado
Dirección: Mariano Cohn y Gastón Duprat
Guión: Andrés Duprat
Género: Drama
Duración: 110 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2010
Reparto: Rafael Spregelburd, Daniel Aráoz, Eugenia Alonso, Inés Budassi, Lorenza Acuña, etc.

Los miedos de la burguesía

Esta película no debiera dejar indiferente a nadie. Desde lo artístico de la propuesta hasta el plano dramático de la cuestión, todo es político en El hombre de al lado, este ¿thriller? careta que intenta poner en contraste las dos caras del poder en la Argentina dentro de un microcosmos anodino como lo es la relación vecinal entre dos platenses de diferentes clases sociales.

El hueco que hace Victor para tener "unos rayitos de sol" pone histérico al prestigioso diseñador de arte, Leonardo, que vive en la única casa que Le Corbusier construyó en América y que es considerada una obra maestra de la arquitectura. Este conflicto desencadena una interesante trama que a simple vista se puede exponer como hasta irrisoria, porque no se puede evitar reír en la diferencia palpable que hacen Mariano Cohn y Gastón Duprat en el sólo hecho de la forma de hablar de los dos polos opuestos, pero que en una mirada mucho más minuciosa se traduce en una ácida mirada a los temores de la clase social más privilegiada de este país.

Leonardo llora en el semáforo, o se consuela encerrándose en su Citroën último modelo mientras lo pone en lavado automático. Leonardo intenta "limpiarse", porque su vecino invasor le abrió los ojos, esos ojos que ni con los ventanales que construyó Le Corbusier pueden ver la vereda de enfrente. Por su parte, Victor sólo quiere un rayito de sol que Leonardo no usa, y encima vende autos usados y hace una bizarra práctica de esculturas con armas de fuego mientras por las noches invita a muchachas a beber, eructar y tener sexo con él. Estos dos contrastes se dan en un excelente y justo metraje calculado milimétricamente gracias a un gran trabajo de guión hecho por Andrés Duprat, avalado también por un bellísimo trabajo fotográfico que se llevó un premio en la edición de Sundance de este año.

El aspecto técnico no sólo queda a merced de los ojos, sino del entendimiento. En El hombre de al lado, la historia transcurre en las edificaciones psicológicas representadas en las deconstrucciones arquitectónicas que protagonizan los dos personajes principales. Los estilos de vida se marcan con pincel, y lo que queda demás se pega con moco. Así de artística es esta película, que posee los mejores plano-secuencia del año, sobre todo en uno de los finales más intimidatorios y espeluznantes de la cartelera argentina que se recuerde, sin necesidad de entrar en el género al que le corresponden esos atributos. Con el shock ideológico se asusta más que con el mero sopetón, y eso es palpable en este film.

Esta película habla con lo que se ve, y escucha sólo los golpes de las construcciones. El hombre de al lado se edifica en nuestras narices, y ni así nos evita la mirada aguda y crítica al sistema aislado de ciertos sectores del país. La inocencia del gorila de clase media, y la rigidez y paquetería del businessman de clase alta. Todo resumido en una mini-obra teatral que muestra que el arte no es sectorial ni partidario, sino político, muy político.

viernes, 8 de octubre de 2010

El Rati Horror Show

Título: El Rati Horror Show
Director: Enrique Piñeyro y Pablo Tesoriere
Guión: Enrique Piñeyro
Género: Documental
Duración: 90 minutos
Orígen: Argentina
Año: 2010
Reparto: Enrique Piñeyro, Germán Cantore, Agustín Negrussi, Andrés Bagg.


Construir el mundo con el cine

Enrique Piñeyro quizás sea, hoy por hoy, y a título exagerado, el mejor documentalista del mundo en cuanto a repercusión social. Con Wisky Romeo Zulu (2004) logró cambiar la ley de aeronáutica argentina tras el accidente del Vuelo LAPA 3142, y con Fuerza Aérea Sociedad Anónima (2006) también logró repercutir en el imaginario social con casi el mismo éxito que su predecesora y maestra ópera prima. Ahora, con El Rati Horror Show (2010) apunta a lo mismo, desmantelando una cuestión particular para terminar apuntando directamente al corazón de la "justicia" en la Argentina.

El documental cuenta mediante mecanismos basados en el último grito de la tecnología la historia de Fernando Ariel Carrera, condenado a treinta años de cárcel por la denominada "Masacre de Pompeya", un confuso accidente de tránsito que acabó con la vida de tres ciudadanos luego de una sangrienta persecución policial.
Se dice el último grito de la tecnología de manera irónica, aunque cabe remarcar la habilidad del director y actor para manipular de forma excelente las técnicas del stop motion -entre otras- en las recreaciones miniaturizadas (muy cómicas también, por cierto), o la animación en las dramatizaciones en esa tabla azul hacia donde se dirige junto a su compañero Germán Cantore en las secuencias que ayudan a ir recreando los hechos después de los asaltos de iluminación gracias a la brillante investigación periodística de Pablo Galfré.

Paulatinamente, Piñeyro construye y deconstruye el caso judicial que terminó acabando con la libertad de una persona inocente, víctima de los chanchullos de policías corruptos, que ante un error grave cometido tras perderle el rastro a ladrones en una persecución por el barrio de Pompeya decidieron "fabricar" al culpable mediante manipulación de las evidencias. Piñeyro (que hace de Sherlock Holmes y nos deja ser su J.H. Watson) pone en ridículo a la policía, o mejor dicho, deja a la vista lo ridículo del grupo policial que encabezó la operación, puntualmente de la controvertida Comisaría 34, que evidencian su ignorancia y falta de transparencia en las mismas declaraciones documentadas de las que se vale el realizador para poner en tela de juicio y debate la cuestión.

La información es tratada con sumo cuidado y sentido crítico y analítico, a tal punto que se llega a probar el sonido de los impactos de la bala sobre la carne en una secuencia particularmente espectacular detallada en X-Mo, con el director calzando el arma de fuego, para dejar de lado la naturalización de una balacera contra un ser humano (inocente o no). Y precisamente armas son las que utiliza Piñeyro (no sólo la mencionada) para valerse de su actividad tan creíble y contrastable, haciendo uso útil no sólo de la tecnología (mucha publicidad a Apple nomás, pero qué se le va a hacer) sino hasta de los paupérrimos noticieros argentinos, demostrando también el rol que juegan estos a la hora de construir la realidad y el ya mencionado imaginario social en el que tanto se inmiscuye Piñeyro con fines críticos y si se quiere hasta revolucionarios (el trabajo tiene un aire de grandeza a lo Operación Masacre, de Rodolfo Walsh).
"Si leo en el diario Clarín que Fernando Carrera es un asesino, entonces creo que Fernando Carrera es un asesino, no me importa lo que él tenga para decir," explica el propio Fernando Carrera -la víctima del hecho, el "perejil"- durante la entrevista dentro de la cárcel con el director del film. Esta frase bien puede resumir lo expuesto en el párrafo anterior.

Y volviendo a lo dicho al principio, la repercusión que logra Piñeyro con El Rati Horror Show (el término "rati" -"tira" al revés- en el lunfardo contemporáneo se le atribuye a "la cana", la policía ) llega al punto en el que el realizador logra concretar una entrevista con un procurador de la causa, con el fin de exponer su visión de los hechos desde el punto de vista de su investigación. Si todos lograramos eso con un film, una simple película (obviamente, nótese el grado de significación que le doy a ese "simple"), podríamos dar por seguro que iríamos a un mundo mejor. Documental, 'mockumental', lo que sea, pero se alude a la justicia nuevamente, y esta vez -si bien la causa sigue abierta y Carrera sigue preso- también se logra llegar a una instancia de reelaboración de los conceptos que inciden en la realidad. Si eso no es triunfar, no se me ocurre qué otra cosa puede ser...

Ese cine que propone y utiliza Piñeyro en El Rati Horror Show es, más que un arte, una herramienta de construcción social.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Get him to The Greek

Título: Get him to The Greek
Director: Nicholas Stoller
Guión: Nicholas Stoller y Jason Segel
Género: Comedia
Duración: 109 minutos
Orígen: Estados Unidos
Año: 2010
Reparto: Jonah Hill, Russell Brand, Rose Byrne, Sean 'P. Diddy' Combs, etc.


Terapia, irreverencia y redención

Lo mejor que tiene esta película, protagonizada por quien para este servidor puede que sea el futuro de la comedia americana, es esa indisciplinada forma de contar las cosas, sin importar los estereotipos, lo banal de la propuesta, y sobre todo, olvidándose de ese modismo estructurado, adoptado por las nuevas actividades del género (ni siquiera llamémoslas películas), y mal llamada "corrección política". De esto último no hay absolutamente nada en Get him to The Greek (nefastamente traducido en otros países de habla hispana, que creen que puede aludir a su propia cultura cuando el concepto es puramente hollywoodense... ni Inglaterra puede sentir propia esta cinta).

El cómo se la tome puede que sea un ítem clave para ingerir este cóctel típico de Apatow y Asociados: sexo, drogas, irreverencia, estilo rockanrolla, y avasallamiento incesante de gags verbales muy groseros (y grotescos) que también se venden en formato visual.

Jonah Hill es el amo y señor de esta película. Si el gordito simpaticón (que ya no es más "gordito") logró el súmum de su carrera en la prematura obra maestra Superbad (2007), en este film expresa la madurez que ha alcanzado, aún cuando muchos dicen que copia las formas de su participación en la versión raíz de esta peli que hoy tratamos, Forgetting Sarah Marshall (2008), del mismo director.
A ver, de dónde puede sacar un buen comediante -cuya única arma a veces es su aspecto, y en otros casos más pulidos (que escasean en estos tiempos) sus modismos y estilos- algo de originalidad cuando el concepto o formato de la producción en la que participa se presenta casi como alusión paratextual explícita de un título anterior o ajeno. No jodamo', ¡Hill es un groso! Sus facetas como actor cómico y dramático están plasmadas en la justa duración de este film. Un prodigio que, o tiene un representante medio ciego, o prefiere quedarse en la trivialidad de los hijos de la Hollywood estéril de esta última década.

El guión de Get him to The Greek bien puede ser vapuleado por los pretensiosos como vacío, inconexo, y falto de encanto, pero la química entre sus dos protagonistas (Russell Brand, muy difícil de querer, y el ya mencionado Hill) es la base primaria para su aceptación. No importa cómo acabará todo. De hecho, eso es lo que nos da a entender el pésimo tercio final de metraje. Lo que importa es qué pasa en ese viaje licérgico del medio, que remite a films más valientes y geniales como por ejemplo Fear and Loathing in Las Vegas (1998) de Terry Gilliam.

Se destacan: las técnicas de montaje que utiliza Stoller para plasmar las vericuetas situaciones festivas por las que atraviesan los personajes; la inclusión en el reparto de Sean 'P. Diddy' Combs y Lars Ulrich, especialmente; las letras de los soundtracks interpretados por ese excéntrico Aldous Snow; y particularmente el homenaje a The shining (1980) de Stanley Kubrick durante una escapatoria de un hotel, no tanto por la frase en sí misma dicha por Brand ("¡estos pasillos están construidos a lo Kubrick!"), que explicita la idea de que el genio de las imágenes era un auténtico arquitecto, sino por ese ínfimo, casi inexistente travelling con la steady cam, muy propio de aquellas gloriosas secuencias con el triciclo.

Get him to The Greek podrá ser absurda, banal, escueta, y escandalosa, pero de que te reís, te reís... sino, cualquier cosa, toquen el felpudo de la pared, toquen el felpudo...


sábado, 25 de septiembre de 2010

Valhalla Rising

Título: Valhalla Rising
Director: Nicolas Winding Refn
Guión: Roy Jacobsen y Nicolas Winding Refn
Género: Acción, Aventura
Duración: 93 minutos
Orígen: Dinamarca, Reino Unido
Año: 2009
Reparto: Mads Mikkelsen, Maarten Stevenson, Gary Lewis, Jamie Sives, Ewan Stewart, Alexander Morton, Callum Mitchell, Douglas Russell, etc.


Los silencios de la conquista

No confundan, amigos, a este film con uno de esos épicos de guerra muy hechos a la vieja usanza, como suele verse en la cartelera hollywoodense. Si bien es de dudosa procedencia idiomática (habrá que comprobar ese inglés con el que se comunican los vikingos), esta película de Nicolas Winding Refn es un azote a la tranquilidad del espectador, un claro artístico en donde reposa una parsimoniosa brutalidad, iluminada por el buen gusto a la hora de elegir la banda sonora y el hasta ahora mejor trabajo fotográfico que se ha visto en el año.

Valhalla Rising (2009) es la historia del apodado One-Eye (muy bien en su papel Mads Mikkelsen), un guerrero con fuerza sobrehumana que escapa de la esclavitud rumbo a no-se-sabe-bien-dónde, pero que en su camino se cruzará con varias situaciones que irán a redefinir lo que es. Hasta aquí, el típico esquema de la conquista del ser en un film histórico, pero no. Esta trama, ambientada en el Siglo X, está llena de matices que nada tienen que ver con este tipo de historias que ejemplificamos desde el principio. Valhalla Rising es un grito silencioso, representado pulcramente en su protagonista violento y pacífico a la vez. One-Eye es la encarnación de esa humanidad que, perturbada por los vientos de cambio que soplaron en la época post-Cristo, debió verse envuelta en ríos de sangre en esa búsqueda de la "verdad".

Y, si bien hoy en día diez siglos se ven como muchísimo tiempo, el proceso de las Cruzadas se vio reflejado por los historiadores de una manera pasajera, como si de un trámite se tratara. Eso lo transmite perfectamente el director de la trilogía Pusher. Mientras en el film sucede lo que se ve en pantalla, sabemos -por esas cosas mágicas que sólo el buen cine nos sabe dar- que en otra parte al mismo tiempo hay guerras desatándose de una manera atroz, con la finalidad de tener el poder legítimo de la divinidad. Sin embargo, nuestra mente se mantiene inerte con esa lejanía a la que están condenados los personajes.
"Somos guerreros directos de Dios," dice el líder del clan de los vikingos paganos que encuentran One-Eye y el niño que lo acompaña en su periplo. La fatalidad es el trámite, y los "guerreros" los empleados de Dios, es lo que nos intenta decir Winding Refn con su silencio tan perturbador (soporífero, dirán otros intolerantes) en el transcurso de los seis episodios que dividen esta intrigante e hipnótica historia.

La calidad técnica de la propuesta está más allá de cualquier cosa que se haya intentado últimamente en el género. Sin exagerarlo a lo Peter Jackson, y sin caer en lo burdo de realizaciones recientes de HBO, Winding Refn logra concebir una cinta que bien podría resumir las ambiciones de muchos años por parte de aquellos que han querido encarar proyectos de estas características. Cómo es posible que en tan sólo una hora y veinte minutos la película sea capaz de pasear por paisajes (literales y figurativos) filosóficos, humanísticos y naturalistas, sin apartar la violencia como concepto base y el "adónde vamos" como leit motiv, ese es su mayor mérito.

Valhalla Rising es un film al que un Zack Snyder jamás podrá siquiera aspirar, y del cual un Stanley Kubrick estaría orgulloso. La arquitectura de la imagen, acompañada de los sonidos-ambiente lo son todo, mientras desfilan varios personajes que intentan perjudicar o apoyar la empresa del héroe dentro de un ambiente de caos absoluto, desorden existencial, contrastado por la imperiosa e inmutable Naturaleza (simbolismo más que obvio pero efectivo de Dios) mostrando su poder casi soberbio por sobre la pequeñez de esos hombres que buscan la conquista, en el lugar equivocado. De más está decir que se recomienda esta experiencia.


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